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«Mi carrera la hay en la UEx, pero preferí Sevilla»

Lautaro Ferrero (21 años), en la plaza Mayor de Plasencia.
Lautaro Ferrero (21 años), en la plaza Mayor de Plasencia. / ANDY SOLÉ
  • Lautaro Ferrero Alumno de Ingeniería Industrial en Sevilla

Lautaro Ferrero (21 años) se fue a Sevilla porque era uno de los pocos sitios en España donde podía estudiar Ingeniería Robótica, la titulación a la que dedicó el año inicial de su vida universitaria. «Cuando acabé el primer curso me pareció que la carrera no era lo suficientemente completa, o por lo menos no era lo que yo esperaba, así que decidí cambiar», relata el joven, que hasta su marcha a la capital andaluza vivía en Plasencia, ciudad a la que llegó cuando tenía siete años y a la que vuelve una vez al mes, aproximadamente, para estar con la familia. Excepto en las épocas de exámenes, que le obligan a permanecer más semanas de lo habitual en Sevilla, de modo que la vuelta a casa se retrasa, como le ocurre a tantos universitarios.

«Me decanté por pasarme a Ingeniería Industrial», cuenta Lautaro, que admite que no barajó la posibilidad de matricularse en la Universidad de Extremadura, pese a que esta sí ofrece la posibilidad de cursar la carrera en la facultad de Ciencias, en el campus de Badajoz. «La verdad es que las referencias que tenía, fundamentalmente de otros chicos que estaban estudiando o habían estudiado alguna ingeniería en Extremadura, no eran las mejores», cuenta el joven, que sí barajó otra opción: la Universidad de Salamanca, que imparte estos estudios en la localidad de Béjar (a medio camino entre la capital salmantina y Plasencia).

«Al final -cuenta Lautaro- me decanté por seguir en Sevilla porque es un sitio en el que estaba a gusto y porque no me apetecía mucho cambiar de ciudad, con todo el lío que suponía hacer el traslado». Y eso que la mayoría de sus amigos no están en la capital andaluza, sino en Salamanca, el destino más habitual de quienes viven en Plasencia y se marchan a estudiar a una universidad que no es la extremeña. «Casi todos están allí, aunque tengo una amiga que se vino a Sevilla a estudiar Traducción e Interpretación, una carrera que también hay en Salamanca, pero allí es difícil entrar, porque te piden pasar una prueba específica aparte de la nota de Selectividad».

Vivir en Sevilla y tener a la familia en Plasencia significa que el viaje periódico de vuelta a casa no es tan cómodo como si hubiese optado por estudiar en la ciudad castellano-leonesa. «De Sevilla a Plasencia son cinco horas de viaje en autobús, incluyendo una parada en Cáceres de quince o veinte minutos, así que lo que suelo hacer es utilizar el bla-bla car (un servicio privado de transporte en el que conductor y pasajeros contactan, habitualmente a través de una aplicación de teléfono móvil, y acuerdan viajar juntos a cambio de una cantidad)». En este último caso, el viaje es en coche y se reduce a tres horas. Para cuando acabe la carrera, Lautaro se plantea «hacer el máster que te exigen tras la ingeniería». Para entonces sí le gustaría aprovechar para conocer otra ciudad.