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Una solidaridad poco explorada

Lourdes, de 26 años, en la oficina de Ongawa en el campus universitario de Badajoz. :: J. V. Arnelas
Lourdes, de 26 años, en la oficina de Ongawa en el campus universitario de Badajoz. :: J. V. Arnelas
  • Lourdes Ledesma Chamorro | Bióloga y voluntaria del proyecto 'El váter fantasma'

Cuando era pequeña sentía gran curiosidad por las enfermedades. «Me gustaba saber qué las provocaba, cómo se curaban y la investigación en general relacionada con virus, bacterias y gérmenes», dice Lourdes Ledesma (Badajoz, 1989), quien años después se licenció en Biología por la Universidad de Extremadura.

No fue fácil convertirse en bióloga, reconoce, ya que tardó ocho años en acabar una carrera que hubo de simultanear con empleos esporádicos pues ella y su gemela son las la pequeñas de una familia humilde de seis hermanas. Hasta el momento no ha encontrado trabajo en aquello para lo que estudió, pues explica que necesitaría hacer un máster que de momento no se puede pagar. «Mi único trabajo como tal fue haciendo tres meses de prácticas en una empresa, pero no cobraba por ello», comenta esta joven pacense que eligió colaborar con una oenegé, labor que compagina con un negocio de chucherías en la barriada pacense de San Roque.

Su elección fue Ongawa-Ingeniería para el desarrollo humano, y en la actualidad está inmersa en la difusión de un proyecto relacionado con la igualdad de género que tiene que ver con la dotación de letrinas dignas en países en vías de desarrollo. «Intentamos que palabras como váter o letrina no sean tabú en muchos medios de comunicación y que se dé a conocer lo que pasa cuando en determinadas sociedades no tienen acceso a redes de saneamiento, lo cual afecta más directamente a las mujeres, que siempre son la parte más débil en aquellos lugares donde se dan desigualdades. Si ocurre en España con casos de maltrato, imagina en cualquier otra parte del mundo, donde la mujer tiene más que perder y muchas son tratadas como objetos».

El proyecto de Ongawa y que personas como Lourdes se encargan de difundir usa el cómic 'El Váter fantasma' como vehículo para llegar a la gente. Su protagonista es Margarita, una persona que existe de verdad en Nicaragua. Ella llama la atención sobre qué ocurre cuando no hay saneamiento, lo cual tiene como efecto que se contamina el agua y se propagan las enfermedades. La idea y guion son de Emma Gascó y Martín Cúneo.

Margarita cuenta que en su casa, hasta que tenían cinco años, defecaban en las afueras del patio. Y cuando empezó a usar una especie de cajón con agujeros tenían miedo de asomarse al interior pues desprendía un hedor terrible. Los hombres lo tenían más fácil pues simplemente se alejaban por el monte para hacer sus necesidades, narra el cómic. Sin embargo, en el caso de las mujeres, estas quedan expuestas a mordeduras de animales y en el peor de los casos a violaciones por parte de hombres que las asaltan cuando se alejan solas.

Otro efecto de la ausencia de letrinas es que cuando a las jóvenes les viene el periodo dejan de ir a la escuela y todo lo relacionado con su higiene personal se complica.

También explica que en muchos países donde el agua es un bien escaso es tradición que las mujeres se encarguen de acarrear el agua desde lejos.

Según el informe que acompaña este proyecto, tener acceso a un váter no es un tema baladí sino que tiene relación con una de las prioridades de Ongawa: trabajar por la consecución del derecho humano al saneamiento, cuyo logro puede mejorar la vida de 2.400 millones de personas, reducir la mortalidad infantil a causa de la diarrea por la práctica de la defecación al aire libre y mejorar la asistencia de las niñas al colegio durante la menstruación. Los informes subrayan que existe relación entre saneamiento y género y llama la atención sobre que tener resuelto este servicio básico es una cuestión de seguridad, privacidad y dignidad.

«Somos unos privilegiados»

Hasta que se implicó como voluntaria en Ongawa, la bióloga extremeña Lourdes Ledesma desconocía que no tener un váter o acceso al agua y el jabón puede provocar diarreas que den lugar a casos de desnutrición que acaban en la muerte. «No conocía este problema con tanto detalle y ahora valoro mucho más lo que tenemos y veo que somos unos privilegiados que no sabemos lo que tenemos y que nos quejamos por todo».

Parte de su misión es difundir este mensaje y lo hace bien en trabajos sobre el terreno cada vez que montan alguna mesa informativa o mediante guasap o redes sociales como Facebook y Twitter, a través de las cuales difunden el cómic de Margarita que ilustra este problema tan extendido en el mundo.

Precisamente en una mesa informativa fue como se interesó por colaborar en la oenegé Ongawa. Su hermana gemela ya trabaja en otra organización solidaria, Entreculturas, y la acompañó. «No sabía cómo ayudar si en algo relacionado con medicinas o con niños. Conocí a alguien que me dijo que en Ongawa estaba mi lugar, fui a una reunión y decidí empezar a colaborar con ellos. De esto hace ya dos años y medio. Me llamaron la atención programas como el que tenían en Mozambique y otros denominados 'Planta un pino' o 'Tira del cable', relacionado este último con cómo se explota a niños en otras partes del mundo para que nosotros tengamos un teléfonos móviles de último modelo. El de ahora del 'váter fantasma' llama la atención porque son cosas de las que no se suele hablar y hay que hacerlo».