Hoy

Salvemos la perrunilla

Deliciosas tejas de la pastelería pacense Ansorena. :: J. v. Arnelas
Deliciosas tejas de la pastelería pacense Ansorena. :: J. v. Arnelas
  • Tejas de Ansorena, bollos de La Cubana, bambas, trabucos y romanos

Perrunillas, bambas, trabucos, jeanettes y sopas de la reina. Otoño: melancolía y pasteles. Tardes de fin de semana familiares con huesos de santo, buñuelos de crema y roscas bañadas. Churros y bizcochos, tocinillos de cielo de las monjas y mojicones gigantes de esos que regalan en Cáceres a las parturientas.

La otra tarde, una señora de Badajoz tuvo el detalle de regalarme una caja de tejas de Ansorena. Esta pastelería, situada frente a El Corte Inglés, tiene nombre de joyería. Y joyas dulces son las tejas, una golosina delicada y suavísima que yo desconocía, pero de la que me he hecho muy fan, como dicen los jóvenes modernos.

Las tejas de Ansorena tienen uno de los sabores más adictivos y primorosos que he degustado nunca. Han sido mi descubrimiento goloso de 2016. En Badajoz, me dicen, son la gran estrella popular de la pastelería local junto a los bollos de Las Cubana, dos símbolos de lo doméstico y lo familiar.

El martes pasado, Arán Dramática estrenaba en el López su nueva producción, 'La Torre', y el domingo subían una foto a su Facebook para contarnos que el autor y el director de la obra estaban en capilla, intercambiando impresiones de última hora. ¿Y cómo lo hacían? Pues con unos bollos de La Cubana como medicina relajante y estimulante a la vez.

Bollos y tejas en Badajoz y magdalenas únicas en Cáceres, las de Isa. Y sus mojicones, ya digo, regalo obligado a parturientas y enfermos: bollos grandotes que exigen chocolate o café con leche, que se introducen en la taza y lo absorben todo.

En Cáceres, hacen unos bollos suizos magníficos en Isa y en el Horno San Fernando. En una multitienda de Santa Joaquina de Vedruna, despachan unas roscas de Málaga gigantes que le gustan mucho a mi suegra. En este punto, quisiera escribir sobre algunas particularidades de la pastelería cacereña. Una es la curiosa manera de denominar bambas a lo que en el resto de España son bombas. Las de Cáceres son inigualables: fritas, esponjosas, desbordantes de crema y con ellas sucede como con los churros: cada cacereño tiene su bamba favorita. Pedro Almodóvar prefería las de Isa.

Otra peculiaridad cacereña es que las roscas de Málaga se llamen así. Con ellas sucede como con las napolitanas: vas a Nápoles y las pides o vas a Málaga y pides una rosca de Málaga y les da la risa en ambas ciudades porque no conocen esos dulces. En Cáceres, además, están los cacereños, unos pasteles con ese nombre muy ricos que elaboran en La Imperial, o La Sopa de la Reina, una tarta dulcísima con merengue tostado y bizcocho que inventaron en La Salmantina para agasajar a la infanta Isabel y que alegró la boda de mis padres y también sus bodas de oro. En Cáceres, hay que encargarla, por ejemplo en el Horno San Fernando o en Isa, y conviene llevar un recipiente para recogerla.

Uno de mis pasteles favoritos es el trabuco de coco, exquisitos los del Horno San Fernando, donde tienen unas ensaimadas y unas jeanettes espectaculares, además de haber traído a Cáceres la repostería de inspiración suiza y los ya tradicionales pasteles de plátano, casi tan cacereños ya como la perrunilla.

De la perrunilla quería yo hablar porque es un dulce tradicional que me está decepcionando últimamente. Me gustan las de Isa y las del Horno de Grétel, donde tienen unos pasteles de nata, tostados y sobre base de bollo suizo, que, me cuenta la pastelera, son de inspiración emeritense, se llaman romanos y se parecen a los san marcos. Pero volviendo a la perrunilla, no estaría de más abrir un debate en las redes y que recomienden ustedes sus favoritas a ver si así salvamos las esencias de nuestro dulce bandera.