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Un trastorno alimentario es un problema de salud mental que se refleja en la comida. Imagen de uno de los talleres que Adetaex imparte a adolescentes en colegios e institutos. :: hoy
Un trastorno alimentario es un problema de salud mental que se refleja en la comida. Imagen de uno de los talleres que Adetaex imparte a adolescentes en colegios e institutos. :: hoy / ANDY SOLÉ

Educación estudia poner en marcha un protocolo contra la anorexia

  • La asociación de trastornos alimentarios reclama a la Junta que se den pautas a los docentes para detectar casos en las aulas

  • Casi un 6% de los jóvenes extremeños padece algún trastorno alimentario, y expertos y SES alertan de que ya se dan casos en menores de 10 y 11 años

El deseo profundo de perfección y la insatisfacción ante lo obtenido, que mina la autoestima, está detrás. La salida pasa por aceptar lo que se es y no lo que se podría ser. Y son muchas más veces que menos las que esa salida se encuentra. Aun así, evitar entrar en el túnel es el objetivo prioritario.

«Un trastorno alimentario no es un problema con la comida, sino un problema que se refleja en la comida». Lo dice Manuel Antolín, un psicólogo cacereño experto en los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), desde que en 1999 comenzara a colaborar con la Asociación en Defensa del Tratamiento de los Trastornos Alimentarios en Extremadura (Adetaex), un año después de que esta agrupación iniciara su andadura en la región. De la mano de familias que tenían afectados por anorexia o bulimia, los dos principales trastornos que hay, aunque no únicos, o que se dan con mucha más frecuencia que el resto.

Desde entonces, Manuel Antolín imparte talleres de prevención en colegios e institutos, y apoya a las familias que, junto a sus hijas en la inmensa mayoría de las ocasiones, padecen una enfermedad que puede acabar con sus vidas.

Los datos señalan que en torno a un 6% de la población joven tiene algún trastorno y que el 65% de los adolescentes no está satisfecho con su cuerpo. Y es ahí, en la insatisfacción, donde arrancan las llamadas conductas de riesgo que pueden desembocar en la enfermedad, el problema con la comida.

Anorexia y bulimia

«Como son estar siempre a dieta o machacar el cuerpo con un ejercicio físico extremo», detalla Manuel Antolín. Cuando la conducta de riesgo se mantiene e incrementa en busca del cuerpo perfecto, «cuando se tiene miedo a engordar», matiza el psicólogo, la enfermedad se apodera de la persona.

«Y puede ser anorexia, y por tanto desnutrición porque quien la padece no quiere comer y no come; o puede ser bulimia, con ciclos de atracones seguidos de conductas compensatorias, como son los vómitos y el ejercicio físico sin descanso». Antolín explica que en la actualidad hay más bulimia que anorexia, aunque se hable más de la segunda, porque se necesita mucho más control y fuerza para dejar de comer.

Siempre hay detrás un problema de autoestima, la persona ni se gusta ni se quiere. Por eso sea cual sea el trastorno que se padezca, primero hay que normalizar la alimentación y después trabajar los aspectos psicológicos. «Porque los trastornos de la conducta alimentaria son problemas de salud mental», deja claro Manuel Antolín.

«Ahora hago las 5-6 comidas, como de todo, variado y bien, sé hacer extras de vez en cuando. La parte de la comida es lo menos complicado, es simplemente un hábito que se nos ha desajustado y tenemos que reconducir al lugar que le corresponde, lo difícil es aceptarte, física y sobre todo psicológicamente, y empezar a saber dónde flaqueas para conocerte y cambiar todo aquello que no te deja ser feliz», relata una afectada por TCA que ha logrado superar la enfermedad.

Puede haber una predisposición genética para padecerla, especialmente en los perfiles de personas perfeccionistas y exigentes consigo mismas, pero sobre todo hay factores familiares y sociales.

«Cuando los padres son los que están obsesionados con la imagen, con el peso, cuando están siempre a dieta o cuando en la casa hay descontrol con la comida», señala el experto. También cuando se sobreprotege a los hijos y no se les deja que sufran o tengan problemas, «porque entonces no aprenden a manejar las situaciones», a ir tomando poco a poco las riendas de su vida.

Y si la familia tiene que ver, aún más parece que influye la sociedad, según los expertos. Especialmente una que rinde culto al cuerpo y que el único mensaje que lanza cada vez más alto es que para tener éxito hay que estar delgada. Porque así «comienzan las conductas de riesgo que pueden desembocar en el problema». En una enfermedad que dura de media entre cuatro y cinco años, pero de la que se puede salir.

«En los primeros días en el hospital ya me di cuenta de que lo mío no era vida, que era un vegetal, que pesar 45 kilos no me servía de nada si tenía que vivir encerrada en una unidad del comportamiento alimentario, rodeada de enfermeras, viendo pasar chicas y chicas mientras tú te quedas porque no quieres engordar», cuenta la joven que ya ha superado la anorexia.

Según los datos de Adetaex, los TCA se curan casi en un 70% mientras en un 20% se cronifican, es decir, la afectada vive en lucha con la enfermedad de forma permanente. En otros casos, quien la padece, muere. «Porque es cierto que la persona anoréxica es capaz de ver con realidad el físico del que tiene al lado, pero no el suyo». Y aunque su delgaldez sea extrema, se ve gorda cuando se mira al espejo, y la lucha contra la comida persiste.

Tapiar la entrada

«'Adri' nos confesó que empezó a adelgazar simplemente por hacer 'operación bikini' en torno a la primavera de 2013. Pero el problema se le fue de las manos. Pensaba que, con su poderosa mente, sería capaz de controlarlo. Pero llegó un día en el que, sin que ella se hubiera dado cuenta, era la enfermedad la que la controlaba a ella. La pobre se encontraba ya atrapada en esa maligna y destructora tela de araña de la que no pudo escapar». Es parte de la carta que los padres de una afectada por TCA hicieron pública en un periódico tras morir su hija.

«'Adri' decía que la clave está en cerrar las puertas de entrada. Ella nos relató su caso cuando ya era tarde. Y ahí está el problema», dejaban claro los padres en la carta.

Del mismo modo, Jaime de la Torre Fernández, presidente de Adetaex, considera prioritario que se trabaje en la prevención y en la detección precoz de la enfermedad, como medidas más eficaces para la lucha contra los TCA.

Por ello la asociación ya ha mantenido reuniones con los responsables del Servicio Extremeño de Salud (SES) y esta misma semana ha celebrado su primer encuentro con el secretario general de Educación, Rafael Rodríguez de la Cruz. El objetivo es que se ponga en marcha un protocolo para detectar los casos de anorexia y bulimia también en las aulas. «Porque es en clase donde se pueden detectar muchos casos; porque a veces en la familia no se perciben los cambios que se producen en la persona al comienzo, porque las ves cada día simplemente», argumenta Manuel Antolín.

Aboga por un protocolo que ayude a detectar los posibles casos de TCA en la escuela extremeña y también que indique a los docentes cómo actuar ante esos casos. Ha sido una profesora de hecho, miembro de Adetaex, Margarita Villafaina, la que ha auspiciado la puesta en marcha de este protocolo.

«Porque creo que es importante que nos den pautas a los profesores de cómo ver la enfermedad y cómo actuar ante ella», señala la docente, artífice también de un post en el que cuenta las dudas de los profesores respecto a los TCA, en el blog 'Cómete el mundo', una herramienta creada por Manuel Antolín en el que se recogen testimonios de afectados y familiares, y consejos de expertos.

La iniciativa de Marga Villafaina la ha adoptado Adetaex y, a través del sindicato PIDE, ha sido planteada a la Consejería de Educación, que confirma que estudia la puesta en marcha del protocolo.

Imagen corporal

Una herramienta más que se sumará en la región a los talleres que lleva años impartiendo Manuel Antolín a los adolescentes. «En los que les tratamos de explicar qué comidas hay que hacer, en los que trabajamos con ellos la autoestima, la imagen corporal, el manejo de las críticas físicas y las burlas, el ejercicio físico y también la conveniencia de tener una actitud crítica ante los anuncios y los mensajes de medios de comunicación y de las redes sociales». Para que en un mundo en el que las redes sociales mandan, los jóvenes tengan armas para hacerles frente.

Los adolescentes son los más vulnerables, el colectivo al que más afectan los Trastornos de la Conducta Alimentaria, porque están en la edad en la que el cuerpo cambia, en la que empiezan a formar su personalidad y en la que no tienen la madurez suficiente para ser ellos mismos. Es también la época en la que mudan a menudo su carácter y los padres tienden a confundir los efectos propios de esa etapa de alteración hormonal con las consecuencias anómalas de la anorexia. Del mismo modo, que se percibe con normalidad la tendencia de las adolescentes a poseer cuerpos de 'modelo'.

«Son edades en las que las personas necesitan la aprobación social, en la que hacen cosas para gustarles a los demás, no a ellos mismos». Y el cuerpo es el objetivo en una sociedad que le rinde culto. «Por eso se proponen adelgazar con dietas cada vez más estrictas hasta que ni cuerpo ni mente funcionan como tienen que hacerlo».

De ahí la importancia de que se den pautas a familias y docentes para que sepan ver los síntomas de una enfermedad que puede atrapar a los adolescentes. También un protocolo para que desde la escuela se pueda afrontar el problema, poniendo a su disposición los recursos con los que hoy cuenta Extremadura para plantar cara a los TCA.

Los datos del SES

«Sobre todo porque están apareciendo casos en niñas de 10 y 11 años, aunque la mayoría de las afectadas está entre los 14 y los 18», afirma Manuel Antolín. «Es destacable el incremento en el número de casos en franjas de edad cada vez más precoces, de entre 11 y 13 años», añade la Consejería de Sanidad.

Si bien Adetaex imparte talleres a jóvenes y familias de afectados, es la sanidad pública la que asume el tratamiento de las personas que sufren TCA. Según la información facilitada al respecto por el SES, y teniendo claro que no todos los casos que se registran en la región acuden al sistema sanitario público, en la actualidad hay 250 personas que reciben tratamiento en la Unidad de Trastornos Alimentarios de Badajoz y 239 las que lo reciben en la de Cáceres. También que los TCA suponen ya el 2% de las primeras consultas atendidas en los Equipos de Salud Mental de la región.

La actuación sanitaria en todos los casos está protocolizada. Los pacientes son derivados a las dos unidades desde Salud Mental, cuando el tratamiento ambulatorio es insuficiente y existen criterios de gravedad a nivel físico o psicológico. En caso de precisar ingreso, éste se lleva a cabo en las Unidades de Hospitalización Breve Psiquiátricas. «En casos excepcionales, es precisa la derivación a centros o unidades específicas fuera de nuestra comunidad, generalmente al Hospital del Niño Jesús de Madrid o al Hospital General de Ciudad Real».

Jaime de la Torre Fernández señala por ello que con el protocolo establecido en cuanto a la atención sanitaria, es conveniente el de la escuela extremeña. Para hacer posible que cada vez sean menos los adolescentes que caigan en los TCA. «Hay que trabajar para evitar que entren en el túnel», mantiene el presidente de Adetaex. Pero sin olvidar que hay luz al final de él.

«Hace falta mucho valor y valentía para salir de esta enfermedad. Pero cuando empiezas a comer, la luz se divisa pronto», zanja una afectada recuperada que ha querido dejar su testimonio de ayuda en 'Cómete el mundo'.

«Y después descubres que ser feliz es ser y no aparentar, es mirar lo que hay dentro y no lo que hay fuera, es amarse y amar, es tener la certeza de que se puede renacer después de la muerte. Ser feliz es soltar lo malo, amarrarse a lo bueno, y sonreír», concluye.