Hoy

El timo del gas

Operario revisando una caldera de gas. :: hoy
Operario revisando una caldera de gas. :: hoy
  • Intentan engañar a mi suegra con una revisión falsa de la instalación

El jueves intentaron timar a mi suegra. Quisieron darle el timo del gas, pero buena es ella. Desde que el verano pasado le robaron una cadena con el timo de la cagada de pájaro, ya no se fía ni de mí. Hace un año, como ya les conté, al salir del DIA del barrio de Moctezuma empujando su carrito cuatro por cuatro, un caballero elegante y educado se le acercó solícito. Amablemente y con mucha labia, le dijo que acababa de cagarle un pájaro, se ofreció a limpiarle la mancha y, de paso, le limpió una cadena de oro con una Virgen que mi suegra tenía desde niña.

Lo del jueves parecía más sofisticado y, también, bastante más peligroso. A la hora de comer, la llamaron para anunciarle que iban a venir a hacerle la revisión del gas porque estaban por el barrio y aprovechaban para visitarla y controlar la instalación. Pero llovía sobre mojado: la semana anterior, habían llamado a una vecina a las diez de la noche para anunciarle una revisión gasística a la mañana siguiente. Y, efectivamente, temprano aparecieron dos operarios con un mono azul y en él, estampado, el anagrama de una popular empresa de gas. Entraron en la casa, enredaron en la caldera y pretendieron cobrar 150 euros, como mi vecina solo tenía en casa 120 euros, se quedaron con eso.

Mi vecina supo enseguida que la estaban engañando, pero intuyó que si se negaba a pagar, podía ser peor y entregó los 120 euros antes de salir pitando a denunciar el timo a la Policía, que alabó su prudencia y buen sentido pues fue mejor pagar que negarse y correr peligro.

Los timadores del gas pretendieron entrar en casa de otro vecino, pero se había ausentado y se salvó. Lo sorprendente es que siempre llaman y visitan a octogenarios que viven solos, no me digan cómo lo adivinan, pero lo saben. Mi suegra entra en ese tipo de víctimas, pero los delincuentes no cuentan con su mosqueo y con que vive enfrente de mí. Y de eso nada, a mi suegra no la tima nadie. Por encima de mi cadáver.

El caso es que, en cuanto me anunció la llamada sospechosa, que fue doble y desde un número oculto, me puse en marcha. Llamé a Gas Extremadura y me comunicaron que hasta 2019 no le tocaba revisión. Llamé a Iberdrola Gas y me informaron de que hasta 2017 no le tocaba visita y que nunca cobraban un euro por las revisiones. Confirmado ya que la visita anunciada era peligrosa, llamé a la Policía Nacional, donde amablemente me informaron de que lo mejor era no abrir la puerta. También me pidieron que si llamaban al telefonillo o al timbre de casa, los avisáramos y se personarían en un instante.

Pero no han llamado ni han aparecido. Los timadores debieron de mosquearse ante las preguntas desconfiadas de mi suegra. Pero el daño está hecho. Para empezar, esa tarde me estropearon la comida, que había cocinado yo, pescado rebozado con pimientos que acabé comiendo fríos y casi a la hora de la merienda. Después está la psicosis de timo, que provoca que a cualquiera que aparezca por el piso le pidamos referencias. El otro día, un pintor se cambió en el sotanillo y por poco llamamos a los geos. Y los revisores oficiales del seguro de mi caldera hubieron de pasar varios filtros antes de abrirles la puerta.

¿El cartero es el cartero, el de Dominos Pizza es de verdad un pizzero, el repartidor de Bofrost reparte o acecha? El otro día, entró detrás de mí un desconocido y, en vez de coger el ascensor, disimulé y subí las escaleras hasta el octavo creyendo que aquel hombre era un destripador. Luego resultó ser el cobrador de Santa Lucía, que traía los recibos del seguro de defunción.

Como nos han avisado de que a veces los timadores dejan señales en las puertas, si llego a casa y han movido la alfombrilla, me pongo a afilar el cuchillo jamonero. Hasta hace nada, en casa éramos muy cordiales con los vendedores, los mendigos y los del aguinaldo. Ahora tenemos psicosis de timo y ya no le abro la puerta ni a mi suegra.