Hoy

Forjarse un futuro lejos de casa

  • Más de 2.200 extremeños se instalaron en otro país el año pasado, casi el doble que en el comienzo de la crisis

Cuando llegué a Belfast (Irlanda) solamente tenía perspectivas de quedarme seis meses de prácticas y luego volver a Badajoz, pero la empresa me ofreció un puesto fijo y dada la situación en España decidí quedarme. Tres años después aún sigo aquí, y sinceramente sin vistas de volver a corto plazo pues estoy aprendiendo, estoy trabajando de lo mío». Es parte del testimonio de Lidia Cabanillas, extremeña licenciada en Arquitectura que, como la gran mayoría de emigrantes, añora España y el buen tiempo. No descarta regresar, aunque todos reconocen que cada año que pasa lo ven más complicado.

Guadalupe Fernández se mudó a Virginia (Estados Unidos) por amor y ya tiene allí cuatro hijos. Otra extremeña, Guadalupe Morera, lleva ocho años en Inglaterra y se acaba de comprar allí una casa. Francisco Aunión, que creció en Puebla de la Calzada y ahora tiene 32 años, reconoce que cada vez está más a gusto en México.

La cifra de extremeños que se marcha al extranjero ha crecido en los últimos tiempos y desde que empezó la crisis casi se ha multiplicado por dos. Si en el año 2008 1.349 personas de entre 20 y 50 años habían abandonado la comunidad autónoma para instalarse en otro país, siete años después, en 2015, ya eran 2.252 los extremeños que habían fijado su residencia en el extranjero, según los últimos datos regionalizados sobre flujos migratorios que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE).

En esta comparativa llama la atención que entre 2008 y 2015 el número de mujeres que emigraron decreció, pasando de un 62% a un 56% siete años después. De la estadística se deduce además que el grueso de estos emigrantes tiene entre 25 y 39 años, un tramo de edad que representa el 63%.

Jesús López Corrales tiene ahora 44 años y su primer destino fue Alemania. Emigró con su pareja. Ella había encontrado trabajo de investigadora postdoctoral en Colonia, Alemania. «Allí estuvimos viviendo más de nueve años, hasta que le surgió la posibilidad de trabajar como profesora en la Universidad de Galway y por eso en el 2015 nos vinimos a Irlanda», dice este pacense que antes era topógrafo y trabajó en la delegación de Andalucía de Joca durante seis años. «Estando en Alemania tuve la ocasión de entrar en contacto más directamente con el mundo de la ciencia e hice una formación profesional para técnico de laboratorio. Ahora en Irlanda estoy buscando trabajo y mientras tanto hago prácticas en la universidad en Galway». Su plan inicial era estar tres años fuera. Lleva más de diez, periodo en el que ha ido teniendo sobrinos que reconoce echa mucho de menos pues solo regresa en navidades y algunos días en verano.

«No descarto regresar a España en absoluto», afirma Guadalupe Fernández desde Gloucester (Virginia, Estados Unidos). Estudió Filología inglesa en Salamanca. Ahora tiene 39 años y después de cuatro años de novios y casarse en Badajoz con un norteamericano que apenas hablaba español ambos cogieron un vuelo a Estados Unidos.

Guadalupe lleva desde 2004 y ya ha tenido cuatro hijos fuera de España. «Vine porque para mí era más fácil encontrar aquí trabajo que en mi país, ya que para ser profesor no hay que opositar. Estuve enseñando español durante cinco años en un instituto, pero luego me quedé en casa porque con hijos se me iba el sueldo en guarderías, ya que son el triple de caras que en España y los pequeños no empiezan el colegio hasta los cinco años. Ahora me dedico a la fotografía y me saco un pequeño sueldo que me permite estar en casa con mi hija pequeña».

La tasa más baja de España

Aunque en la región crezca el número de personas que hace las maletas, la tasa de emigración al extranjero por parte de los extremeños es la más baja del país.

El estudio elaborado por Andreu Domingo y Amand Blanes para el informe 'Panorama social' publicado este año habla de que en la región 39 de cada 100.000 residentes se instalaron en otro país en el periodo comprendido entre 2009 y 2014. Por comunidades autónomas las tasas más altas se dan en Madrid y Galicia, con 173 y 112 emigrantes nacidos en España por cada 100.000 residentes en este mismo periodo.

El idioma, una barrera

Cuenta Guadalupe Morera, ahora con 34 años y que fue despedida de su empresa de construcción cuando comenzó la crisis, que ella lleva ya casi ocho años en Inglaterra -primero en Manchester y en la actualidad en Southampton-, y que lo más duro al principio fue encontrar empleo de ingeniera y dominar el idioma pues no entendía muchos chistes y al teléfono le costaba comunicarse .

«Cuando acabé mi curso de inglés -relata- me di cuenta de que necesitaba mucho más tiempo en Inglaterra para conseguir un nivel decente. Decidí seguir estudiando y buscarme un trabajo en la hostelería que me permitió practicar inglés a diario y pagarme mis gastos. Estuve así cerca de un año hasta que conseguí hacer mi primera entrevista profesional. Después tardé otro año más en encontrar trabajo, casi tiro la toalla porque me pedían experiencia en el país, la cual yo no tenía. Pero es que en España ni me llamaban. Llegué a ponerme un tope para volverme a España si no encontraba nada porque no poder comunicarme me frustraba bastante porque yo hablo mucho. En la actualidad me considero muy satisfecha con la vida que llevo aquí, tanto laboral como personalmente. Me gusta mucho mi trabajo y además creo que se me valora más profesionalmente que en España. Mi salario es mejor ¡y ademas no me explotan!».

Guadalupe Morera, la joven que se fue Estados Unidos, está contenta pues su ciudad es un sitio histórico con muchos turistas, playa, museos y parques, pero aclara que no todo es lo que parece. «Éste es un gran país con muchas ventajas y cosas positivas, pero definitivamente no es lo que te venden en las películas. Hay mucha injusticia social, problemas de racismo y xenofobia, por no hablar de carecer de seguridad social médica. Ni siquiera existe la baja maternal y esto me parece indignante», señala.

El caso de Paco Aunión, afincado en la ciudad mexicana de Mérida, es el de un joven con una vida social y asociativa muy intensa en Extremadura. Es de una localidad pacense, Puebla de la Calzada y terminó la carrera de Químicas en la Universidad de Extremadura. Se fue a vivir a Badajoz durante casi 11 años mientras compaginaba estudios con diversos trabajos y voluntariados.

Su peripecia empezó con una beca Americampus que lo llevó a México en julio de 2013. «La idea era estudiar un semestre aquí y regresar a España, pero se cruzó en mi camino una nueva organización (Intégrate México) y ella junto al encanto mexicano me hicieron plantearme el quedarme un poco más. De esa manera enlacé tres semestres seguidos con diferentes becas, pero solo un semestre recibí beca económica, por lo que en Mérida comencé a trabajar de pinchadiscos en bodas y fiestas. Cuando acabé mi última asignatura en México comencé con una tesina, y al terminarla ya llevaba 22 meses viviendo en Mérida y era el coordinador de Intégrate Mérida, organización que se dedica a recibir a estudiantes de intercambio de todo el mundo. Regresé cinco meses a España, solicité una nueva beca y volví a Ciudad de México para hacer un semestre de prácticas en un laboratorio de plaguicidas. A los seis meses la empresa me contrató y así pasé un año en una de las ciudades más grandes del mundo. En mayo de este año me comunicaron que quedaba libre la plaza de representante del laboratorio en el Sur de México, por lo que podía trasladarme a vivir a Mérida, así que volví. Es la ciudad más segura de México y con gran calidad de vida. En resumen, de lunes a viernes trabajando unas ocho horas diarias para Quimix y el resto del día y fines de semana organizando eventos, viajes y alojamiento para jóvenes de todo el mundo».

«Respecto a si pienso regresar a España es algo que en los últimos días me planteo cada vez más, pero aún no lo tengo claro. Todos sabemos que en España la situación laboral es difícil. Mi empresa intenta extender el comercio en Europa comenzando por España y ese sería un proyecto interesante que me haría regresar, pero volver sin tener nada no lo veo muy práctico ahora mismo. México es un país increíble, con mil opciones para disfrutar la vida, aunque hay muchos momentos muy difíciles cuando hay cosas que no puedes compartir con los tuyos y eso duele. Sientes cómo vas separándote de tu raíz».

Jesús López Corrales, que llevaba nueve años en Alemania y después marchó a Irlanda, se considera integrado, aunque admite que a él le ven como un extranjero. Además, cree que tiene mucha suerte pues le gustan los deportes al aire libre y habla de paisajes espectaculares cerca de casa que le permitían hacer senderismo y rutas en bici. Hace poco se ha apuntado al club de kayac de su ciudad.

Pero hay cosas que echa de menos este pacense. «Sobre todo añoro la familia y los amigos. Desde que vivimos en Irlanda también el sol y un verano de verdad o por lo menos con temperaturas por encima de los 20 grados», explica Jesús.

Guadalupe, afincada en Estados Unidos, opina parecido: «Echo de menos la vida social. La gente aquí es muy individualista y la vida en la calle solo existe en las grandes ciudades. No existe eso de salir de cañas y sé que mis amigas en España siempre están quedando para hacer cosas juntas. Aquí no, la mayor parte del tiempo están con sus familias y nadie más».

Por destinos, los países de la Unión Europea es donde recalan con mayor frecuencia los extremeños de entre veinte y cincuenta años que deciden afincarse en otro país. Según la estadística del INE, allí acaba el 52 por ciento, lo que supone 1.612 personas. El segundo continente preferido por los emigrantes extremeños es Sudamérica, donde el idioma no es una barrera. En esta parte del mundo se fueron el año pasado 238 extremeños, el 10,7% de los emigrados.

A África se fue el 5,4%, 120 personas, si bien en este continente llama la atención que de esta cifra solo veinte personas fueran mujeres, tal y como indica el INE.

Excepto Guadalupe Fernández, que reconoce que cada vez viene menos a España debido a que la distancia con Estados Unidos es mayor, y lo que espera es que sus allegados la visiten más, la mayoría de los entrevistados indican que vuelven en las fechas navideñas y en algunos casos una o dos semanas en verano.

Para la socióloga Elisa Chuliá, que opina que ir a trabajar al extranjero es una experiencia positiva siempre que estas personas regresen definitivamente a España, habría que incentivar los regresos con políticas adecuadas que retengan aquí los conocimientos adquiridos fuera.