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Ración de tortilla de patata en un bar. :: HOY
Ración de tortilla de patata en un bar. :: HOY

Las croquetas de mamá

  • Nunca debes pedir los platos que bordaba tu madre

Lo de que al lugar donde fuiste feliz no debieras tratar de volver, que canta Sabina y recomiendan los pesimistas, es una chorrada. Creo yo. A mí me molan los lugares donde fui feliz. Repaso espacios mágicos de mi pasado: Asturias, la tierra de mi padre; la dehesa de Ceclavín, pueblo donde nació mi madre; Candelario, donde veraneé desde los tres años; Zamora y Salamanca, donde estudié; Vilagarcía de Arousa, donde viví los años fundamentales de mi vida. A todos esos lugares vuelvo y todos me resultan gratos y me estimulan. Es más, los buenos recuerdos los convierten en territorios mágicos, poéticos, evocadores.

Con lo que ya estoy más de acuerdo es con la idea de que nunca debes pedir en los bares ni en los restaurantes los platos de cocina que bordaba tu madre. Y lo que nunca debes hacer bajo ningún concepto es pedirle a tu pareja que te los prepare porque colocarás a esa persona ante un empeño imposible: nadie hace la comida como tu madre.

En realidad, el canon gastronómico lo fijan las madres. Existe mucha discusión sobre si la tortilla debe de ser con la patata suelta o con la patata formando una masa; con cebolla o sin ella, con la patata frita y doradita o con la patata semicocida. Pues no, no hay regla ni ley escrita que fije las claves de la tortilla española salvo una norma estricta: la tortilla de patata canónica es la que hace nuestra madre.

A pesar de este dato, constatado a lo largo de muchos años y muchos bares, sigo cayendo en la tentación de pedir tortilla en cuanto aparece en la carta de raciones. En verdad, no pido una comida, sino que me embarco en una búsqueda del tiempo perdido que casi nunca obtiene fruto: ninguna tortilla es como la de ella, que, por cierto, la hace con la patata bien frita, el huevo una pizca suelto y con cebolla. Inigualable.

A veces, mi mujer hace una tortilla, pero yo creo que se sabe de antemano abocada al fracaso y acaba poniéndose nerviosa. La última, vez, se le cayó y terminó sirviéndome un revuelto muy sabroso, pero no, no era la tortilla de mi madre y ya ha desistido.

Hay otros cuatro platos muy maternales que pido sin dudar y siempre me desilusionan. Son la ensaladilla rusa, el gazpacho, los filetes rusos y las croquetas. Dejo a un lado el arroz caldoso porque eso ya es una labor de orfebrería en la que fracasa todo el mundo menos mi mamá, que me mima y me lo prepara cuando se lo pido.

En mis cumpleaños, siempre pedía a mi madre que me hiciera ensaladilla y filetes rusos. En ese punto volvemos a las discusiones: ¿debe llevar cebolla la ensaladilla, y aceitunas, y guisantes, le ponemos zanahoria, la patata será entera o machacada? Sé que existe una ensaladilla canónica, pero solo la de mi madre me hace derretirme en cada bocado. A veces, mis amigas me aseguran que la suya está muy buena, me traen un 'táper' y yo, como la canción de Alejandro Sanz, «se lo agradezco, pero no».

La de mi madre lleva, lógicamente, mayonesa, patata en dados sin machacar, nada de guisantes, zanahoria ni cebolla, sí lleva aceitunas, la decora con huevo cocido y, atención: el bonito lo prepara ella en conserva durante el verano y los pimientos rojos con su jugo también los conserva ella. ¡Una pasada!

Sus croquetas de pollo o de jamón y huevo cocido no tienen parangón, los filetes rusos los prepara jugosos con patata cocida disuelta entre la carne picada y el gazpacho es verde de poleo. Yo sigo erre que erre pidiendo estos pinchos o raciones en bares y restaurantes, pero siempre fracaso. Y en casa nadie se atreve desde hace años con estos platos por miedo a hacer el ridículo.

En conclusión, para no frustrarme ni tener discusiones tremendas por no ser capaz de callar y acabar siempre diciendo que está mejor lo que prepara 'mi mamá', he acabado comiendo sushi, raviolis, chucrut, cus cus y otras extravagancias que mi madre no preparaba y así no hay comparación. Ni placer.