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Antonio Fraile, el aceitunero que borró de su vida la palabra «jubilación»

Antonio Fraile ha rehusado cobrar su pensión. :: efe
Antonio Fraile ha rehusado cobrar su pensión. :: efe
  • A punto de cumplir 82 años, cada día recorre los 140 kilómetros que separan Sevilla, donde vive, de su finca en Los Santos de Maimona

sevilla. A las cuatro de la madrugada suena cada día el despertador en la casa de Antonio Fraile, un empresario sevillano para el que no existe la palabra «jubilación», con la premisa de que está a punto de cumplir 82 años, y cada día recorre los 140 kilómetros que le separan de su finca en Los Santos de Maimona, donde piensa seguir supervisando todo «mientras corra sangre por mi cuerpo».

Nacido en 1935 en la localidad sevillana de Albaida del Aljarafe, teóricamente tendría que haber gestionado su jubilación con la llegada del nuevo milenio, pero se ha mantenido siempre en forma y ha rehusado cobrar su pensión, con un único secreto: «Me como medio kilo de aceitunas cada día desde hace más de 70 años. No hay más». Lo explica en Arahal (Sevilla), localidad donde compra una buena parte de su producción en plena campaña del verdeo, para que su almacén pacense nunca se vea desabastecido, ya que durante la temporada alta de la aceituna mueve unos ocho millones de kilos de este producto.

Todo empezó en la propia Albaida, «donde mi padre tenía un almacén, pero como estaba en el centro del pueblo finalmente el Ayuntamiento lo quitó para avanzar en la urbanización, y vimos la posibilidad de comprar unos terrenos y empresa en Los Santos de Maimona para seguir trabajando, y así lo hicimos».

De hecho, su padre le llevaba desde pequeño a conocer su trabajo a fondo, «y poco a poco comencé a llevar el negocio, hasta que hoy tengo cien personas a mi cargo», y siempre se ha mantenido con un profundo arraigo a su tierra, rechazando ofertas como la de marcharse a California para gestionar una importante plantación de olivos. A cambio, decidió plantarlos y gestionarlos en el municipio sevillano de Castilleja del Campo, y siempre con una premisa de empresa familiar y de futuro, con ejemplos como la labor que realiza con la familia Camacho de Morón de la Frontera «porque empecé a trabajar con su abuelo, y ahora he conseguido vender aceitunas a sus nietos», explica mientras pide para el sector una mayor unión para salvar los problemas con los que se encuentra a diario.

Eso sí, defiende que el secreto de su negocio prácticamente no ha cambiado desde que empezó, lo que basa en conceptos como «la calidad del producto y su origen», señalando lugares como la Vega de Carmona como un sitio ideal para trabajar, ya que «allí encontramos tierras de arena de olivos viejos que es verdad que no producen mucha cantidad, pero que producen una aceituna muy fina», además de señalar a Dos Hermanas y Alcalá de Guadaira como las promotoras de este producto, «pero Arahal se ha terminando abriendo hueco y hoy día es un referente».

Recuerda, entre otras cosas, que llegó a plantar olivos a mano, aunque fue precursor de iniciativas como la que desarrolló en Castilleja del Campo, donde su finca fue la primera en regar mediante goteo. Antonio Fraile lo explica todo de forma sencilla, con la experiencia que le ha dado la vida para trabajar desde la base, aunque maneja con soltura conceptos como la globalización, para luego volver a defender su alimentación como el secreto de su inagotable energía: «con las aceitunas y un buen aceite de oliva virgen he conseguido no estar enfermo casi nunca. Solo tuve un amago de infarto que se quedó en nada».