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El cementerio de Alvarado sigue sin muertos

Cementerio de Alvarado, abandonado y en ruinas, en el que pastan los caballos. :: Pakopí
Cementerio de Alvarado, abandonado y en ruinas, en el que pastan los caballos. :: Pakopí
  • Los funerales se ofician en la iglesia, pero los colonos se entierran en sus pueblos de origen

  • A los vecinos de la pedanía pacense les sorprende el interés por recuperar un espacio que nadie usa

En el consultorio médico de la pedanía pacense de Alvarado no se puede hacer un electro. La máquina se para porque hay problemas con la corriente. El médico viene los martes y los jueves dos horas y para sacar una receta se las ve y se las desea por los fallos en la conexión de Internet. Hablar por el móvil se convierte en otra odisea. Las aceras de algunas calles están rotas y algunos autobuses tardan 40 minutos en llegar a Badajoz. Por no hablar de la piscina de verano, que no pasó de un hoyo en un solar.

Con todas estas deficiencias que denuncian los vecinos, les sorprende que estos días lleguen por el pueblo periodistas preguntando por el cementerio en ruinas.

El camposanto se construyó cuando se levantó el pueblo de colonización en 1970. Hay quien recuerda en la entrada una mesa enorme de mármol y algunos nichos vacíos, pero allí nadie se ha inhumado en estos cincuenta años. Lo más parecido a un sepelio fue el enterramiento del mulo de Marín. Un animal que pastaba por la alameda y que de repente desapareció. Guasa de pueblo que se recuerda estos días.

Al tratarse de un poblado de colonos, todas las familias tienen sus nichos en los cementerios de sus pueblos de origen. Nadie ha pedido nunca enterrarse en Alvarado.

Los funerales se celebran en la iglesia de la plaza, pero después se trasladan a Talavera o La Albuera principalmente. «Aquí no se necesita un cementerio. Hay otras prioridades», se queja con vehemencia Segundo Márquez, uno de los representantes de la asociación de vecinos.

El interés ha renacido porque un partido político (Ciudadanos) ha pedido que se rehabilite. En el pueblo creen que esta reclamación tiene más que ver con las próximas elecciones en las pedanías que con las necesidades reales del poblado. «No tiene sentido que se fijen en eso cuando tenemos otras carencias», insiste Márquez. El alcalde pedáneo, Felipe De la Cruz, ha explicado más de una vez en los últimos días que nunca le han reclamado el arreglo porque no hay demanda.

En el centro de la plaza, un grupo de diez madres espera a que los niños salgan del colegio. La conversación gira en torno a la visita de un equipo de televisión para grabar en la alameda de la necrópolis. Hay unanimidad sobre el desatino. «A mí que me pregunten por qué no tenemos un pediatra con la cantidad de niños que viven aquí o por qué nadie pone una antena para mejorar la cobertura de los móviles».

Antonio Barranco es uno de los más veteranos. Ha superado los ochenta años. Llegó a la pedanía en septiembre de 1973 y compró una casa por 200.000 pesetas. Recuerda que a los pocos meses falleció un vecino y lo enterraron en La Albuera. «Yo tengo mis nichos pagados en Talavera, como la mayoría aquí». Aunque ahora no lo ve una cuestión urgente, cree que con el tiempo será necesario arreglarlo porque los nietos de los primeros pobladores preferirán enterrarse en Alvarado. Al cementerio ruinoso se llega ahora por un camino estrecho que discurre entre huertos y chumberas. Allí pasta un caballo. Como el mulo de Marín.