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Daño a la imagen pública de la región

A falta de que se aclaren diversos detalles técnicos y se diluciden las presuntas irregularidades en que hayan podido incurrir los responsables de la empresa de los smartphone Zetta, conocidos como los «smartphones extremeños», la primera evidencia para Extremadura es que se ha producido un daño considerable en la imagen pública de la región desde el momento en que mediáticamente se vincula la palabra «extremeño» con un caso de presuntas falsedades y engaños. Se trata de un daño difícilmente mensurable, pero en cualquier caso muy significativo pues incide no solo en una persona ni en un negocio y ni siquiera en un sector, sino en ese intangible esencial que se denomina la marca de una región.

No puede consentirse que en una comunidad autónoma que lleva años tratando de sacudirse tópicos ancestrales e intentando disolver estereotipos alimentados por el desconocimiento, la distancia o la simple inercia, el mal ejemplo de un caso como éste destruya todos los avances y nos devuelva a la casilla de salida. Vuelvan a colgarnos un sambenito. Para mayor infortunio, el escándalo mediático se produce en un sector, el de las tecnologías de la información, donde la 'transparencia' debe ser, por principio, un valor insoslayable.

Es obvio que el caso de los 'smartphone Zetta' fue percibido en un primer momento como el del pequeño David que osa enfrentarse a los gigantes para devenir al poco tiempo en un episodio que se resume con la sentencia popular «más dura será la caída». Resultaría muy injusto que la acción de una sola empresa o de una persona erosionara de forma significativa la imagen pública, la marca, de una comunidad autónoma como Extremadura que se ha esforzado, dentro de sus posibilidades, por mejorar el valor de los avances en el campo de la innovación y de la modernización tecnológica y científica. Por tanto, parece desalentador que casos como éste roben espacio y echen una cortina de silencio mediático sobre experiencias tan prestigiosas por ejemplo como el Centro de Cirugía de Mínima Invasión de Cáceres o los institutos tecnológicos extremeños. Sin embargo, no hay que caer en el desánimo, pues si bien es cierto que el episodio de los 'smartphone Zetta' golpea con un poder simbólico negativo muy fuerte, en realidad, desde la perspectiva productiva y económica es una mera anécdota, un asunto casi irrelevante.