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La extremeña que desafía a la gravedad

Beatriz en las instalaciones del Centro de Tecnología Espacial Aplicada y Microgravedad de Bremen. :: esa
Beatriz en las instalaciones del Centro de Tecnología Espacial Aplicada y Microgravedad de Bremen. :: esa
  • Beatriz Muñoz Sánchez | Ingeniera y participante en un programa de la Agencia Espacial Europea

Luchar contra la gravedad. Eso es lo que lleva haciendo desde enero de 2016 Beatriz Muñoz Sánchez, una joven (28 años) de Don Benito. Ingeniera Industrial por la Universidad de Extremadura, está realizando un doctorado en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Sevilla y participando en un programa de la Agencia Espacial Europea (ESA), la organización internacional compuesta por 22 países cuyo objetivo es estudiar a fondo la Tierra, el entorno espacial, el Sistema Solar y el Universo, así como desarrollar tecnologías y servicios basados en satélites.

Muñoz, junto con otros dos estudiantes italianos de la Universidad de Londres, está intentando descubrir cuál es la influencia de la gravedad en el proceso de rotura de líquidos, algo que por ejemplo sucede en un chorro de tinta que se rompe en gotas pequeñas para crear una imagen en el papel.

Ese estudio lo está llevando a cabo gracias a la campaña 'Drop Your Thesis!' de la ESA, un programa que ofrece la oportunidad de realizar investigaciones científicas o tecnológicas en condiciones de microgravedad. «A esta convocatoria se suelen presentar muchos proyectos y están dirigidos a equipos de tres a cinco componentes. En ellos sólo pueden participar los países miembros del Consejo de la Agencia Espacial Europea», explica Beatriz, quien detalla que para desarrollar la investigación cuentan con un presupuesto de 5.000 euros.

El resultado final lo entregarán en 2017. Ahora están analizando los datos obtenidos después de realizar el trabajo de campo para el que ha tenido que viajar a Bélgica, Reino Unido y Alemania.

Durante el mes de marzo, estuvo una semana en las instalaciones que la Agencia Espacial Europea tiene en Redu, una localidad al sur del país belga. Allí, distintos expertos les dieron charlas sobre la importancia de la microgravedad en procesos químicos, así como ponencias de protocolo para programación de proyectos.

En verano se desplazó a Londres para reunirse con sus compañeros de equipo de la Universidad Queen Mary y seguir avanzando en la investigación. «Para este viaje logré financiación del programa Erasmus para estancias cortas», matiza la ingeniera.

Finalmente, estuvo en la ciudad de Bremen, al noroeste de Alemania. Concretamente en la instalación principal del Centro de Tecnología Espacial Aplicada y Microgravedad (ZARM). Fue allí donde pudo comprobar que la ingravidez es posible gracias a los recursos aportados por ese espacio. El más importante, una torre de 146 metros de altura desde la que se deja caer una cápsula con los elementos del experimento en cuestión.

Ellos integraron cuidadosamente los componentes de su estudio en la cápsula de caída y llevaron a cabo todos los ensayos de tierra, con la ayuda de representantes de la Oficina de Educación de la ESA y de ingenieros del ZARM. «Por el efecto de la inercia se consigue anular la gravedad. Además, en el interior de esa torre se hace vacío para lograr lo que se denomina buena calidad de ingravidez. Para que eso salga bien hay que tener en cuenta muchos parámetros, se necesitan bastantes recursos y en el camino se presentan numerosas complicaciones. Ha sido todo un reto», confiesa Beatriz, quien detalla que en el laboratorio sólo pueden simular esa ingravidez a pequeña escala.

Ahora habrá que esperar aproximadamente un año para que el estudio esté completamente finalizado. Mientras tanto, Beatriz lo compaginará con el doctorado que hace en la Universidad de Sevilla. Su estudio se basa en el desarrollo de una técnica de fabricación por capas para metales, o lo que es lo mismo, la puesta en marcha de tecnología para impresión 3D en metal.

En ello lleva trabajando casi dos años. Antes pasó por las aulas de la Universidad de Cambridge con una beca que le permitió realizar investigaciones sobre el impacto de fluidos. Allí estuvo cuatro meses, pero su estancia en Reino Unido se alargó un año porque trabajó y colaboró con empresas especializadas en impresión.

Beatriz Muñoz espera que al finalizar pueda seguir investigando en España, aunque es consciente de las complicaciones. «Me he convertido en toda una experta en presentar solicitudes para becas de investigación. Se tendría que fomentar más la I+D en nuestro país», reivindica esta joven ingeniera que sueña con ver cómo sus investigaciones se convierten algún día en aplicaciones reales.

Por ese motivo no descarta trabajar en la industria privada, pero siempre en el departamento de investigación y desarrollo, una disciplina en la que las mujeres, según su experiencia, están pisando fuerte. «Cada vez somos más las que trabajamos en esto. Son disciplinas en la que tradicionalmente ha habido más hombres, pero eso ahora está cambiando», concluye.