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Una madre en busca de la inclusión real

Susana tiene 40 años y es madre de tres hijos, el mayor de ellos discapacitado. :: J. M. Romero
Susana tiene 40 años y es madre de tres hijos, el mayor de ellos discapacitado. :: J. M. Romero
  • Susana Fajardo Bautista Presidenta de la AMPA del Colegio Especial Casa de la Madre

En Extremadura hay siete colegios públicos de educación especial para alumnos que tienen necesidades muy diferentes. Susana Fajardo no se conforma con tratar de mejorar el de Mérida, al que acude su hijo mayor Víctor, de 11 años, desde hace ya tres cursos porque padece un retraso madurativo que le afecta a su capacidad visual, motora e intelectual. En el centro de educación especial Casa de la Madre de la capital autonómica es la presidenta de la Asociación de Madres y Padres desde febrero de 2015, pero el pasado fin de semana además la han elegido con amplio respaldo vocal de la Federación Regional Extremeña de Asociaciones de Madres y Padres de alumnos (Freapa).

De este modo cree que quedará representada la diversidad de las aulas (su hijo también acude a un centro ordinario) y se podrán defender determinadas posiciones sobre integración con mayor conocimiento.

Con cuarenta años recién cumplidos, esta madre tiene además un hijo de nueve y una hija de cuatro, por lo que tuvo que reorganizar su vida, sobre todo nada más nacer su hijo mayor en cuanto las visitas al médico de su primer hijo se multiplicaron. Durante el proceso ella escuchó las experiencias de padres y madres en una situación parecida y entonces se dio cuenta de dos cosas: que las empresas no siempre respaldan a las familias que de repente tienen un hijo o hija con discapacidad, y que normalmente el peso de los cuidados recae en la madre.

«Nos educan desde el principio para los cuidados. Es parte del patriarcado en el que vivimos. No solo parimos y damos el pecho. En la mayoría de los casos la sociedad tiene otro rol para los hombres y esta línea tiene que desdibujarse. Nos tenemos que implicar todos. No es mi caso, pero hay madres que abandonan su empleo. En cuanto a mí, abandoné ciertas expectativas y ordené mis prioridades, por suerte tras sentarme con mi marido y consensuar cómo afrontar la nueva situación», dice Fajardo, que anteriormente trabajaba como técnica de telecomunicaciones en Retevisión hasta que hubo un expediente de regulación de empleo. En la actualidad es auxiliar administrativa.

«Los primeros años de vida de Víctor íbamos mucho al médico y necesitas que la empresa te respalde. En ese momento lo hablamos, pusimos en la balanza la situación laboral de cada uno y me tocó a mí. Luego mi marido asumió su parte, pero muchas mujeres no tienen la oportunidad de consensuar con su pareja en quién va a recaer el peso de atender un hijo con discapacidad (...). La empresa a veces respalda la situación y a veces no. O al principio sí pero terminan preguntando si no puedes ir al médico por la tarde, de modo que muchas mujeres empiezan a pensar en reducción de jornada o en renunciar al trabajo».

A pesar de este análisis de género, Susana Fajardo opina que como persona ha evolucionado y ha aprendido el sentido de una frase que escuchó: «No eres fuerte hasta que tienes que serlo», dice. Y añade que el mundo de la discapacidad es muy desconocido. «Por suerte llevamos años alejándonos de las penas para hablar de derechos».

Falta un cambio social

Su última batalla se centra en que se amplíen las instalaciones de la Casa de la Madre. Este centro de educación especial de Mérida cumple este curso cincuenta años y fue concebido para 25 alumnos, pero en la actualidad hay 51 con edades comprendidas entre los 6 y los 21 años, según Fajardo, quien opina que la falta de espacio limita mucho el desarrollo de estas personas. De momento, el último Plan de mejora de infraestructuras de la Junta recoge esta demanda y han obtenido el compromiso político de darle a prioridad.

Según dice, la inclusión está siempre presente en cualquier discurso político, algo que ve lógico. «Pero la inclusión, sobre todo en los casos más complicados, no existe. Esto va más allá de la voluntad política. La inclusión debe ser un cambio social y debe ampliarse a todos los sectores, por eso debe impartirse desde el colegio. Por otro lado, la educación especial que se imparta debe ser de calidad porque puedes tener a un niño con discapacidad en el aula, pero además hay que cambiar la forma de ejercer la docencia», declara esta mujer que a partir de ahora, también desde la Freapa, seguirá reivindicando lo que considera justo. «La vida me ha llevado ahora a ser la voz de muchos, espero no decepcionar», dice esta mujer cuya valoración es altísima por parte de quienes la conocen.