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Herederos de Alfonso Iglesias Infante, un empresario clave para el vino extremeño

  • En la década de 1920 Alfonso Iglesias fue redactor del periódico local llamado ‘El defensor de los barros’

Viña Extremeña es la cara conocida de una empresa familiar que ha sido clave en el sector del vino extremeño. De su importancia hablan varios estudios publicados por Francisco Zarandieta, quien glosa en varios trabajos de investigación la figura de su fundador, Alfonso Iglesias Infante.

Su faceta de empresario es conocida, pero no tanto su otra pasión: la poesía. En la década de 1920 Alfonso Iglesias fue redactor del periódico local llamado ‘El defensor de los barros’.

Amigo de Luis Chamizo, su presencia era frecuente en las tertulias literarias que se celebraban en Madrid.

Esa sensibilidad artística la compatibilizó con su vocación empresarial, que le permitió regentar varias bodegas en la comarca de Tierra de Barros y participar en empresas alcoholeras donde se destilaban los excedentes de vino blanco que producía Tierra de Barros.

También era conocida su relación con el mundo del toro. Entre 1942 y 1975 fue propietario de la Plaza de Toros de Almendralejo, que cuenta con una bodega bajo su graderío.

Alfonso Iglesias Infante, el fundador de las bodegas, murió en 1980 dejando viuda. Su viuda falleció en 2001. Uno de sus cuatro nietos, Alfonso Schlegel Iglesias, ya era en ese momento la cara visible de Viñexsa, que potenció en esos años el proceso de comercialización internacional de sus vinos de crianza, que se venden en 57 países.

En 2002 la Fundación Schlegel impulsó la creación de un museo en las instalaciones que tiene Viña Extremeña en el inicio de la carretera de Alange, justo a la salida de Almendralejo.

Desde entonces, miles de personas han visitado un lugar creado con gusto en el que se muestran con el mismo orgullo las 10.000 barricas de crianza en las que se envejece el vino que las obras de arte que atesora el museo y las plantas exóticas que embellecen el jardín botánico que rodea a la bodega.

El resultado de tanto esfuerzo queda a la vista, pero esos gastos en marketing no siempre han sido comprendidos por los empresarios de la zona, que recelaban de la viabilidad económica de una empresa que invertía mucho dinero «en todo lo que rodeaba al vino pero que no era vino».

Ahora, con el preconcurso de acreedores a la vista, Viña Extremeña se enfrenta a un momento crítico. En su haber figuran varias marcas de vinos que se venden por sí solas. En su debe, una deuda que le ha impedido seguir con su actividad normal y que amenaza su continuidad.