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Panadero o novelista

Panadero o novelista
  • Luis Brenia cambia dos millones de kilos de harina por 5.000 páginas

Entre el Tajo y el Almonte, Hinojal: 400 habitantes, hoy; 3.000, en los años 60. Con otros tres pueblos (Santiago del Campo, 320 habitantes, Monroy, 1.100, y Talaván, 900) forma lo que llaman 'Us Cuatro Lugaris'. A Hinojal la llaman la pequeña Barcelona porque su trazado urbano es tan racional y cuadriculado como el del Eixample, con la iglesia en el extrarradio y la plaza mayor en un extremo.

Hasta los años 50, en Hinojal no había tahonas, sino hornos públicos, adonde iban los vecinos a cocer su masa. En 1949, el padre de Luis Brenia y un socio abrieron una fábrica electro-harinera, que trajo al pueblo la luz. En 1957, se añadió la panadería. Después llegó Iberdrola, los Brenia se quedaron con la panadería y el socio, con la fábrica de harina. Cuando, hace 30 años, el padre de Luis se jubiló, el hijo se hizo cargo de la panadería.

¿Y quién es Luis Brenia (Hinojal, 1963)? Pues uno de los personajes más curiosos que he conocido viajando por Extremadura. Como presentación, baste un dato: a finales de 2009, tras llevar sobre sus espaldas y entre sus manos más de dos millones de kilos de harina trabajada artesanalmente, decidió tomar una decisión tan drástica como valiente: «En las antepenúltimas le dije a Dios: No hay otra: o panadero o escritor, y los astros se me cuadraron». Y se dedicó únicamente a escribir.

Luis vendió la panadería a sus tres empleados a finales de 2009 y hoy, lo que él llama su continente literario son 5.000 páginas de literatura. «Soy hijo de quien todavía es cuantitativamente la persona que conozco que más ha leído. Yo seguía mis inclinaciones por las letras, ya había catado qué era escribir y cuánto me realizaba. A los 33 años, había escrito una novela íntima de 500 páginas harto trabajada y elaborada, tenía abiertos mis trabajos y me constaba, además, que quien hace un cesto, hace ciento; y si tiene mimbre y tiempo, un cuento», detalla.

Conocí a Luis en mayo de 2008, unos meses antes de que tomara la decisión de venderlo todo y dedicarse a la literatura. me fascinó su tahona, donde, a las tres de la madrugada, olía a pan y sonaba Beethoven. Había dos hornos: en uno, moderno, se cocían las libras candeales de masa dura con la leña dándole un sabor especial; en otro horno, moruno, circular, antiguo y apagado, Luis Brenia escribía de diez de la noche a tres de la madrugada mientras escuchaba la obertura de 'Coriolano'. A partir de las tres, dejaba la literatura y se dedicaba a las chapatas, las vienas y las barras.

Tras centrarse exclusivamente en su obra literaria y apartarse del obrador, Luis se dedicó durante los años 2014 y 2015 a procesar y autoeditar sus textos. «Escogí Amazon y Createspace por sus facilidades y a fin de asegurarme la publicación de mis obras a la carta, pero apenas me he preocupado de divulgarlo y casi nadie me conoce ni me ha leído», reconoce antes de confesar que no está en las redes sociales. «Tampoco he tratado con editoriales, instituciones ni medios ni apenas he procurado rentabilizar mi cosecha literaria en forma alguna ni gozo de mecenas ni tengo ambiciones de éxito, reconocimiento o renombre, ganas de perder el tiempo ni leches», aclara.

Aparte de atender a su madre (su padre está en la residencia geriátrica de Garrovillas) y a Ringo, su precioso perro lobo, su prioridad personal es escribir. «En este pueblo dispongo de condiciones; también a él llega el siglo XXI; de hecho, se filtra mejor», expone. Desde Hinojal, el panadero escritor ha publicado en formato electrónico, en Amazon, y en papel, en su filial CreateSpace, dos libros de cuentos, un cómic sin viñetas, nueve novelas y un tratado: un catálogo literario con mucha miga.