Hoy

Atocha Cercanías, destino del tren extremeño. :: hoy
Atocha Cercanías, destino del tren extremeño. :: hoy

Humillación ferroviaria

  • Los 'masocas' extremeños del tren sufren desprecio tras desprecio

Lo peor de viajar en ferrocarril a Madrid desde Extremadura no es que los trenes vayan lentos ni que, al formar parte de la división de media distancia, ya no lleven cafetería, películas ni música, ni tan siquiera que hayan quitado los Talgo y nos dejen las unidades que recorrían otras regiones hace casi 20 años. Lo peor es que te sientes despreciado, humillado, como si utilizaras unos servicios abocados al desguace por los que nadie se preocupa.

Por ejemplo, montas en Cáceres y en los monitores te avisan de que estás en la estación de Montijo y así siguen todo el viaje, en Montijo. Podría perdonarse el error por tratarse de una avería puntual, pero ¡caramba!, es que la penúltima vez que vine, en la pantalla del monitor ponía que estábamos en Plasencia cuando habíamos llegado a Cañaveral y la última, no ponía nada, no había megafonía y no sabías dónde parabas. Otro detalle es que avisan de que es inminente la llegada a Atocha nada más salir de Leganés, por lo que los viajeros nos ponemos nerviosos, pensamos que el convoy se va a marchar sin haber descendido nosotros y cogemos las maletas, nos colgamos la mochila, nos ponemos el abrigo y esperamos 20 minutos de pie hasta que, en Villaverde Alto, la megafonía nos anuncia que llegamos a Chamartín, provocando el natural espanto de un matrimonio magrebí que viajaba frente a mí.

Les expliqué que no se preocuparan, que los trenes a Extremadura son así de emocionantes. Y llegó el tren a Atocha. No a Puerta de Atocha como la España urbana y desarrollada, sino a donde llegan los trenes de la España Vacía, a Atocha Cercanías. Una vez allí, esquivando a centenares de viajeros que iban al extrarradio madrileño, nos dirigimos en zig zag hasta las escaleras mecánicas para padecer otra odisea.

Al llegar a la planta superior, nos encontramos con decenas de barreras para salir en las que hay que introducir el tique codificado de cercanías, pero los viajeros extremeños no podemos salir porque no tenemos esos billetes. Eso es así siempre y los 'masocas' del tren lo sabemos, pero es que cada vez habilitan una barrera distinta para los de Cáceres y Badajoz. Y lo peor, ni anuncian los cambios ni hay carteles indicando por dónde salen los despreciables viajeros de la España Vacía.

Ahora han puesto unas barreras, que te las abren si llamas a un interfono. De eso me informaron en taquilla tras reñirnos, a un servidor y al matrimonio magrebí, un guardia de seguridad por tantear siete u ocho barreras a ver si teníamos suerte. Los pobres magrebíes llevaban tres maletones y estaban ya desesperados cuando por fin descubrimos que estábamos salvados y no tendríamos que pasar la noche en los túneles de Atocha.

¿Pero saben lo más curioso? Pues que el tren iba lleno de ingleses e irlandeses. Al llegar a la estación de Cáceres, me percaté de que en ella había tantos británicos como españoles. Las mesas de la cafetería estaban llenas de viajeros que hablaban en inglés. Eran integrantes de los equipos de 'Juego de Tronos', que andan estos días moviéndose entre Barajas y Barruecos.

No sé qué impresión se habrán llevado del traqueteo y lentitud de nuestros trenes. En Atocha no pasaron el calvario de las barreras porque iban a Chamartín, pero el tren iba casi lleno y se rompía la idea común de que no tenemos viajeros suficientes para que pongan trenes rápidos de calidad.

Si a pesar de las dificultades, las productoras nos visitan y los turistas pasan aquí los puentes y los fines de semana, ¿qué sucedería si hubiera trenes de calidad? Si dudan, analicen el caso de Zamora y reparen en cómo ha subido el turismo y el precio de los hoteles desde que tienen AVE. Pero claro, a Zamora se va deprisa, con wifi y películas, cafetería, estabilidad y sin barreras extrañas para salir de la estación. Zamora también forma parte de la España Vacía. Incluso está más vacía que Extremadura, pero es que hasta en esto de ser pobres hay clases. Y la nuestra es la más baja de todas.