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El norte extremeño quiere más gente y menos pinos

Isla verde en medio del paisaje quemado en Sierra de Gata en el verano del año pasado.
Isla verde en medio del paisaje quemado en Sierra de Gata en el verano del año pasado. / HOY
  • Echa a andar el proyecto Mosaico, que aspira a refundar el paisaje de la Sierra de Gata y Las Hurdes

  • Durante los próximos dos años, ocho investigadores de la UEx estudiarán cómo cambiar el monte para reducir el riesgo de sufrir grandes incendios

En su primer día de vida, la web del proyecto Mosaico recibió cinco propuestas. Entre ellas, una de fruticultura, otra de explotación de almendros, una de transformación comunitaria de productos de la huerta y otra para instalar una explotación de caprino con quesería, esta última procedente de Granada. En los días siguientes, el buzón digital de ideas siguió engordando: aprovechar nueve hectáreas en Acebo para plantar frutales, sacar rendimiento a unos pinares en Descargamaría... Todas estas propuestas se suman a varias que ya estaban sobre la mesa desde semanas atrás: una plantación de pistachos en Valverde del Fresno, 150 hectáreas de castañar en Hoyos, el cultivo de plantas aromáticas y medicinales en varios puntos de la comarca que quiere hacer realidad una pareja de emprendedores... Falta concretarlas, quizás más de una se quede en los papeles, pero la sucesión de iniciativas aporta la pista de que algo se está cociendo en la Sierra de Gata, la comarca inquieta por la que desde hace tiempo sobrevuela una palabra: mosaico.

Ella justifica por sí sola el maratón de charlas en el que están inmersos cuatro profesores de la Escuela de Ingeniería Forestal de la Universidad de Extremadura (UEx) en Plasencia, con Fernando Pulido, doctor en Ciencias, al frente. Él es el investigador principal de este proyecto, el Mosaico, surgido tras el incendio que arrasó casi ocho mil hectáreas en la Sierra de Gata el verano del año pasado. Sus impulsores son la Junta y la UEx, y su aspiración es remodelar el paisaje en esta comarca y en una parte de la limítrofe de Las Hurdes, y hacerlo de tal forma que se reduzca el riesgo de sufrir incendios de cientos de hectáreas.

Además, una de las premisas de trabajo es contar con la opinión de la ciudadanía. En el último año ha habido varias reuniones entre responsables de la iniciativa y alcaldes y colectivos de la zona, pero lo sustancial comenzó hace dos semanas. En concreto, el 14 de noviembre, con la primera de las 24 charlas en 24 pueblos (19 de Sierra de Gata y cinco de Las Hurdes) en 36 días.

Distintas especies

El objetivo de cada una de esas citas con los vecinos es explicarles qué es el proyecto Mosaico. Una respuesta posible la aporta el propio nombre, que alude a la forma que debería tener el paisaje si se cumple lo que se plantea. El monte sería algo así como un mosaico, o sea, una extensión con distintos colores, con variedad de especies arbóreas, un terreno salpicado de usos agrícolas y ganaderos diferentes. Aquí unas hectáreas de robles, allí unas de castaños, un poco más allá unos frutales... Y nada de cientos de hectáreas de una misma especie.

En cierto modo, lo que plantea esta propuesta es una vuelta atrás en el tiempo. «El aspecto que debería presentar el paisaje dentro de unos años a poco que tengamos cierto éxito, de algún modo imita al que existió en estas comarcas hasta los años sesenta y setenta», explica en la web del proyecto Fernando Pulido, que previene de que «no se trata de volver a una situación de hace cuarenta años, pero sí de aprender de ella para desarrollar la actual con fines estratégicos, con las herramientas que tenemos hoy en día».

El hilo histórico que ha conducido a la situación actual es ya conocido: el campo deja de resultar rentable, la gente lo abandona, las fincas se llenan de maleza y cuando llega el fuego, encuentra una cantidad de combustible que le permite crecer y crecer hasta alcanzar unas dimensiones tales que ante esas llamas y esa nube de humo, los bomberos y los helicópteros parecen mosquitos intentando tumbar a un elefante. Más aún cuando la fotografía aérea de las dos comarcas incluye extensos campos de pinos, probablemente la especie más odiada por la población de cualquier comarca históricamente castigada por el fuego, como es el caso de Sierra de Gata y Las Hurdes.

«Con el abandono del campo, el paisaje se ha ido homogeneizando y ha tenido lugar un divorcio entre el monte y la población», desgrana Pulido, que es consciente de que «es muy complicado que el paisaje de los años sesenta se pueda recuperar con la población que tenemos hoy en día, pero esto -constata- debe ser como picar en una mina, tiene que haber un lento goteo de iniciativas que permita ir transformando gradualmente ese paisaje».

¿Y cómo se cambia un paisaje? Por ejemplo, haciendo que genere dinero, a través de trabajos como «el pastoreo con ganado, el cultivo de productos tradicionales o innovadores, la extracción de productos del bosque, como la resina, la biomasa o las setas», desgrana el director del proyecto Mosaico, que menciona otro concepto clave: el cortafuegos produtivo. «En contra de la idea del cortafuegos tradicional -explica el profesor de la UEx-, que viene a ser una línea en el monte que nadie gestiona y que cuesta trabajo mantenerla, los cortafuegos productivos son porciones del territorio en las que el ciudadanos asume la gestión, le ahorra costes a la administración y además se están generando ahí productos que procuran rentas y fijan población».

Él pronuncia otra palabra fetiche en todO este análisis: población. O quizás la adecuada de verdad es la contraria: despoblación, el fenómeno que lleva años atacando al ámbito rural en España en general y en Extremadura en particular.

Los 24 pueblos del proyecto sumaban hace diez años 22.804 habitantes. Ahora tienen 20.445. O sea, un diez por ciento menos. Todos han perdido vecinos excepto Pinofranqueado, un dato que justifica por sí solo que trás del proyecto Mosaico aparezca también la aspiración de que las dos comarcas del norte extremeño dejen de padecer la sangría del éxodo rural. Que se genere un modelo económico basado en el monte lo suficientemente atractivo como para que los jóvenes dejen de irse a vivir a la ciudad.

Trabajos de urgencia en la zona quemada en la Sierra de Gata, hace justo un año, en una parcela con superpoblación de pinos.

Trabajos de urgencia en la zona quemada en la Sierra de Gata, hace justo un año, en una parcela con superpoblación de pinos. / HOY

«Más gente y menos combustible», se puede leer en la web oficial del proyecto, justo después de la palabra filosofía. «Aquí, posiblemente, no aguantaríamos otro incendio como el del año pasado; la gente ya se ha mentalizado de que tiene que asumir su responsabilidad, tiene que ser partícipe de la gestión de los incendios», apunta Fernando Pulido, a quien no le cabe duda de que estamos ante «un proceso único, sin precedentes». De hecho, añade, ya se han interesado por él particulares, investigadores y administraciones de zonas que vienen sufriendo desde hace décadas el problema de los grandes incendios forestales (los que se llevan por delante más de quinientas hectáreas), como Andalucía, Levante o Portugal.

En cualquier caso, habrá que esperar para ver los resultados concretos del proyecto Mosaico sobre la fotografía de las dos comarcas del norte de la comunidad autónoma. «Para que la modificación del paisaje en este territorio pueda tener lugar -anticipa el investigador principal- hará falta un periodo de tiempo relativamente largo, puesto que los procesos que han modificado el paisaje para mal, y lo han cubierto de monte sin gestionar, han durado décadas, y no podemos revertirlos en unos pocos meses». «Los ciudadanos -añade Fernando Pulido- van a ser protagonistas, van a poder reconciliarse con sus montes, reduciendo significativamente el riesgo de incendios, aunque no se pueda eliminar».

La posibilidad de que el monte eche a arder estará siempre ahí, y de lo que se trata es de que disminuya, plantea el proyecto Mosaico, al que no le faltan críticos. La respuesta mayoritaria en Sierra de Gata y en Las Hurdes ha sido positiva, pero también ha surgido alguna voz contraria, que ve en él mucha teoría y poca práctica, y que vaticina que será papel mojado. Otros ven en él agua caída del cielo, le otorgan un carácter pionero y esperanzador y subrayan que nunca antes se había dado tanta cancha a la ciudadanía para decidir qué hacer con el monte. Ese que ardió hace un año y medio. El incendio fundió a negro casi ocho mil hectáreas pero dio pie al nacimiento de asociaciones y plataformas ciudadanas que se mantienen activas, todas mirando al mismo sitio: al paisaje de sus vidas.