Hoy

Los de Portaje, discretos

Vecinos de Portaje reunidos junto a la iglesia del pueblo. :: E. R.
Vecinos de Portaje reunidos junto a la iglesia del pueblo. :: E. R.
  • Los vecinos de este pueblo tienen fama de prudentes en La Zarzuela

Yo sabía que los de Portaje hablan muy bien. También sabía que entre este pueblo y su vecino Pescueza han dado al magisterio español más de cien maestros. Y no desconocía que en Cáceres, en los años 60 y 70, pensaban que los niños de Portaje eran superdotados porque, cuando venían a hacer exámenes a la capital, realizaban proezas como recitar de memoria los partidos judiciales de la provincia sin equivocarse. Pero lo que no sabía es que los de Portaje fueran discretos.

Y debe de ser verdad porque hace ahora dos años estuve en el pueblo para hablar de doña Ignacia, una maestra que lo fue todo para Portaje, se reunió medio vecindario en la casa de la cultura y me contaron un montón de anécdotas y curiosidades, pero callaron lo que tenían que callar. Lo cual demuestra que son discretos.

¿Y qué tenían que callar los de Portaje? Pues nada más y nada menos que la columna vertebral del servicio de la Casa Real proviene de allí. Contrataron a algunos vecinos de Portaje para atender a los reyes don Juan Carlos y doña Sofía. En Zarzuela se percataron de la discreción y eficiencia de los portajeños y alentaron el efecto llamada hasta que la intendencia de la Casa Real fue controlada por callados y prudentes ciudadanos de Portaje emigrados a Madrid.

Portaje es un pueblecito de 400 habitantes situado en la carretera que une Coria con Ceclavín. En Portaje, no hay dehesa comunal porque fue vendida en tiempos: un sinsentido que ha marcado la historia del pueblo. Una de las numerosas maestras portajeñas, Eladia, me contaba que en Portaje no hay diferencias sociales porque los ricos viven fuera, por ejemplo los Sánchez Ferlosio, con buenas fincas en el término municipal, pero los del pueblo no tienen tierras y han trabajado siempre de jornaleros. «Al no haber señoritos ni grandes fortunas, no había tampoco complejos ni nos humillábamos por ser de diferente clase social. Como dice mi madre, aquí somos pobres, pero no pobrecinos», explicaba la profesora.

En la historia reciente de este pueblo, hay un personaje singular: doña Ignacia (Portaje, 1918-2014), una muchacha que, huérfana de madre y con su padre encarcelado por republicano, sacó a sus hermanos adelante, acabó Magisterio, aprobó las oposiciones de maestra y se fue a ejercer a su pueblo, donde no paró hasta que consiguió que todos los niños estudiaran. Doña Ignacia no discriminaba a las alumnas, rellenaba los papeles de las becas, daba clases particulares a los menos aventajados y acompañaba a sus alumnos a los exámenes en Cáceres.

Doña Ignacia montaba comedias, enseñaba con un método particular de aprendizaje y consiguió que muchos chicos de Portaje estudiaran una carrera tras convencer a sus padres, campesinos humildes, de que la formación de sus hijos era fundamental. Entre dos matrimonios de maestros: doña Ignacia y don Alejo y doña Emilia y don Blas, Portaje se convirtió en un pueblo de niños bien formados y preparados.

Muchos se hicieron profesores, tanto que a esta carretera que pasa por Portaje, Cachorrilla y Pescueza, la llaman la ruta de los maestros. Otros estudiaron otras carreras o especialidades de Formación Profesional. En 1960, vivían en Portaje 1.200 personas, pero en los años 60 y 70 se marchó el 30% de la población. Fundamentalmente emigraron a Oñati (Guipúzcoa), un pueblo donde a tomar los vinos lo llaman tomar las once, igual que en Portaje. Otros portajeños emigraron a Alcorcón, a Getafe y a Cataluña.

Esto es lo que se cuenta. Después está la conexión Zarzuela, pero de eso hablan poco en Portaje. Además de estudiosos, elocuentes y pedagógicos, son listos, o sea, prudentes y discretos.