Hoy

Viña Extremeña, del esplendor a la crisis

Acceso a las instalaciones de Viña Extremeña, que está en Almendralejo.
Acceso a las instalaciones de Viña Extremeña, que está en Almendralejo. / Gloria Casares
  • Llegó a vender 3 millones de botellas al año y su fundación atrajo a personalidades mundiales, pero hoy está en preconcurso de acreedores

Viña Extremeña, uno de los buques insignia del vino extremeño, vive momentos críticos. Su reciente entrada en preconcurso de acreedores y el despido de sus trabajadores hablan de las dificultades de una empresa que en la primera década de este siglo resultó clave para el sector vitivinícola extremeño. Su marca más conocida, Monasterio de Tentudía, es desde hace años símbolo de distinción y ejemplo de lo que puede conseguir el marketing empresarial.

Hace una década, Viñexa facturaba 2,8 millones de euros anuales y su plantilla la nutrían 41 trabajadores. Cuentan quienes trabajaban en Viñexa que en su mejor época llegó a vender 3 millones de botellas de vino al año y que la facturación podía rondar los 6 millones de euros.

Entonces, sus instalaciones estaban llenas de brillo. Eran años en los que su director general, Alfonso Schlegel, impulsó la fundación que lleva el apellido familiar, la Fundación Schlegel, que nació con el objetivo de poner en marcha premios de pintura y literatura, becas de investigación, exposiciones de arte y publicaciones literarias.

El entonces presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidió la ceremonia de presentación y en los años siguientes fueron distinguidos con el premio ‘Vendimiador de Bronce’ Mijail Gorbachov, Mario Vargas Llosa, Juan Antonio Samaranch y Federico Mayor Zaragoza, entre otros personajes ilustres.

Ese empuje cultural se materializó en la creación de un museo dentro de la propia bodega. Viñexa se convirtió en uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad de Almendralejo.

Alfonso Schlegel en una imagen de archivo.

Alfonso Schlegel en una imagen de archivo. / HOY

Tres millones de euros

Pero tres lustros después Viña Extremeña acaba de entrar en preconcurso de acreedores y algunas fuentes calculan la deuda acumulada en más de 3 millones de euros. «Esto se veía venir desde hace cinco o seis años», ha contado a HOY una persona que conoce a fondo la empresa. En su opinión, el desplome de las ventas ha sido progresivo y en los últimos tiempos no se sostenía la situación.

Esta semana ha trascendido que Viña Extremeña ha entregado la carta de despido a los trabajadores que le quedaban y que cesa en su actividad.

Lo mismo ha sucedido con Alcoholes Iglesias, matriz del grupo. Veinte empleados, 14 en Viñexsa y 6 en Alcoholes Iglesias, eran los supervivientes de un expediente de regulación temporal de empleo que no ha conseguido reflotar la empresa. Los veinte despedidos tienen pendiente el cobro de seis nóminas.

También se anuncian pérdidas para los bancos que prestaron dinero a la empresa cuando comenzó a necesitar financiación y para una sociedad pública que participa en empresas extremeñas.

La situación actual tiene poco que ver con la que ha vivido esta empresa familiar desde que fuera fundada en la primera mitad del siglo XX. Su actual responsable, Alfonso Schlegel Iglesias, es nieto de Alfonso Iglesias Infante, un potente empresario que logró hacer fortuna en la capital de Tierra de Barros.

Natural de Santa Bárbara de la Casa (Huelva), llegó a Almendralejo con quince años y pronto destacó por su habilidad para los negocios.

De origen humilde, su espíritu emprendedor le hizo entrar en el sector del vino y los alcoholes, llegando a ser propietario de varias bodegas en Almendralejo, una en Solana de los Barros y otra en Corte de Peleas, donde poseía importantes extensiones de viñedos, al igual que en Badajoz.

Aderezo de aceitunas

Alfonso Iglesias Infante, junto a Leandro Izquierdo, fue uno de los pioneros en el aderezo de aceituna de mesa en Almendralejo, donde llegaron a prohibirles que comercializaran el producto bajo la denominación de aceitunas aderezadas al estilo sevillano. Ese revés no le hizo desistir y finalmente consiguieron demostrar que las empresas sevillanas compraban la aceituna en Tierra de Barros para luego venderla con marcas propias, tal y como figura en uno de los trabajos publicados por Francisco Zarandieta Arenas, Cronista Oficial de Almendralejo.

Precisamente el sector de la aceituna es uno de los que más quebraderos de cabeza ha dado a Alfonso Schlegel, que apostó por una exportadora de aceitunas que terminó fracasando.

Esa deuda, unida a la generada por las bodegas, es la que ha llevado a preconcurso a Viña Extremeña, una empresa con solera que necesita la complicidad de los acreedores para salir adelante o encontrar un comprador que pueda enjugar las deudas contraídas y reflotar un negocio que, además de vino, ha sabido vender cultura.