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También cayó el Imperio Romano

Al PSOE lo ha debilitado la férrea verticalidad y el cierre de filas impuesto durante los últimos cuarenta años. Aquella ‘genialidad’ tan aplaudida de Alfonso Guerra, «El que se mueva no sale en la foto», fue un aviso a navegantes, que se esculpió a golpe de cincel en las organizaciones territoriales, en las que el mandamás de turno imponía su criterio. Es posible que en aquellos años iniciales de desconcierto fuera eficaz el «ordeno y mando», pero el tiempo no pasa en balde y hasta las aceitunas necesitan que le cambien el agua. Algunos caciques, atrincherados en su megalomanía, siguen con la patochada de que las primarias, o consultar a las bases, no están en la cultura de la socialdemocracia, vamos que es mucho más democrático que uno, arropado por un comité elegido por él, lo decida todo. Franco también pensaba eso.

Hace unos días Ibarra declaraba sobre la militancia de base: «A las asambleas no van más de 60, no trabajan, no colaboran. ¿Y encima, que decidan las bases? ¡Ya está bien la broma!». Declaración palmaria del desprecio hacia esas bases que, sin prebenda alguna, han sostenido al partido pueblo a pueblo, demostrando una fidelidad digna de mejor valoración… Yo no conozco una militancia más fiel y aguerrida que la que tiene el PSOE, pero la carencia de crítica interna obligó al partido a comulgar con ruedas de molino y a justificar cualquier estupidez. Lo que llegaba de arriba, como lo que llegaba de Roma, forzosamente tenía que ser bendecido por todos. Esa es la fortaleza inicial y la debilidad final de las organizaciones piramidales. ¡También cayó el Imperio Romano!

¿Es que en el PSOE no sabían que seguir a un flautista como Zapatero los llevaba a la ruina? Lo sabían, pero continuaron «prietas las filas», dejando que el gran botarate despeñara electoralmente a toda la organización. Y de aquellos lodos… ¡Pero si todavía lo justifican! ¿Tampoco sabían que Rubalcaba carecía de tirón electoral y que por su pasado de ‘duende maléfico’ estaba políticamente amortizado? Si Aznar puso a Rajoy, ZP señaló a Rubalcaba y todo el PSOE tragó saliva y puso buena cara, intentando vender un imposible que los dejó en ciento diez diputados. Noventa y dos menos de los que llegaron a tener en los tiempos de bonanza felipista y cincuenta y nueve menos de los que había logrado el de «la alianza de civilizaciones», que ahora va de intermediario y observador internacional. Entre Rubalcaba y Pedro Sánchez, otros veinticinco se quedaron en el camino. Y ya veremos…

Con un bipartidismo que había iniciado su desmoronamiento, el PSOE siguió confiando en sus dioses, o en sus caciques. Pusieron a Pedro Sánchez, al que empezaron a cuestionar en apenas dos meses, porque lo que querían era un interpuesto para hacer los recados al verdadero poder en la sombra -¿verdadera podera en la sombra?-, pero cuando el recadero decide pensar con su cabeza, lo barren casi con un golpe de mano y dejan al PSOE descabezado, sin cartel electoral, sin rumbo y con la misión de desdecirse para permitir la investidura de Rajoy... La última encuesta del CIS los deja en un penoso 17%, demostrando que el suelo de los socialistas no es tan granítico como pensaban y que puede quedar debajo de las baldosas. ¡Ojalá sepan barrer idiotas e idioteces y vuelva a ser el partido que fue! Es necesario.