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El verano se salda con cinco mil hectáreas quemadas en Extremadura

El incendio de la Garganta de los Infiernos ha sido el único en el que se ha activado Nivel 2. :: hoy
El incendio de la Garganta de los Infiernos ha sido el único en el que se ha activado Nivel 2. :: hoy
  • PLAN CONTRA INCENDIOS DE HOY Y AEeFOR

  • Los incendios en Los Galindos de Cáceres y en la Garganta de los Infiernos han arrasado más de la mitad

Extremadura ha sufrido este verano alrededor de 400 incendios que han quemado unas 5.000 hectáreas. De ellas, 2.600 han sido arrasadas por los dos Grandes Incendios Forestales (GIF) de la temporada, el de Los Galindos en Cáceres, que el 23 de junio quemó 1.500 y el de la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos que se llevó por delante 1.100, desde que comenzó el 18 de agosto; tardó más de una semana en ser controlado y tres en ser extinguido.

Son los dos GIF del verano por superar las 500 hectáreas, si bien hay un tercero, el de Garganta la Olla del 4 de septiembre, que a punto estuvo de entrar a formar parte de esa catalogación porque arrasó 450.

Si se comparan estos datos con los de los veranos más inmediatos, la superficie quemada es un poco superior a la de 2014 y similar a la de las campañas de 2013 y 2015, exceptuando el incendio de Acebo en Sierra de Gata del año pasado, que quemó más que todos los incendios juntos de cualquier otro año.

Detrás de un incendio hay una causa que lo genera, que puede ser natural (rayo), accidental, negligente o intencionada. La naturaleza incide en que se convierta en un Gran Incendio Forestal, con condiciones meteorológicas como el viento que marca su velocidad y favorece su expansión; también, la humedad relativa y altas temperaturas, que hacen que la vegetación se encuentre más o menos disponible para arder y que la expansión sea más o menos rápida.

Responsabilidad humana

Junto a las causas de propagación naturales están las que dependen de la responsabilidad humana, como la cantidad y continuidad del combustible, limpieza de parcelas y zonas forestales, que determinan en gran medida que un incendio se convierta en un gran incendio y eso es algo que depende de la gestión preventiva que administraciones y particulares hayan realizado.

La gestión de ese combustible o la falta de gestión del mismo, que es precisamente lo que ha llevado a una excesiva matorralización en Extremadura en las últimas décadas, la falta de aplicación de las medidas recogidas en los Planes de Prevención de Incendios Forestales, la no observación de los usos del suelo en espacios protegidos y montes de utilidad pública o la falta de ordenación del territorio, son factores que conducen también a que un incendio crezca sin control. Causas que, en todos los casos, obligan a la Administración y gestores privados a hacer una revisión urgente sobre la actuación que están desarrollando en este capítulo, que por regla general es claramente insuficiente.

La reiteración de incendios con causas y patrones similares año tras año revela además la necesidad de poner en marcha campañas de información con efecto preventivo.

Riesgo hasta el 15 de octubre

La campaña de incendios no está resultando tan favorable como se podía suponer al inicio de la temporada alta, el 1 de junio. Partió con buen nivel de humedad por las lluvias de primavera, pero las altas temperaturas, cercanas incluso a máximas históricas en algunas zonas, se encargaron de que esa humedad se esfumase, manteniendo el riesgo forestal entre alto y extremo desde la primera semana de julio a la primera de septiembre, según el EFFIS, baremo europeo que mide la alerta.

El otoño arranca el 22 de septiembre, pero no se puede bajar la guardia, ni olvidar que el riesgo se mantendrá alto hasta el 15 de octubre.