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Rafaela Cano posa con su novela en Badajoz. :: J. V. Arnelas
Rafaela Cano posa con su novela en Badajoz. :: J. V. Arnelas

«No todo es Baudelaire»

  • Rafaela Cano acaba de sacar la segunda edición de 'Los ojos de Dios'

Me gusta la gente que desdramatiza y no se da importancia. Me gusta Rafaela Cano, novelista, profesora de Lengua en el IES Zurbarán de Badajoz, nacida en Campanario, estudiante de Bachillerato en Castuera, licenciada en Cáceres y sentada ante mí en la cafetería La Marina de Badajoz, ciudad donde vive desde hace 22 años.

«Yo he llegado tarde a todo: hice la carrera tarde, me casé con 40 años y he empezado a escribir también tarde», resume su vida mientras se le enfría el café con leche. Sus orígenes son sencillos: padre carpintero enamorado del campo y madre ama de casa.

Quiso estudiar ATS o hacer Magisterio como la mayoría de las chicas estudiantes de Campanario, pero acabó Filología Hispánica por una serie de circunstancias azarosas: estaba cerrada la facultad de Derecho, donde pensaba matricularse, una amiga la convenció en un tren y, eso sí, le gustaba mucho leer. «Todo en mi vida es una casualidad. También lo de escribir», revela.

Rafaela Cano, Rafi en el instituto, acaba de sacar la segunda edición de su novela 'Los ojos de Dios'. La primera, mil ejemplares, editada por la Diputación de Badajoz, está agotada. Es una historia de amor e inquisición, de dogmatismo e hipocresía bien narrada, entretenida y ambientada en Llerena y también en Yuste, Salamanca, Sevilla y Valladolid.

«En mi pueblo se han vendido 500 ejemplares. El dueño de la librería me decía que en su vida comercial no había vendido tantos ejemplares ni de 'El Quijote'. Aunque lo mejor son esos vecinos de Campanario que me dicen que no leían desde el instituto, que se la habían comprado casi por compromiso, pero que les ha encantado y han disfrutado leyéndola», explica.

Rafi ha sido profesora en su pueblo y también en institutos de Montánchez, Almendralejo, Cabeza del Buey, Talarrubias, Mérida y Alconchel antes de recalar hace 12 años en el Zurbarán de Badajoz. «Nunca había escrito nada, pero hace unos años empecé a conversar con mi padre sobre el pasado y sobre la Guerra Civil en Campanario. Él se acordaba de todo, aunque en esa época tenía ocho años. Con sus narraciones, fui escribiendo una historia basada en un hecho real: el matrimonio entre una chica hija de falangistas de mi pueblo y el único comunista del lugar, que luego llegó a ser alcalde. Al acabar la guerra, los dos fueron fusilados. Pero me da reparo publicar esa novela porque aún viven sobrinos y nietos de los protagonistas», confiesa.

Tras publicar algunos cuentos, se fijó en Luis Zapata, un llerenense tomador del testamento de Isabel la Católica y de ahí llegó a un descendiente suyo muy interesante que había estado con Felipe II y había pasado, por razones desconocidas, 25 años en la cárcel. En su mente, empezó a tomar forma la novela que nos ha traído a este velador de La Marina en una tarde lluviosa de otoño: 'Los ojos de Dios'.

«Entré en contacto con Luis Garraín, cronista de Llerena. Con él recorrí las calles del pueblo, fui situando a los personajes y escogiendo los escenarios. La historia fue tomando forma. Viajé a Flandes y a Valladolid para documentarme y por fin escribí esta novela», resume el proceso creativo.

Rafaela Cano escribe sin horario fijo, sobre todo por las tardes y en verano. Pero se quita importancia como escritora y lo hace sin falsa modestia. «Yo no era del grupo de literatos de la facultad que acudían a las tertulias poéticas del Gran Café de Cáceres. Soy una profesora de andar por casa. Si me aburre un escritor, por ejemplo Cortázar, pues lo digo, no me da vergüenza. No todo va a ser Baudelaire. Ni quiero ser ni puedo ser una gran literata, pero sí puedo escribir libros de lectura agradable», se sincera.

Rafi viaja ahora mucho a Magacela. Está escribiendo una novela ambientada en este pueblo precioso y protagonizada por moriscos. También la orienta el cronista local y está disfrutando tanto escribiendo como disfrutan quienes leen lo que escribe.