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Un apasionado de su pueblo. Juan Carlos Benítez y la localidad de Oliva de Mérida al fondo. ::
Un apasionado de su pueblo. Juan Carlos Benítez y la localidad de Oliva de Mérida al fondo. :: / PAKOPÍ

«Ser alcalde de un pueblo es difícil, una decisión política se convierte en personal»

  • Juan Carlos Benítez Casillas Alcalde de Oliva de Mérida

  • Licenciado en Derecho, se considera gestor antes que político

Agridulce. Esa es la palabra que mejor define la Alcaldía para Juan Carlos Benítez Casillas (PP), un joven de 34 años licenciado en Derecho que empezó en el mundo de la política porque quería mejorar su pueblo, Oliva de Mérida. Hoy echa la vista atrás y hace balance de los buenos y los malos momentos. Entre los más gratificantes, el agradecimiento de los oliveños. Y entre los menos, la crítica de los vecinos que llevan algunas decisiones políticas al ámbito personal.

«La primera vez que fui elegido alcalde sentí mucha carga de responsabilidad. Al principio entras muy ilusionado y con mucho miedo a equivocarte y a la crítica. Cuanto te equivocas siendo un político se provoca un linchamiento público. Gracias a Dios, hasta el momento no hemos tenido grandes problemas», afirma Benítez.

Sin embargo, sí ha tenido que cambiar parte de su vida por estar al frente de la Alcaldía. Él mismo lo reconoce. «Ser alcalde me limita mucho en mi día a día», confiesa antes de poner un simple ejemplo: «Antes jugaba al fútbol sala, pero dejé de hacerlo porque no es lo mismo que un alcalde esté jugando que lo haga un ciudadano que ocupa ese cargo. Por ejemplo, el árbitro lo paga el Ayuntamiento y ante posibles críticas prefiero no jugar».

A lo que no ha renunciado es a su gran afición, la pesca. «Suelo pescar en el pantano de Oliva y en otros lugares de Extremadura, que es la meca del carfishing. Sierra Brava, Orellana o el pantano de Alange también son algunos de los lugares que me gustan, pero si me tengo que quedar con uno es el de La Garza. Ver amanecer allí después de una jornada de pesca hace que me olvide de todo», reconoce Juan Carlos, militante del Partido Popular que ganó las elecciones en 2011.

Desde entonces está al frente de la gestión de un pueblo que cuenta con 1.746 habitantes y que sufre cada año la despoblación. «Me gusta que se sientan orgullosos de pertenecer a Oliva de Mérida y que no se produzcan descensos en la población. Para ello estamos intentando firmar convenios para que se hagan viviendas. Hay 900 habitantes que se dedican a la agricultura y que están parados la mayoría del año. A ellos no le facilitan la entrada a un préstamo hipotecario. Además, los jóvenes tienden a marcharse a pueblos cercanos y eso es lo queremos evitar», explica el alcalde de este municipio .

«Hay que intentar a que se promuevan negocios. Estamos haciendo esfuerzos para que haya una casa rural en Óliva de Mérida. De hecho, hay gente que se ha interesado por hacerlo. Eso es imprescindible», añade antes de aludir de nuevo a lo bueno y lo mano de vivir en un pueblo. «Es muy agradecido porque conoces a todo el mundo; hay una relación de familiaridad. El inconveniente es que, como hermanos, se discute», confiesa.

Precisamente por eso «es imposible que la gente deje a un lado lo personal y lo profesional», asevera. «Antes la gente votaba a los partidos políticos. Ahora ya votan a la persona que representa determinada formación. Los partidos no pueden controlar al 100 por cien a sus candidatos. Es el pueblo quien se da cuenta de si el que está es el adecuado», apunta este joven que no se considera político. «Defiendo las siglas que represento, pero también estoy de acuerdo con ideas de partidos constitucionalistas como el PSOE y Ciudadanos. A nivel nacional se radicaliza más en la lucha de la derecha y la izquierda. Pero también hay que entender que eso ya pasó. Nosotros tenemos que dedicarnos simplemente a gestionar un ayuntamiento e intentar ayudar a nuestros vecinos».

Respecto a su futuro, no tiene muy claro si se presentará a las próximas elecciones municipales. «Creo que lo de la política es temporal por una razón: en un pueblo, una decisión política se convierte en personal. No puede ser que se pierdan amistades o discutas con gente por hacer lo que se supone que debes. El problema es que si nadie lo hace, tu localidad no avanza», matiza.

«Quizás me presente a las próximas elecciones si me veo obligado, aunque no me gustaría que se diera esa situación. Hay gente que ha basado su vida en hacer y estudiar política, se mueve en ese ámbito e intentan escalar. Para mí la política es algo secundario», asegura. De hecho, cuando se le pregunta si estaría dispuesto a aceptar cargos a nivel regional, destaca que se quiere centrar en su localidad. «Sé que en otras formaciones si eres alcalde más de dos legislaturas y sigues ganando te ofrecen ser diputado. Yo no me he molestado en preguntarlo y entiendo que mi partido no lo hace así. De momento no me planteo dejar el ayuntamiento y no me gustaría dejar mi pueblo. Quiero estar cerca de mis vecinos», concluye.

PERFIL

Nombre. Juan Carlos Benítez Casillas.

Edad. 34 años.

Formación académica. Licenciado en Derecho.

Ocupación laboral. Abogado y alcalde.

Sueldo del ayuntamiento. 1.400 euros.

Años en política. Alcalde desde 2011.

Aficiones. Pescar.