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Tiros que salen caros

Dos personas practicando el deporte de la caza
Dos personas practicando el deporte de la caza / HOY
  • Las muertes de cazadores por arma son pocas, pero la cifra de accidentesen este deporte está aumentando

La última muerte en la región en la que intervino un arma se produjo el pasado fin de semana en Hornachos, donde falleció un cazador de 44 años. Fue disparado por otra persona a corta distancia con un arma de fuego durante una suelta de perdices. El autor fue acusado de homicidio por imprudencia.Que la caza es un deporte con riesgo es algo asumido por todos los que la practican. Al accidente mortal que puede producir una escopeta o rifle hay que sumarle episodios como morir al caer de un caballo o resbalar en la montaña tratando de cobrar una pieza, lances que han ocurrido en Extremadura en los últimos años con un desenlace fatal.

Los accidentes mortales en este ámbito son dramáticos porque suelen producirse involuntariamente entre conocidos que comparten afición, muchas veces entre familiares, y en algunos casos en parajes de acceso complicado para los profesionales médicos. Valga de ejemplo el suceso de 2009 en Villar del Pedroso, cuando un joven de 18 años se disparó a sí mismo y se desangró mientras esperaba la ayuda que fue a buscar su compañero en plena noche.

Pese a todo, aunque el número de accidentes en general ha subido entre los cazadores extremeños, la cifra de muertes no es alta en la región.

La Delegación del Gobierno carece de una base de datos de accidentes de caza. Mutuasport es la compañía de seguros especializada en caza. La crearon las federaciones territoriales de este deporte y agrupa a la inmensa mayoría de los practicantes. Sus datos distinguen entre daños propios y a terceros. Asimismo separa, además de los fallecimientos por disparo propio o a un tercero, aquellos que fallecieron cazando por causa natural pues ha ocurrido que durante la jornada cinegética algunas personas han sufrido un infarto, por poner el ejemplo más común. Igualmente, recoge los accidentes que han tenido como consecuencia una invalidez, aquellos de cazadores ‘in itinere’, esto es, conduciendo camino del coto o a la vuelta, así como el resto de accidentes cazando sobre los que los mutualistas han dado parte a la compañía.

En Extremadura sube la cifra de federados, ahora en torno a 15.000, pero la cifra de licencias para cazar ronda las 70.000.

En Extremadura sube la cifra de federados, ahora en torno a 15.000, pero la cifra de licencias para cazar ronda las 70.000. / HOY

En la estadística de Mutuasport se observa que, entre el año 2003 y 2015 en Extremadura, han subido los accidentes en general, pero la cifra de muertes es prácticamente irrelevante. Así, si la media de accidentes (no mortales) en estos trece años es de 15,6, solo en 2014 hubo 20 y el año pasado 29 en el apartado referido a daños propios. En cuanto a daños a terceros la media desde 2003 es de 18,6, pero contabilizando solo los de los últimos cuatro años sale una media de 35 partes de accidente, lo que revela una tendencia al alza de incidentes.

En cuanto a muertes, Mutuasport tiene registradas en Extremadura desde 2003 dos fallecimientos naturales (2005 y 2011), una muertes por disparo propio en 2014 y dos por disparo ajeno (2010 y 2013). Fallecimientos ‘in itinere’ no cuenta ninguno, y casos de invalidez resultantes de un siniestro cazando hay seis provocados por el propio cazador, más siete que causó otra persona, once en total entre 2003 y 2015.

Hay que anotar que estas cifras no son exhaustivas, pues corresponden a la compañía Mutuasport y la propia hemeroteca de HOY recoge más casos de accidentes o fallecimiento.

José María Gallardo Gil es presidente de la Federación Extremeña de Caza desde hace tres años. En su opinión, las cifras, que se mueven y que oscilan entre cero y tres muertes al año en la región son una anécdota. «Son muy bajas en comparación con los 70.000 cazadores que pueden salir al campo un fin de semana en temporada», dice. Sin embargo, reconoce que la siniestralidad existe y hace aflorar algunas carencias que él observa en la práctica de este deporte, como la cobertura de los seguros.

Según explica Gallardo, el seguro básico que se exige por ley como responsabilidad civil a terceros contempla una indemnización máxima de 90.000 euros a los familiares del fallecido, cantidad que considera escasa y que debería corregir la Administración. Por eso, prosigue, en la federación que él preside el seguro básico que incluye la licencia federativa es de 390.000 euros como mínimo. Después hay que contemplar los accidentes causados a conductores por perros que se pierden y acaban vagando por la carretera cuyos dueños carecen de cobertura para los accidentes de tráfico que provocan sus animales.

En general –explica– los percances cazando suelen ser accidentes fortuitos, como cuando un perdigón rebota en una piedra e impacta en una persona, o negligencias de mayor o menor alcance. «También hay muchas lesiones causadas por uno mismo, sobre todo a principio de temporada debido a resbalones que provocan torceduras, lo que pasa es que pueden ocurrir en lugares inaccesibles y es necesario movilizar un helicóptero, de ahí la necesidad de contar con un seguro pues la Seguridad Social no cubre daños propios».

Dentro de que casi siempre los protagonistas son varones por ser éste un deporte mayoritariamente masculino, ni las víctimas de los accidentes de mayor gravedad ni los autores responden a ningún patrón. «No suele ser gente novata que no sepa manejar un arma, ya que en general los que llevan poco tiempo cazando suelen ser cautos y guardan las normas. Yo diría que dentro de los pocos accidentes que hay muchos se deben a una negligencia, a un incumplimiento de la norma, como alguien que se mueve de su puesto en una montería, o un tirador que se precipita y dispara lateralmente o tira cuando ve una rama que se mueve sin ver al animal, ya que en ocasiones la mente te juega malas pasadas».

Según Gallardo, el alcohol tampoco está detrás de los accidentes de caza. Lo dice por dos razones, la primera porque si alguno está cerca de alguien ebrio que lleva un arma lo normal es advertirlo al organizador, además de que la Guardia Civil, añade, está presente en muchas ocasiones y vigila estas conductas. La otra razón tiene que ver con algunas modalidades de caza que son muy físicas, en las que se llegan a hacer caminatas que rondan los veinte kilómetros y en las que lógicamente el alcohol no tiene cabida entre los cazadores.

Dice José Antonio Rodríguez, que se dedica a la actividad cinegética desde hace 38 años y en la actualidad dirige la revista ‘Caza Extremadura’, que accidentes en la caza hay pocos, pero existen incluso cuando se hace un uso responsable de las armas. «Nosotros nos hacemos eco de esos accidentes para concienciar a los cazadores y que tomen todas las precauciones posibles», señala este cazador que ha visto morir a una persona a pocos metos por un disparo fortuito y que tiene en su cuerpo 16 plomos procedentes de un cartucho cuya munición le alcanzó cuando le confundieron con un conejo.

Sin embargo, opina que si cada fin de semana se celebra un centenar de aciones cinegéticas, que fallezcan una o dos personas como mucho cada año es porque la gente conoce las normas de segurdiad básicas. «El colectivo en general sabe que las armas son peligrosas, que no se apunta a nadie ni en broma y que no hay que tirar hacia los lados», señala.

Además, recuerda que en España es donde más exigencias se ponen a la hora de obtener permiso para tener un arma de fuego, con la comprobación previa de antecedentes penales (no pueden tenerse), un cuestionario muy básico, un examen psicotécnico y un examen práctico –también elemental– la primera vez que se obtiene un permiso que hay que renovar cada cinco años

Gallardo, el presidente de la federación, recuerda que recientemente se ha incorporado a las normas el uso de alguna prenda reflectante en la parte superior del cuerpo en acciones colectivas de caza mayor, donde al usarse rifles con balas los accidentes suelen ser más graves. Aún así, insiste en que toda precaución es poca.