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Donald Trump, nuevo presidente de EE UU. :: afp
Donald Trump, nuevo presidente de EE UU. :: afp

Emma en el país de Donald

  • Una cacereña nos cuenta desde Dallas los primeros días de Trump

Dallas. Día uno después de la victoria de Donald Trump. Mi sobrina Emma se monta en el todoterreno gigantesco que su empresa pone a su disposición y conduce camino del trabajo. Las calles de la ciudad están llenas de banderas americanas. En realidad, las calles de Dallas siempre están llenas de banderas americanas, pero esta mañana la profusión de enseñas impresiona. Es lógico: Dallas es netamente republicana, ha votado en masa a Donald Trump y la ciudad está contenta: ha ganado el suyo.

Mi sobrina Emma tiene 31 años. Se licenció en Ingeniería de Obras Públicas en Cáceres y en Madrid. Pronto hará cinco años que vive y trabaja en Estados Unidos. Se fue a Dallas muy joven a hacer prácticas en una empresa española. Ahora está al frente de equipos de trabajo especializados en los que abundan los mexicanos.

Emma lleva uno de los departamentos que acaba de construir en Dallas la autopista más moderna del mundo: media docena de carriles inteligentes en cada sentido y peajes que suben o bajan según el tráfico. Su marido, Adolfo, también es de Cáceres. Se casaron este verano y viven los dos en Dallas, donde mi sobrina es ahora una de las responsables de otra autopista en Fort Worth, también en Texas.

El jueves, hablaba con uno de los ingenieros de su departamento, blanco, texano y republicano, «pero de los de mente abierta, no como otros, y que se ha abstenido porque no le gusta Trump, pero nunca votaría a Hillary». Este ingeniero le manifestaba su descontento por la victoria republicana, pero también su esperanza de que Donald Trump se rodee de buenos asesores para que sus locuras pasen unos cuantos filtros y mejoren las exportaciones, la industria y la economía.

Cuando sale de las oficinas y acude a pie de obra con sus cuadrillas de mexicanos, los 'ilegales', que la llaman Emmita, bromean diciendo que ahora hay que cuidar el acento y parecer más gringos para que les renueven los visados. El martes, a medida que el recuento de votos iba oscureciendo la situación y dando la victoria a Trump, los mexicanos de Emmita se pusieron como locos a consultar la web de la embajada canadiense por si había que cambiar de país hasta que se colapsó.

En la oficina de su empresa, entre los equipos de arquitectos e ingenieros, el tema de conversación más recurrente es el del muro para separar México de Estados Unidos. Mi sobrina pensaba que eso era una boutade hasta que descubrió que la Jefa de Calidad de su departamento, norteamericana y demócrata, estaba estudiando seriamente la construcción del muro, sus dificultades por ser una frontera fluvial en muchos puntos y los métodos y técnicas para levantarlo hasta concluir que es un proyecto complicado, aunque no le gustaría trabajar para la empresa que lo construya. Es decir, lo del muro es algo que barajan los profesionales de la construcción, aunque solo sea como posibilidad.

Los hijos de los compañeros españoles de Emma están aterrorizados con la victoria de Trump porque piensan que los mandarán a España y perderán a sus amigos. El pánico es tal que una niña española de cuatro años, al despertarse el miércoles, preguntó a sus padres medio en español e inglés: «So, who is de president?». Cuando le respondieron que Donald Trump, la pequeña empezó a llorar con desconsuelo.

Emma solo conoce a una persona que haya votado a Donald: un ayudante de obra súper vago al que han avisado de que no se alegre tanto porque como Trump expulse a todos los mexicanos, le va a tocar a él trabajar de verdad.

Mi sobrina me confiesa que, a pesar de las bromas, se nota bastante tensión e incertidumbre en el ambiente y, pasado el shock de los primeros días, de lo que más se habla ahora es del Obama Care, el sistema sanitario para las clases bajas que todos suponen que Trump fulminará. Emma en el país de Donald. Una cacereña rodeada de mexicanos, que nos contará de primera mano qué hace Trump finalmente con ellos.