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«El voto de Estados Unidos a Trump es una vuelta a un pasado que ya no existe»

Juan Manuel Benítez Fernel en el estudio de 'Pura Política' con cuatro concejales hispanohablantes de Nueva York :: William Alatriste
Juan Manuel Benítez Fernel en el estudio de 'Pura Política' con cuatro concejales hispanohablantes de Nueva York :: William Alatriste
  • Juan Manuel Benítez Fernel | Pacense, conduce 'Pura Política', programa de NY1-Noticias de NuevaYork

  • Este periodista entre pacense y neoyorquino ha sido espectador privilegiado del triunfo de Donald Trump, que define como «un vuelco en el orden mundial». Aquí habla de qué supone

Lleva más de 11 años al frente del programa 'Pura política', del canal NY1-Noticias de Nueva York, el único espacio de contenido político en español en esa ciudad, a la que llegó hace 17 años. Este pacense de 42 años, hijo de maestros (Miguel y Esperanza), es uno de los cien españoles a los que se les reconoce mayor éxito en el extranjero. Es también una de las voces de mayor credibilidad entre los dos millones de hispanos de la Gran Manzana y ha seguido al minuto la campaña electoral que ha aupado a la Presidencia de los Estados Unidos a Donald Trump. En esta entrevista con HOY, hecha vía telefónica, habla de lo que ha pasado en ese país, sus porqués, y de lo que puede pasar. El futuro es, para Juan Manuel Benítez Fernel, motivo de preocupación porque los americanos han elegido volver al pasado. «Un pasado que ya no existe», dice.

Me gustaría preguntarle por sus sentimientos. ¿Cómo se siente una persona como usted, extranjera y que se dedica a informar al colectivo latino al que Donald Trump ha insultado?¿Siente curiosidad, inquietud, miedo ante la victoria del candidato republicano?

El sentimiento principal es de preocupación. No sé qué puede pasar a partir de ahora, como persona y también como profesional de un sector, el de los medios de comunicación, al que Trump ha denostado. Y también preocupación por el grupo de audiencia al que nos dirigimos desde nuestro programa 'Pura política', que son los casi dos millones de hispanohablantes que viven en Nueva York (más de la cuarta parte de su población). Muchos de ellos son indocumentados.

¿Hay un temor cierto a la deportación o se ve como una bravuconada más de Trump?

No, no. Hay un gran temor. No se sabe qué va a pasar en el futuro en ciudades como Nueva York, que es una de las 'ciudades santuario' de los Estados Unidos. Aquí, y en otras ciudades como Los Ángeles o San Francisco, la policía no puede preguntarle a los ciudadanos sobre su estatus migratorio o si tienen o no papeles. Tampoco lo pregunta cuando los provee de servicios.

Y temen que pueda cambiar.

Y hacerlo radicalmente. Trump ha prometido terminar con las 'ciudades santuario'. Lo puede intentar chantajeándolas con el bloqueo o la retirada de fondos federales. El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, se ha comprometido a no entregar al Gobierno federal los archivos con información de los vecinos para protegerlos de ser deportados.

¿En su círculo próximo ha palpado ese miedo a la deportacion?

Un caso concreto: hace unos días estuvo en mi programa Ricardo Aca, un joven fotógrafo indocumentado que pertenece a los denominados 'dreamers' (soñadores). Nació en México y llegó a Nueva York con 14. Hoy tiene 24 años e intenta terminar sus estudios universitarios. Él no conoce México. Siempre se pensó que esta población 'dreamer' era la más fácil de regularizar porque en realidad no tienen otro país que Estados Unidos, pero la legislación lleva una década congelada en el Congreso. Este joven tenía mucho miedo porque se ha significado como activista, ha criticado públicamente a Trump y ahora no puede volver al anonimato.

Hemos tenido noticias de reacciones xenófobas y de expresiones de odio. ¿Las han sufrido alguno de sus allegados o conocidos?

Una de mis alumnas de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, que es musulmana de origen pakistaní, me informó de que en la Universidad de Nueva York, que es un centro distinto al mío aunque suene parecido, habían pintado una esvástica en la puerta del campus en la que se reúnen los musulmanes a rezar. Iba a hacer un reportaje con todas las expresiones de odio que se están registrando en el propio campus. También hemos visto que a Fernanda Santos, una reportera brasileña del New York Times que vive en Arizona, se le recriminó que estuviera hablando en español porque, le dijeron, «en este país sólo se habla inglés». Están menudeando este tipo de sucesos.

Después de casi dos semanas de la victoria de Trump todavía nos preguntamos qué ha pasado. ¿Tiene ya una respuesta?

La victoria de Trump es fruto de un cóctel de, al menos, cinco ingredientes: desigualdad económica; descontento profundo con la política tradicional; globalización que no beneficia a las clases trabajadores pero sí a las élites profesionales; terrorismo internacional y auge de la política espectáculo. Lo que ha ocurrido es que la población blanca de origen europeo siente que pierde el control en una sociedad actual mucho más diversa racial y culturalmente. Un fenómeno que también estamos viendo en Europa.

¿Quiere decir que hay dos Estados Unidos, uno el de esa población blanca y anglosajona y otro el de las minorías y el de los que consideran que el futuro está en la diversidad?

Es más complicado que eso. Creo que hay muchos Estados Unidos y en cada cita electoral la división es diferente. La gran división habida en esta elección se da entre los Estados Unidos urbano y rural. El primero se ha adaptado al mundo; el segundo, no. Quiere vivir en el pasado. Trump ha ofrecido a los americanos la vuelta al pasado. Ha ganado con un lema claro: 'Hagamos América grande otra vez'. El problema es que ese pasado ya no existe.

Pero un tercio de los latinos ha votado a Trump, mayor porcentaje que a Mitt Romney en el 2012.

Ese dato viene de una encuesta a pie de urna, por lo que yo lo pondría en cuarentena. Otra encuesta le da un 19%. Dicho esto, tenemos que desechar la idea de que los hispanos votan en bloque. Los hispanos son un colectivo muy complejo. Una gran población hispana pertenece a la clase trabajadora, que ha sido el sustento electoral de Trump.

¿Cree que conforme pasan los días aflora la idea de que más que ganar Trump perdió Clinton?

Eso es cierto. Ha perdido Clinton. La clave de su derrota son los resultados de tres estados, que se daban por seguros y que Hillary ha perdido por apenas un punto. Son Pennsylvania, Michigan y Wisconsin. Allí esa población blanca y anglosajona le ha dado la espalda. Y después hay un segundo factor: Clinton no ha sabido movilizar a sus votantes. Decenas de miles de votantes demócratas se han quedado en casa porque no les convencía.

Parece que Clinton tampoco ha movilizado a las mujeres blancas siendo una de ellas. El 53% de este colectivo ha votado a Trump, a pesar de la actitud que tiene hacia las mujeres.

No es la primera vez que un grupo específico vota en contra de sus intereses. Lo que ha pasado es que Clinton estaba demasiado quemada. Lleva 30 años en el escenario político. Además de sus errores: los correos oficiales desde un servidor privado; las conferencias multimillonarias... Y ha habido un fenómeno que sólo lo ha sufrido ella: Wikileaks la puso en el punto de mira y ha bombardeado su campaña de un goteo de correos electrónicos comprometedores.

Clinton culpa directamente al director del FBI por su carta al Congreso reabriendo el caso de los correos oficiales. ¿Puede un hecho puntual como ese ser el responsable de su derrota?

Rotundamente, sí. Hay muchos factores, pero este es uno de los principales. Esa carta del director del FBI se difundió en un momento en que la campaña de Clinton iba al alza y seguramente hizo que muchos demócratas se quedaran en casa. Es que nos hemos movido en un margen muy estrecho y cualquier circunstancia ha sido decisiva. De hecho, Clinton ha sido más votada. Todavía se están contando votos y lo más seguro es que Trump haya ganado con un número de votos inferior a Mitt Romney en 2012, que perdió frente a Obama.

¿Fue un error de Clinton no integrar en su candidatura a Bernie Sanders?

Ese ha sido otro de sus grandes problemas, aunque ahora se pueden hacer muchas elucubraciones. Yo he asistido a todas las convenciones nacionales del Partido Demócrata desde 2004, en las que se proclama el candidato a la Presidencia. En esta hubo un hecho que me llamó mucho la atención: en el estadio de Filadelfia donde se pronunciaron los discursos hubo delegados que se pasaron protestando los cuatro días que duró la convención porque no estaban conformes con Clinton. Incluso hubo una situación extraordinaria, que nunca había visto y que, además, no se pudo ver por televisión: mientras Hillary estaba pronunciando el discurso de aceptación de la nominación, diversas delegaciones no dejaron de protestar. En ese ambiente se registró un momento especialmente tenso porque algunos delegados querían subir al escenario y escenificar un arresto simbólico de la candidata.

Algunas encuestas daban que Sanders era mejor candidato frente a Trump que Clinton. ¿Cree que si Sanders hubiera sido el candidato hubiera ganado las elecciones?

No lo sé. Después del batacazo de las encuestas no me atrevo a decir que en ese punto sí creo que hubieran acertado. Lo que sí puedo decir es que la energía que tenía Sanders y el fervor de sus simpatizantes era infinitamente mayor que el que suscitaba Clinton.

Volvamos a Trump. ¿Le da valor a su actitud moderada a partir de triunfo? ¿Espera que no cumpla sus amenazas?

No tengo ninguna esperanza. Durante año y medio de campaña siempre hemos pensado que, conforme iba adquiriendo responsabilidad, iba a moderar su discurso. No lo ha hecho y no lo va a hacer. Los estadounidenses han comprado con Trump el producto que hemos visto. El orden mundial dio un vuelco el 8 de noviembre. Con Trump las cosas han cambiado dramática y radicalmente. Ya lo estamos viendo con sus primeros nombramientos del viernes pasado. El senador de Alabama Jeff Sessions, su nominado a fiscal general, fue descartado en la década de los ochenta para un puesto de juez federal por declaraciones de corte racista; Steve Bannon, a quien ha elegido como asesor principal de la Casa Blanca, fue editor de una publicación de internet asociada al movimiento de la conocida como "Derecha Alternativa", movimiento heredero del supremacismo blanco. También ha escogido al congresista ultraconservador de Kansas Mike Pompeo para dirigir la CIA. Como asesor de Seguridad Nacional, ha nombrado al teniente general retirado Michael Flynn, que es demócrata y trabajó para el gobierno de Obama -hasta que fue despedido en 2014- y que es conocido por realizar a menudo declaraciones polémicas sobre el Islam.

¿Eso significa que están en peligro las instituciones democráticas de los Estados Unidos?

Afortunadamente el sistema constitucional es sólido, pero Trump ha ganado solo, y no le debe ningún favor al Partido Republicano. Tiene las manos libres. La única esperanza es que los congresistas no son tontos, y que dentro de dos años se renueva la mitad de la Cámara de Representantes. A Trump no le va a interesar que los republicanos pierdan el control de esa cámara.

¿Cree que un hombre al que nunca le ha interesado la política aguantará el trabajo que supone la Presidencia de Estados Unidos?

Uno de sus asesores dijo durante la campaña que si Trump lograba ser presidente ejercería la Presidencia como si fuera un Consejo de Administración, dejándole el rol ejecutivo a su vicepresidente, Mike Pence. Podría ser. Si así fuera estaría al frente uno de los gobernadores más ultraconservadores de los Estados Unidos.