Hoy

Abrasados por el sol

  • Más de 4.500 familias extremeñas productoras de fotovoltaica están al límite tras recortes y cambios legales

En la finca Valderrodilla, en el término municipal de La Parra (comarca de Zafra), las vacas conviven a diario con las placas solares. Allí, desde hace una década, la generación de electricidad de forma limpia comparte terreno con la explotación ganadera de toda la vida. Pero el panorama descrito no es idílico. El peso es cada vez más insoportable para los promotores medianos y pequeños de instalaciones fotovoltaicas de ese tipo. Hay muchas en Extremadura. En terrenos agrícolas sobre todo pero también en algunos polígonos industriales. Para vender la producción a las eléctricas o para el desarrollo de negocios propios.

El caso de Valderrodilla es paradigmático. Su huerto solar (se llama así por repartirse entre pequeños propietarios en entornos rurales, básicamente) fue impulsado por dieciocho personas. En él están involucradas personas de distintos puntos: Almendralejo, Don Benito, Campanario, La Morera, Zalamea de la Serena, Badajoz... Se unieron para sacar adelante una pequeña planta fotovoltaica en una etapa de certezas jurídicas en el sector, apoyo entusiasta del Estado y perspectivas garantizadas de rentabilidad para generar electricidad ‘verde’ y contra el cambio climático. Una propuesta atractiva donde no había pie a la especulación porque todo estaba escrupulosamente regulado.

La inversión que tuvieron que hacer fue elevadísima. Cada uno tuvo que poner entre 600.000 y 720.000 euros. La mayoría de ellos aportó una mínima parte del dinero en efectivo y el resto, 600.000 euros en la mayoría de los casos, llegaron a través de un préstamo bancario. Como ellos, centenares de extremeños, de profesiones diversas y también jubilados, pusieron en marcha instalaciones fotovoltaicas en la década pasada. A ellas destinaron parte de sus ingresos y sus ahorros.

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