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Así llevan el paraguas los expertos en el norte. :: E.R.
Así llevan el paraguas los expertos en el norte. :: E.R.

Cómo llevar el paraguas

  • Cinco lecciones y apéndice para graduarse en 'Paraguología'

Los extremeños estamos preparados para el sol, pero no para la lluvia. Manejamos muy bien el paraguas como sombrilla, pero somos muy torpes empleándolo contra el agua. La falta de costumbre nos convierte en un peligro andante. Utilizamos el paraguas como ariete o como espada con la que abrirnos paso y arramplamos con lo que venga en aceras estrechas sobre las que caen chorros inmisericordes desde los canalones. Un extremeño armado de paraguas es lo más parecido a un bulldozer implacable, a una mula terca, a un elefante en una cacharrería...

No estaría de más impartir en las universidades populares o en las asociaciones de vecinos cursos, naturalmente subvencionados por la Unión Europea, sobre cómo comportarse con un paraguas bajo la lluvia. Me presto a hacer el programa y a buscar los profesores. Mi padre asturiano me graduó en 'Paraguología' y me doctoré en la materia durante los 20 años que viví en Galicia, donde son una calamidad los pocos días que hace calor (abren las ventanas, suben las persianas, salen a la calle a las cuatro buscando el fresco y hablan de temperatura infernal a partir de 28 grados), pero conviven con la lluvia con mucha elegancia y con la ayuda de una arquitectura urbana donde los soportales son comunes en las plazas, pero también en las calles.

La primera lección es qué paraguas comprar. Aquí nos encantan esos pequeños que se enfundan, pero son un engorro porque no se pueden guardar mojados ni tampoco se pueden llevar sin secarse. Los automáticos están muy bien, pero su mecanismo no es del todo fiable, da muchos sustos y si se avería, mejor tirarlo. Los gigantescos son buenos para el campo, pero lo peor para la acera. Así que compremos uno mediano de doble varilla, de apertura tradicional y discreto para que pueda ser unisex: esto es un curso sobre el uso práctico del paraguas no sobre moda paragüera.

La segunda lección es cuándo sacar el paraguas. En Extremadura, tiramos de él en cuanto caen cuatro gotas. En Galicia, me acostumbré a sacarlo solo en caso de diluvio. Si llovizna, te mojas menos con un chubasquero con capucha y hasta tiene su toque melancólico caminar bajo el orbayo ensimismado y encapuchado.

Tema tercero: cómo llevar el paraguas cerrado. En el norte, el paraguas se suele llevar colgado de la gabardina o chubasquero a la altura del cuello. Es decir, se lleva el paraguas a la espalda. Así lo portan sobre todo los veteranos y quienes pasan de todo, la gente práctica, en suma. Esto es raro en Extremadura y cuando lo he hecho, no me he librado de chanzas ni burlas, pero hagan la prueba y ya verán qué práctico.

Cuarta lección: cómo llevar el paraguas abierto. Por las calles atiborradas de viandantes armados de paraguas, hay que atender a subirlo y a bajarlo para evitar choques. En las esquinas, conviene agarrarlo con fuerza para impedir los volteos sorpresa. Si van en pareja, caminen bajo el mismo paraguas: además de romántico, no monopolizan la acera.

Tema cinco: qué hacer con el paraguas si entramos en un lugar público. Pues si pueden, no lo dejen en el paragüero. En el norte, se roban muchos paraguas, es casi una costumbre justificada en que si te quitan el tuyo, tú se lo quitas a otro; casi un intercambio consentido. Aquí, esto lo entendemos como un delito grave, pero son comunes las equivocaciones, así que procure no dejarlo en el paragüero. Si hacen esto en Galicia, el camarero les reñirá porque pondrán perdido el suelo, pero aquí, por la falta de costumbre, ni rechistan.

Apéndice: al llegar a casa no lo deje en el paragüero. Su pareja no es un camarero y le echará una bronca. Déjelo abierto y secándose en la terraza o en la bañera. Y no olviden el paraguas en cualquier sitio. Para los extremeños, es un artilugio tan extraño que lo dejamos por ahí y ni nos damos cuenta. En el norte, si pierden el paraguas es como si perdieran la mano. Aquí, perder el paraguas es recuperar la calma.