Hoy

Guadalupe luce su hispanidad sin el sol

Un grupo de jóvenes peregrinas de Herrera del Duque celebran la llegada al real monasterio. :: brígido
Un grupo de jóvenes peregrinas de Herrera del Duque celebran la llegada al real monasterio. :: brígido
  • Con una procesión de los caballeros por el claustro del monasterio y menos caballistas, la villa festeja la gran jornada

  • La suave y persistente lluvia no impide que miles de personas acudan el 12 de octubre a la Puebla para honrar a la Virgen

Tres ejemplos para una sola devoción. Victoriano Chamorro, de 68 años, y su mujer Ángela, de Guadalmez (Ciudad Real), a 152 kilómetros de Guadalupe: se casaron en el monasterio extremeño y acuden allí desde entonces cada 12 de octubre. Félix, Jorge y Álvaro, jóvenes de Herrera del Duque, peregrinos que salieron de su pueblo a las diez y media de la noche del martes y, tras doce horas y 57 kilómetros a pie, llegaron ayer a la capital espiritual de Extremadura. Algo que hicieron a caballo, durante tres jornadas, los 50 jinetes y amazonas de la asociación Albillo, de Monroy (Cáceres), a 120 kilómetros de Las Villuercas.

Todo esto es Guadalupe y su Fiesta de la Hispanidad. En realidad, es mucho más porque el pueblo, sus calles y sus bares se llenan durante horas de españoles, franceses, alemanes y cualquier ciudadano latinoamericano. Sea turista o peregrino, cualquiera que desee festejar el 12 de octubre y honrar a la Reina de las Españas (88 años ya de su coronación canónica) y a la patrona de Extremadura.

El ritual del 12 de octubre se repite en la Puebla con la sola incógnita del tiempo. Ayer tocó agua y niebla, aunque la lluvia, constante, fue casi siempre suave. El sol se ausentó. La costumbre habla de miles de caballistas (se dice 5.000 pero ayer seguro que llegaron menos) en su paso por la plaza. También habla de la doble procesión de los Caballeros de Guadalupe. La lluvia hizo que la segunda se hiciera por el hermosísimo claustro mudéjar del monasterio. Garbayuela (La Siberia), de 530 vecinos, tiene a 14 de ellos en ese colectivo nacido hace 87 años para perpetuar la fe guadalupense. «Somos porcentualmente el pueblo que más tiene», presumió uno.

El ritual profano en Guadalupe incluye subidas de precios en la hostelería (un café con leche costó 1,40 euros; lo normal, un euro); personas descompuestas para hacerse una foto junto a la fuente, con basílica al fondo, donde está la pila bautismal de los primeros indios cristianizados de América (1496)y la búsqueda incesante de aparcamiento para estacionar donde se pueda.

Ese último problema no lo tuvieron Sor Inés, Sor Iluminada y el padre Patricio. Los tres kenianos. Las monjas, de clausura, son franciscanas del convento de Trujillo. Inés era la primera vez que venía a Guadalupe, lo mismo que el sacerdote. Su dicha era visible. «Es algo maravilloso», comentó Iluminada.

Los tres religiosos, junto a decenas de fieles, se agolparon en la basílica para la misa de las doce. No estuvo el arzobispo toledano, Braulio Rodríguez. La liturgia fue asunto del guardián del real monasterio, Fray Antonio Arévalo Sánchez. En la homilía solo apareció la palabra Extremadura en dos ocasiones (y ninguna para hacer referencia a la demanda eclesiástica por una Guadalupe en diócesis extremeña) y habló de la grandeza evangelizadora de la Virgen. En las peticiones, el superior rogó a Dios para que «otorgue un gobierno estable y seguro a España» que se preocupe de sus ciudadanos.

Fuera, en la plaza, Juan García Pérez, lotero de Guadalupe, que vende billetes como nunca en el día de la Fiesta de la Hispanidad, estaba feliz pero a medias. «No estaría mal que vendiera menos hoy pero más en el resto del año», clamó. Como filosofía comercial está bien pero la verdad es que 12 de octubre solo hay uno. Un día en el que Guadalupe deja de ser silenciosa y pequeña para ser bulliciosa y, por resumir, se convierte en parte del centro del mundo.