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La transformación del tomate convertida en éxito familiar

Manuel Vázquez (izda.), de Conesa, dirigiéndose ayer al auditorio. :: J. V. Arnelas
Manuel Vázquez (izda.), de Conesa, dirigiéndose ayer al auditorio. :: J. V. Arnelas
  • El consejero delegado de Conesa, Manuel Vázquez, explicó las claves de su industria y los retos que afronta

Empezó como operario, participando en turnos de 12 horas seguidas, y hoy dirige una de las mayores industrias agroalimentarias de España. No hay demasiadas historias de éxito empresarial en Extremadura, por eso la intervención del empresario Manuel Vázquez Calleja ayer en el III Foro Pyme celebrado en Badajoz y organizado por el Banco Popular y el diario HOY despertó tanta curiosidad como admiración.

Vázquez es el consejero delegado de Conesa, la industria transformadora de tomate que lidera el sector en España y es referente en todo el mundo. Producen tomate concentrado, al que le quitan la semilla y la piel y que sirve para hacer tomate frito, añadirlo a conservas, fabricar ketchup, el tomate que llevan las pizzas, lasañas y otros productos caseros muy consumidos. Conesa también hace polvo de tomate para colorear la pasta o mezclarlo con otra especias, así como salsas de tomate para terceros.

Ante más de doscientos empresarios extremeños Vázquez resumió su receta de éxito en estudiar, ser humilde y tener suerte. Pero antes matizó muchas cosas. Habló de cómo se fueron expandiendo por otros países, de la importancia de tener contentos a los clientes y ser flexibles según las circunstancias , de apostar por la innovación, y en su caso concreto, de no adentrarse en sectores que desconoce.

Pero sobre todo destacó el carácter visionario de su padre y las precauciones que hay que tomar cuando se cogen las riendas de una empresa familiar cuyas decisiones toma fundamentalmente con sus hermanos Rafael y Rogelio.

Todo empezó cuando el padre, Manuel Vázquez Gimón, originario de Maguilla, un pequeño pueblo de la Campiña Sur de Badajoz, empezó a estudiar por empeño de su madre. Llegó primero a contable y luego a director general de una empresa. Era el año 1975 y se desvinculó de aquella compañía para formar su propio negocio con dos socios a los que después les compraría su parte. Acababa de nacer Conesa en la pedanía pacense de Villafranco del Guadiana, cuando pocas personas se percataron de las posibilidades que traía el regadío del Plan Badajoz a las Vegas del Guadiana. «Mi padre fue un visionario y un trabajador incansable que supo identificar los momentos en que había que crecer y comprar otras empresas, pero sobre todo tuvo como virtud mantener unida a la familia sabiendo que hay empresas que se vienen abajo en la segunda o tercera generación. En nuestro caso la armonía familiar ayudó y existe hasta un protocolo familiar que está incluido en los estatutos y que contempla incorporaciones, remuneraciones y estas cosas». Además, tampoco reparten beneficios, sino que todo lo reinvierten para mejorar el producto y las instalaciones, aseguró.

En la actualidad Conesa factura 200 millones al año, exporta a sesenta países el 80% de su producción, tiene como clientes a marcas como Heinz, Nestlé o Unilever y cuenta con 300 empleados fijos que se convierten en mil cuando llega la campaña del tomate, entre julio y septiembre.

El Grupo Conesa tiene nueve empresas en tres continentes, dos de ellas en Portugal, una en California (Estados Unidos), otra en China y cinco en Extremadura. La matriz está en Villafranco del Guadiana. En términos generales, este grupo extremeño es el sexto del mundo en transformación y el primer productor europeo.

Decía ayer su directivo que lo han conseguido poniendo pasión en su trabajo e implicando a los propios empleados en la mejora de los procesos. «La internacionalización sirve para estar presente en muchos países, lo que minimiza el impacto de las crisis locales», añadió ante los empresarios extremeños, a los que explicó además cómo se convirtieron también en agricultores: «Nos dimos cuenta de que había muchas cosas por hacer en el campo, hasta que conseguimos cambiar las variedades que utilizábamos y hemos implantado técnicas de cultivo sostenible para ahorrar en agua y fertilizantes». Esos conocimientos, manifestó, los han transferido a los agricultores que trabajan para Conesa.

Pese a todo, Manuel Vázquez explicó ayer que la ausencia de un ferrocarril competitivo para sacar su producto desde Extremadura sigue siendo un obstáculo. «Llevar un contenedor de China a Lisboa cuesta lo mismo que de Badajoz a Lisboa, así que el precio que se gana por el tomate lo perdemos en el transporte», resumió gráficamente este empresario pacense.