Hoy

Tuna universitaria en plena faena. :: hoy
Tuna universitaria en plena faena. :: hoy

No te metas con la tuna

  • El columnista avezado debe conocer los colectivos más irritables

Un columnista con trienios sabe perfectamente dónde están los avisperos que no debe pisar. Por ejemplo: los funcionarios. Si los criticas, te van a llover los palos desde todas las esquinas. Quizás sea el colectivo más influyente en las redes y el que reacciona con más virulencia y más 'todos a una' si se siente herido. Hace años, tras entrevistar a varios sindicatos de funcionarios gallegos, escribí dos páginas sobre algunos defectos del cuerpo y el contraataque fue tan feroz que me quedé solo ante el peligro: los sindicalistas negaron haber dicho lo que yo tenía grabado.

Otro colectivo de reacción rápida son los taurinos. Servidor no es antitaurino ni de lejos, pero a veces cuento cosas que les molestan como el asaetamiento que se hacía antes del toro en Coria o la carnicería improvisada que se montaba en la puerta de la plaza de toros de Cáceres, donde se despiezaban los bichos en la calle, a la vista del público. Las reacciones ante estos reportajes fueron tremendas.

Con las feministas también conviene ser muy prudente. Cualquier crítica se va a entender como machismo salvaje y sexismo lacerante, así que conviene matizar, explicarse muy bien y hacer todas las salvedades necesarias, lo cual provoca que se te quiten las ganas de escribir sobre el tema porque se te van tres cuartas partes del artículo en explicaciones y aclaraciones.

Luego hay colectivos muy curiosos, que replican ante cualquier retranca o vacile con contundencia demoledora sin reparar en la ironía. Uno de estos grupos es la tuna. Los tunos saltan enseguida. Me ha pasado lo mismo en Santiago de Compostela, en León y en Cáceres: haces una gracia sobre la institución musical universitaria y te cae una buena, además son insistentes y no les expliques que solo era una gracia sin maldad porque les da lo mismo.

Algo parecido sucede con los ciclistas y cicloturistas. Cada verano suelo ironizar sobre las siestas del Tour y el colectivo de los pedales me pone a pan pedir destacando mi ignorancia ciclista. Y bien es verdad que no monto bien en bici por razones obvias, pero también es cierto que no me pierdo una carrera ciclista y que de niño, en clase, mientras mis compañeros jugaban a los barcos, yo jugaba a diseñar la Vuelta a España con la ayuda de un mapa. Pero da lo mismo: si me duermo con el Tour y no me sé todos sus ganadores, soy un indigno y un ignorante.

A veces, las reacciones grupales rompen tópicos. Así, cuando irionizo sobre algún equipo de fútbol, siempre he encontrado comprensión en las aficiones excepto donde uno siempre había pensado que se tomarían las cosas con humor. Es decir, en Lepe. Una vez escribí que ganarle al San Roque de Lepe era como ganarle a un chiste y tuve centenares de tuits en los que lo menos que me llamaban era hijo de mi madre, pero convirtiendo a mi madre en pendanga, ninfa u ornato de lupanar.

Aunque de todos los colectivos susceptibles de ser agraviados, el más peligroso y beligerante es el de los comidistas nacionalistas. Si tiene usted, querido lector, la tentación de escribir algún artículo de gastronomía, no se meta, por favor, con el pote gallego, el marmitako vasco, la paella valenciana, la butifarra catalana ni el cocido madrileño porque le caerá encima la del pulpo. Nunca he recibido más ataques a la yugular que cuando ironicé sobre el cachopo o san jacobo asturiano. Mi padre es de Asturias y conocía bien el tema, pero me amenazaron, tuve más de mil tuits llamándome inculto y aún hoy, de vez en cuando, alguien comparte el artículo del cachopo, vuelve a ascender al olimpo de lo más leído y mi teléfono vibra enloquecido con tanto tuit a la yugular.

La clave para resistir tanta falta de ironía y tanta irritación es pasar de todo, no leer los comentarios y escribir de lo que te dé la gana. Y eso vale para el HOY, para el Facebook, para el Twitter y para lo que ustedes quieran (me voy a ver cómo reaccionan los de Lepe y los del cachopo).