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Los trolls contra Piqué

El futbolista Gerard Piqué con su esposa Shakira. :: HOY
El futbolista Gerard Piqué con su esposa Shakira. :: HOY
  • Para resistir el acoso de los matones hay que armarse de indiferencia

Si usted y yo hiciéramos como Piqué, servidor habría dejado de escribir hace tiempo y usted habría dejado sus aficiones hace años. A Piqué lo han crujido en las redes sociales. El motivo daba lo mismo, el caso es que se había levantado la veda contra él y el acoso ha sido brutal, se trataba de una especie de deporte nacional: la caza a Gerard Piqué.

El futbolista lo tenía todo: alto, divertido, inteligente, guapo, triunfador, casado con una chica bella y famosa, con ideas propias y jugando muy bien al fútbol. Solo le faltaba un flanco débil para poder descuartizarlo aferrándose a un pretexto. Se encontró en cuanto manifestó sus ideas políticas y sus inclinaciones nacionalistas, que son muy respetables por mucho que a millones de españoles nos parezcan pamplinas sin fundamento y planteamientos históricos forzados que podrían valer para cualquier región, incluida Extremadura. Pero equivocadas o no, eran respetables.

A partir de ahí, cualquier detalle valía. El último, que se había recortado las mangas de la camiseta para que no se viera la bandera española, ha sido el que ha colmado el vaso de manera ridícula, entre otras razones, aunque eso es lo de menos, porque en esas mangas que se recortó no aparecía ninguna bandera española.

Pero lo que le ha pasado a Piqué le pasa a miles de españoles cada día. No hace falta ser famoso, esbelto ni triunfador para que el acoso en Twitter, Facebook y otros paraísos del anonimato sea brutal. No importan la edad, el sexo, la condición social ni la actividad profesional. Si te manifiestas o, incluso, si existes, ya eres una potencial presa de caza.

La clave para no sucumbir está en resistir. La mayoría aguanta, pero hay quienes como Piqué no pueden mantener el tipo tras miles de mensajes ofensivos o como esas jóvenes que se quitan la vida al ser desvelada su intimidad o ser destrozada su reputación.

El acoso cobarde existe desde siempre. Antes se aguantaba y punto. Ahora, se le ha puesto nombre y se denuncia y se persigue, pero no es fácil acabar con él. En el colegio, el matonismo estaba a la orden del día y el matón, amparado en el miedo de los demás a ser objeto de sus ataques, veía cómo los compañeros le reían la gracia de acosar al más débil una y otra vez, un día y otro día, un recreo y otro recreo.

Ahora, ese acoso se llama bulling e intenta controlarse, pero sigue existiendo porque la cobardía nunca desaparecerá de la faz de la tierra. Aquí, sancionamos a los niños acosadores. En Finlandia, que siempre se pone como ejemplo de pedagogía avanzada, la violencia psíquica escolar se combate educando a los niños en el respeto y en no reírle las gracias al acosador, que si no tiene público, no disfruta. Y están consiguiendo unos resultados espectaculares en la lucha contra el bulling en la escuela.

Con los trolls, que es como se llaman los acosadores en las redes sociales, nada se puede hacer mientras sus 'amigos' y 'seguidores' les riamos las gracias y llenemos de 'retuits', 'me gusta' y 'comparto' su página personal. ¿Pero cómo educamos a sus cobardes 'ríe-gracias' si ni van ya a la escuela ni esto es Finlandia?

La opinión de escritores y filósofos que escriben sobre este tema es que la única solución para mantener una buena salud mental y no dejarse influir por la falta de rigor y las sobras de mala baba de los trolls es no leer nunca sus comentarios en las redes. Pero cuidado: nunca es nunca. Si los lees todos los días o algunos, acabas escribiendo o actuando para ellos porque si el matón de la clase te dice en cada recreo que eres un tonto y un inútil, acabas creyéndotelo. Y o le ríes la gracia o dejas de escribir, de jugar, de vivir.