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Basura urbana transformada en energía eléctrica

Benito Mondragón, supervisor de la instalación, revisa el nuevo motogenerador instalado en la planta que tiene capacidad para producir más energía eléctrica.
Benito Mondragón, supervisor de la instalación, revisa el nuevo motogenerador instalado en la planta que tiene capacidad para producir más energía eléctrica.
  • El ecoparque de Badajoz está dotado con una planta de biogás que produce 600.000 kWh al año mediante la extracción de metano de los residuos enterrados en los vasos

Los extremeños depositan anualmente 440.000 toneladas de basura en los contenedores verdes, los destinados a los residuos sólidos urbanos. A esta cantidad hay que sumarle las 11.000 toneladas que van a parar al recipiente amarillo, el de los envases.

De esta forma, y debido a que los contenedores reservados para el vidrio y el cartón y papel descargan su contenido en otros lugares, los siete ecoparques que hay en la región gestionan 450.000 toneladas de residuos al año. De ellas, 110.000 llegan a las instalaciones de la zona de Badajoz, ya que son las más grandes y prestan servicio a 270.000 habitantes.

El ecoparque de la capital pacense es el único de Extremadura que cuenta con una planta de biogás. Una instalación destinada a convertir en energía eléctrica los gases que se generan en los residuos enterrados en los vertederos. «El año pasado la producción fue de 510.000 kilovatios por hora (kWh) y este año, hasta el mes de noviembre, llevamos 571.000 kWh», expone Xavier Gispert, responsable de aprovechamiento energético de Hera Gas, la empresa que gestiona la planta.

Esa producción energética significa que el ecoparque casi tiene capacidad de autoabastecerse, ya que su consumo medio es de unos 600.000 kWh al año. «Eso no quiere decir que usemos la energía que se produce aquí. Se vierte a la red eléctrica, porque si nos nutriéramos únicamente de nuestra producción y hubiera una avería nos obligaría a parar el ecoparque y eso no puede suceder», explica Cándido Lobato, técnico de Contratas de Gespesa –la empresa pública extremeña que gestiona los ecoparques–, añadiendo que ese modelo podría plantearse a la hora de construir nuevas instalaciones, pero sería muy difícil y costoso adaptar las ya existentes.

Como ejemplo, la energía producida al año sirve para alimentar más de 1.100 hogares durante un mes. Sin embargo, esta planta de biogás tiene capacidad para aumentar sustancialmente su producción, ya que puede transferir a la red eléctrica 800 kilovatios a la hora. Está dotada con dos motogeneradores, uno de los cuales se está cambiando en la actualidad, por lo que funcionando a pleno rendimiento y las 24 horas del día podría llegar a generar más de seis millones de kWh al año.

Proceso

Uno de los problemas a los que se enfrenta la extracción de biogás es la optimización de los procesos de reciclaje. Hasta hace pocos años todos los residuos se dirigían a los vasos, los espacios destinados a su enterramiento, por lo que había más materia orgánica en los mismos.

Esto ha cambiado y en los ecoparques se realiza un trabajo de recuperación de los residuos antes de destinar la materia restante a los vertederos. Se separan los plásticos y envases que se pueden reciclar, se retiran los papeles, cartones y vidrios para dirigirlos a las plantas correspondientes y se selecciona la materia orgánica para su tratamiento y elaboración de abonos.

Así, la cantidad de residuos biodegradables, necesarios para la producción de biogás, que finaliza enterrada es cada vez menor. Algo que es muy positivo para el medioambiente, pero repercute negativamente en la producción de biogás. «Aunque se añaden los excedentes orgánicos, el rechazo, de la elaboración del compost», señala Lobato.

Tanto los vasos antiguos como los nuevos cuentan con una serie de pozos que captan los gases que se generan en el subsuelo. Esto es obligatorio en todos los espacios que tienen enterrados residuos. «En aquellos que no hay una planta debe existir una antorcha para quemar el metano», indica Lobato. La planta del ecoparque pacense también tiene un quemador por motivos de seguridad, «ya que no todo el biogás se puede transformar y el excedente, en casos puntuales, se quema», añade el técnico de Gespesa.

Los pozos se construyen una vez que el vaso está repleto de residuos y sellado. Una máquina perforadora realiza un agujero en el que se introduce un tubo encargado de absorber el biogás. En la parte exterior se instala una cabeza que se conecta a la tubería general que llega a la planta.

Antes de pasar a los motores, hay que hacer una regulación. «Se trabaja con un 45% de metano y el biogás, dependiendo del pozo, es muy variable. Hay zonas en las que, porque en su día hubiera más material biodegradable, la concentración de metano y el caudal es mayor. Por eso, los pozos están unidos a diferentes colectores que cuentan con unas válvulas reguladoras de caudal», afirma Gispert, puntualizando que la medición se repite antes de entrar a motor.

Los motores, responsables de la producción de electricidad, tienen un rendimiento de entre el 34 y el 37%. «Por cada 100 kWh que introduces al motor salen 37 kWh eléctricos. El resto se pierden en forma del calor», reconoce Gispert, que entiende que la recuperación de ese calor para transformarlo en energía es una de las mejoras que pueden hacerse en la planta.

Por último, la tensión se adapta mediante un alternador y la electricidad se vierte a la red, excepto la mínima parte que usa el motor.