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«He perdido mi matrimonio y mi trabajo por los ruidos que he sufrido»

Los cinco acusados escuchan la declaración de la vecina que ha denunciado los ruidos. :: andy solé
Los cinco acusados escuchan la declaración de la vecina que ha denunciado los ruidos. :: andy solé
  • Los cinco acusados de Jaraíz de la Vera defienden la legalidad de su actuación frente a las críticas de la denunciante

Cuatro hombres y una mujer se enfrentan a penas de cárcel por haber permitido supuestamente que una vecina de Jaraíz de la Vera sufriera un «infierno» durante más de una década por los ruidos generados por el pub Barbarroja, junto a su vivienda. Una situación que le ha generado problemas de salud por los que hoy continúa en tratamiento.

Se trata de las tres personas que han regentado el bar -María Jesús Opazo, Aitor Hernández e Ismael Castillo- y quienes eran alcaldes de Jaraíz durante ese periodo, Agustín Tovar (PP) y José Bonifacio Sánchez (PSOE). La Fiscalía pide tres años y nueve meses de prisión para los primeros por delitos contra el medio ambiente y de lesiones, y 15 meses de prisión y ocho de inhabilitación para los segundos por un delito de prevaricación.

Los hechos que ayer centraron la primera jornada de la vista oral en el Juzgado de lo Penal de Plasencia -continuará con una segunda el próximo jueves- se remontan a 2004, tres años después de que María Jesús Opazo se hiciera cargo del bar. Fue ese año cuando los técnicos de la Junta señalaron en un informe que el nivel de ruidos era intolerable. El Ayuntamiento decretó el cierre del establecimiento y la propietaria realizó obras de insomnorización para atajar los problemas. Cinco años después, ante una nueva denuncia, se realiza otra medición por técnicos de la Junta con el mismo resultado: el nivel es intolerable. Y de nuevo María Jesús Opazo, según declaró ayer, actúa de la misma forma y el Ayuntamiento le permite volver a abrir. Aunque no pudo presentar un nuevo informe de medición, para saber si las obras ejecutadas eran suficientes, porque Gema Rivero (la denunciante) no permitió entrar al técnico contratado por la propietaria para realizar la medición.

En abril de 2010 este técnico realizó una nueva medición, después de que otra del Seprona volviera a poner de manifiesto que el ruido era intolerable. Este técnico declaró ayer en el juzgado y señaló que la medición del Seprona no se había realizado conforme a la normativa en vigor, porque en el mismo no se había tenido en cuenta el ruido de fondo de la 'zona de movida' en la que se encuentra el pub Barbarroja.

El Ayuntamiento de Jaraíz volvió entonces a decretar el cierre del bar y requirió una nueva medición por parte de los técnicos de la Junta. Sin embargo, no pudieron hacerla en ninguna de las dos ocasiones que se desplazaron a la localidad porque la denunciante no estaba.

Permisos en vigor

Por este motivo la propietaria no realizó nuevas obras y el Ayuntamiento permitió su reapertura. De tal modo que cuando primero Aitor Hernández y luego Ismael Castillo -también acusados- se hicieron cargo del bar tampoco llevaron a cabo mediciones algunas. El establecimiento estaba abierto y con las licencias en vigor, según declararon ambos ayer.

Los otros dos acusados, los exalcaldes Agustín Tovar y José Bonifacio, defendieron asimismo la actuación municipal en el proceso. Señalaron que los cierres se decretaron tras las mediciones de la Junta y las reaperturas se permitieron cuando las obras de mejora se llevaron a cabo. Aunque el Ayuntamiento no las comprobó en ningún caso, el técnico de la Junta responsable de una de las mediciones, y que ayer declaró como perito en el juicio, señaló que para permitir la reapertura bastaba con presentar informe de obras ejecutadas y nueva medición sin que ésta tuviera que ser realizada por la administración; pasos seguidos por la propietaria del bar María Jesús Opazo.

Sin embargo, Gema Rivero declaró que lleva más de una década denunciando la situación, que le ha ocasionado problemas de salud de los que hoy sigue tratándose y que ni ha notado en su vivienda ni ha visto las obras de mejora ejecutadas en el pub. «He vivido un infierno, por este problema de ruidos he perdido mi tranquilidad, mi sueño, mi trabajo y mi matrimonio».