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Escocia se fija en las renovables extremeñas

Muro de la presa de Cruachan, en el lago Awe, en Argyll (Escocia). :: francis tsang
Muro de la presa de Cruachan, en el lago Awe, en Argyll (Escocia). :: francis tsang
  • Iberdrola exporta a una estación clave para Gran Bretaña el modelo de tres centrales hidroeléctricas de la comunidad

Medio siglo y un año después de que la Reina Isabel II inaugurara la estación hidroeléctrica de Cruachan, quizás alguien deba comentarle a ella, la madre del príncipe Carlos de Inglaterra, que esa estación hidroeléctrica va a ser ampliada siguiendo el ejemplo de tres infraestructuras de Extremadura, España. Quien se lo explique debería detallarle que las centrales de Gabriel y Galán, Guijo de Granadilla y Torrejón-Tiétar están en la provincia de Cáceres, donde por extraño que pueda sonar, hay paisajes que se dan un aire a los que rodean al lago Awe, unos pocos kilómetros al sur de las 'Highlands' escocesas.

Esa antesala de las Tierras altas, sus montañas, lagos, niebla, lluvia, sus ovejas, su frío y su otoño de postal bucólica son el marco que rodea a Cruachan, una instalación capital en el sistema energético no solo de Escocia, sino de Gran Bretaña.

El dueño de la central es Iberdrola a través de ScottishPower, su filial en un país que le está dando una vuelta de tuerca a su mapa energético. Están desapareciendo instalaciones asociadas a fuentes de energía tradicionales -el carbón, principalmente-, y su lugar lo están ocupando las renovables. Entre ellas, la hidroeléctrica, esto es, la que se aprovecha del agua para generar energía, un ámbito en el que Extremadura es un referente. Entre otros motivos, porque es la región española con más kilómetros de costa interior y porque en ella están La Serena y Alcántara, dos de las presas más grandes de Europa.

La una y la otra son dos mastodontes al lado de Cruachan, que subirá unos cuantos puestos en la lista una vez que se haya certificado su ampliación. El proyecto de Iberdrola es invertir setecientos millones de euros para que de los 400 megavatios actuales, la instalación pase a tener 1.040. Solo faltan por resolver algunos trámites con las autoridades y escoger entre las alternativas técnicas que se han planteado. «La principal ventaja que nos aportaría tener más potencia sería mejorar la capacidad de respuesta ante los picos de demanda», explica David Bowie, responsable de operaciones en la central escocesa en manos españolas. Con un añadido: la rapidez al atender ese aumento puntual en la demanda. En este tipo de centrales, bastan unos segundos.

Bowie, que responde con deportividad cuando le preguntan si canta, está acostumbrado al frío y la niebla que estropean los selfis en el muro de la presa de Cruachan. Esa fotogénica estructura a más de mil cien metros de altitud la levantaron 'Los tigres de Cruachan', un grupo de valientes famoso en su país. También horadaron la montaña durante un año para construir el túnel que hay que recorrer si se quiere llegar al corazón de la central. Ese viaje al centro de esta tierra explica por qué los folletos oficiales sobre Cruachan -que tiene su propio centro de visitantes, con museo, cafetería y tienda de recuerdos- incluye el subtítulo 'The hollow mountain' (La montaña hueca).

Generar o almacenar

Al final de ese túnel asfaltado, de paredes húmedas, están las cuatro turbinas de la central, que es reversible, es decir, basta con apretar los botones oportunos para que la tecnología instalada se ponga al servicio del consumo inmediato de energía o de su utilización posterior. Esto último es particularmente importante para una zona que cada vez va a depender en mayor medida del viento o el sol, esto es, de fuentes de energía que no están siempre disponibles.

La tecnología de Cruachan, la que le vale para atender la demanda energética de una parte de Gran Bretaña, es muy similar a la de varias centrales españolas, entre ellas las de Guijo de Granadilla, Gabriel y Galán y Torrejón-Tiétar. El funcionamiento diario en estas instalaciones extremeñas es un espejo al que mirar para trazar los planes que mejorarán la seguridad en el abastecimiento de energía a los británicos. Incluida, claro está, Isabel II.