Hoy

Alejandro ya tiene su aeródromo

Alejandro Zapata, de 54 años, posa junto a su avioneta en su propio aeródromo. :: Lucio Poves
Alejandro Zapata, de 54 años, posa junto a su avioneta en su propio aeródromo. :: Lucio Poves
  • Un piloto aficionado de Los Santos de Maimona logra los papeles para tener su instalación

Volar produce una sensación de libertad que solo se puede experimentar de una manera total cuando uno sube a una sencilla aeronave desde la que se contempla todo el horizonte. Volar es algo más que una pasión para Alejandro Zapata Gordillo, quien a sus 54 años ha hecho realidad un sueño que de niño revoloteaba en su cabeza: disponer de un aeródromo propio para poder iniciar y concluir sus vuelos como piloto deportivo.

Alejandro nació en Los Santos de Maimona, y sus compañeros del colegio le recuerdan de pequeño como un chaval inquieto cuya vista seguía a los aparatos que volaban los cielos del pueblo. Él los emulaba abriendo los brazos y haciendo con la boca el sonido del bimotor, o se fabricaba aviones de cartón que se estrellaban pronto con el primer árbol que se encontraban en el camino.

Alejandro, pasado el tiempo, quiso ser piloto militar pero se quedó en el camino. Los revolcones en los exámenes de ingreso en la Academia del Aire no le quitaron ni un ápice de su pasión por volar. Dice ahora que «lo verdaderamente apasionante de un sueño es el camino que te lleva a hacerlo realidad». Tiene un sobrino que es capitán del Ejército del Aire y pilota un F-18 en la Base Aérea de Torrejón.

Alejandro aprendió a volar en aquellos ultraligeros de primera generación en el aeródromo de Cáceres, porque por algo había que empezar, y ahora dispone de su aeródromo propio que ha bautizado con el nombre de 'Virgen de la Estrella' en honor de la patrona de Los Santos. Sin embargo, para ser exactos en coordenadas geográficas, la pista de tierra compactada está en el término municipal de Puebla de Sancho Pérez.

«Esta finca la heredé de mis padres y a un lado y otro de la pista tengo plantado un viñedo en espaldera con uva garnacha. Todo lo que ves aquí lo he hecho yo, naturalmente con la supervisión de las autoridades e ingenieros aeronáuticos: la pista de rodaje -que tiene 400 metros- vino a hacérmela un agricultor con sus grandes maquinarias, el hangar lo he montado yo pieza a pieza tras traerme de Mérida la estructura; hasta las señalizaciones de la dirección en los umbrales de la pista las he dibujado yo en el suelo o la marcación magnética de la cabeceras de pista. Todo artesanal y sin apoyo económico de nadie».

El de Alejandro es un aeródromo clasificado por sus dimensiones como 'restringido'. «Antes a los ultraligeros se les permitían pistas más pequeñas, pero ya la normativa los ha suprimido; aeródromo 'restringido' quiere decir que el comandante de la nave que quiera aterrizar aquí ha de conocer sus limitaciones y no siempre podrá hacer uso de él. Las mayoría de los aeródromos que hay en Extremadura son 'restringidos' excepto Morante (La Roca de la Sierra), el Manantío (Badajoz) o La Cervera en Cáceres, que son 'no restringidos' y permiten el despegue y aterrizaje de aeronaves de mayor envergadura y peso».

Para hacer un aeródromo particular de uso exclusivamente deportivo Alejandro Zapata ha estado tramitando papeles durante varios años. «En Extremadura el principal escollo para hacer un aeródromo es la declaración de impacto ambiental que tienes que presentar en el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente ya que la Junta de Extremadura, en este tipo de aeródromos, no tiene las competencias. Empecé a presentar documentación en el año 2010 y he terminado por conseguir la autorización en 2015. Sin disponer del permiso del ministerio, la Agencia Estatal de Seguridad Aérea no te da el visto bueno y luego han de ponerse de acuerdo tres administraciones: Ministerio, Junta y Ayuntamiento -en este caso el de Puebla de Sancho Pérez-. A partir de ahí todo está listo y ya tengo mi añorado código, que en el caso de mi aeródromo, es LEVE. Las dos primeras letras se refieren a que está localizado en España y las dos últimas hacen referencia a Virgen de la Estrella (VE), el nombre que le he puesto al aeródromo».

Otro escollo que se encuentran quienes quieren construir un aeródromo particular en Extremadura, es la Base Aérea de Talavera, ya que el radio de 'zona controlada' en torno a ella es de 50 kilómetros.

«Yo afortunadamente estaba fuera de esa restricción», dice aliviado Alejandro, ya que el aeródromo Virgen de la Estrella está situado entre El Raposo, Puebla de Sancho Pérez y Los Santos de Maimona, junto a la Autovía A-66. Precisamente, ha de sobrevolar esta vía cada vez que entra por el umbral de pista que arranca unos metros más allá.

«Como comprenderás -dice- no hay empresa privada ni promotor o emprendedor que resista cinco años de trámites burocráticos; esto se hace por afición, por espíritu deportivo y por la pasión de volar». Pero el hecho de ir materializando el aeródromo no ha supuesto que Alejandro haya estado en tierra. Su pasión por volar la ha mantenido siempre intacta y la ha practicado en otros aeródromos de Extremadura -operaba en Mérida- . Y aquí viene otra faceta ciertamente singular de nuestro piloto.

Su propio avión

Con orgullo enseña el ultraligero que él mismo se confeccionó «Ese es el Don Quijote, que hice pieza a pieza, según los planos de un ingeniero polaco que lo bautizó así, 'Don Quijote'. Lleva un motor de coche de los antiguos Volkswagen 'escarabajo' y es un monoplaza; fabriqué las piezas con los planos de construcción y las fui ensamblando; se trata de una aeronave experimental en el que vuelo menos, pero que me da muchas satisfacciones».

Alejandro tiene la licencia de vuelo desde el año 2002 -la sacó en el aeroclub de Cáceres- y en 2004 se habilitó como instructor de vuelo en Toledo. «Ahora tengo un avión italiano -el Tecnan- que está certificado y homologado para enseñanza; es el clásico P-92, biplaza, en el que tanto los mandos de pies como los de mano son dobles. Como ultraligero funciona con gasolina de automoción».

La habilitación de Alejandro Zapata como instructor le permite formar a pilotos de ultraligeros, que es el primer escalón para poder volar; luego la escala en aviación civil sube a piloto privado, piloto comercial y concluye con piloto de líneas aéreas.

«Hay dos exámenes para pilotos de ultraligeros: uno teórico -que los alumnos suelen hacer en Sevilla- y otro práctico que ya se puede hacer en el aeródromo Virgen de la Estrella y que es donde se aprende a volar; además, con el teórico y una certificación del fabricante, también se pueden operar drones».

En sus ratos libres, Alejandro se dedicará ahora más que nunca a la formación de pilotos de ultraligeros en su avión biplaza con peso máximo al despegue de 450 kilogramos y que puede subir a una altura máxima -así lo establece aviación civil- de 300 metros sobre el suelo.

«En Extremadura hay que tener muy en cuenta las colonias de buitres porque un encontronazo con una de estas aves puede ser peligroso», Aunque reconoce que los cielos extremeños están muy limpios de tráfico aéreo y volar -que es un deporte de riesgo- no debe suponer ningún problema.

La homologación de Alejandro le permite llevar a cabo 'bautismos de vuelo' en su avión. «Esto -dice- está ahora muy de moda. Te llaman por el cumpleaños de alguien o por la despedida de soltero, y te piden un vuelo como acompañante. Yo no obligo a nadie a volar pero si está convencido, no me importa hacerlo».