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Convento pacense de las Adoratrices, hoy Adoradoras. :: hoy
Convento pacense de las Adoratrices, hoy Adoradoras. :: hoy

Adoratrices o Adoradoras

  • Presentan en Badajoz la historia del convento de la plaza de San José

Hoy jueves, a las 20 horas, se presenta en La Económica de la calle San Juan de Badajoz el libro 'Historia de las Adoratrices en Badajoz. 1919-2015. Sembrando', escrito por Vicente García Estop y Juana María Calderón Mateos, que serán introducidos por Álvaro Meléndez Teodoro. Lo llamativo del caso es que las Adoratrices ya no están en Badajoz y este dato se convirtió en una sorpresa hasta para los propios autores de esta singular historia, en la que no se recogen con detalle, pero se intuyen, lo que podríamos llamar desavenencias entre sores, que han acabado por provocar una escisión en la orden: las Adoratrices auténticas se han marchado de Badajoz y aquí se han quedado las nuevas o reconstituidas, que se llaman Adoradoras.

El convento de las Adoratrices de siempre es un edificio singular que se construyó en 1919 sobre la antigua ermita pacense de San José, en la plaza del mismo nombre, a 50 metros de la Alcazaba. Este convento e iglesia fue una idea del obispo Adolfo Pérez Muñoz, que escribió a la superiora general de las Adoratrices solicitándole una fundación de su orden en Badajoz. Entre 1914 y 1919 se gestó el convento y este último año, exactamente a las 12 del mediodía del 6 de marzo de 1919, llegaron en tren a Badajoz para instalarse en el nuevo convento ocho hermanas adoratrices.

La labor de las monjas es bien conocida en Badajoz y el libro la detalla pormenorizadamente. Para ello, Vicente García Estop y Juana María Calderón Mateos se sirven del diario detallado del día a día de la congregación, llamado La Crónica y escrito por las hermanas desde el día de su llegada a Badajoz hasta el día de su marcha. Además, han recogido material diverso en los archivos del convento, en la magnífica biblioteca de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, la primera de carácter público que existió en Extremadura, en los archivos del arzobispado e histórico municipal de Badajoz y en la hemeroteca del diario HOY y han realizado numerosas entrevistas.

El libro recoge momentos difíciles como los narrados en La Crónica describiendo la entrada de los milicianos en el convento el 2 de agosto de 1936, obligando a las monjas a abandonar el mismo y saqueándolo a continuación. Pero quizás el momento más duro que se ha vivido en el convento ha sido el de la ruptura. No se cuenta este episodio con detalle en el libro, pero seguro que se explica esta noche en La Económica. No aparece porque los escritores empezaron a notar hace cuatro años una inexplicable indiferencia en el convento hacia su trabajo.

La explicación a ese desinterés la da la hermana adoratriz María Elisa Altadill Ardit en el epílogo del libro. Ahí cuenta algo que se desconocía en Badajoz, al menos públicamente: en enero de 1994, la congregación pacense sufrió lo que sor María Elisa llama «una pequeña ruptura por causas diversas, desacuerdos, etc.». Se constituye entonces lo que se llama una «comunidad homogénea» dentro de la Congregación Adoratriz con algunas diversidades que fueron aceptadas. Pero no todas las monjas aceptaron estos cambios, el nuevo estilo de vida y los nuevos reglamentos.

Comenzó un trasvase de hermanas, unas se iban, otras llegaban y el proceso ha culminado, 22 años después, con la marcha de las Adoratrices de Badajoz, quedándose aquí la llamada «comunidad homogénea», a la que se han agregado jóvenes monjas de Perú y México para formar un nuevo instituto diocesano llamado 'Religiosas Adoradoras del Santísimo Sacramento y de la Trinidad', «oficial» desde el 3 de septiembre de 2015 y con casa en Badajoz y Perú.

Estas vicisitudes han influido en el libro pues el dinero recaudado por su venta iba a ser para las adoratrices de Badajoz, pero desde la casa central en Madrid han informado de que esto es imposible porque en Badajoz ya no hay adoratrices. Lo recaudado (el libro cuesta 20 euros) por la venta de esta interesante obra se destinará a seis oenegés de Badajoz que trabajan con niños y discapacitados.