Hoy

UN NEGOCIADOR YA

EL PSOE debería reclamar la presencia de un negociador. Uno como Denzel Washington. Un profesional. Uno que, en un momento de máxima tensión, recupere los cauces de la comunicación cara a cara, el contacto personal, la confianza y la calma. Uno que le diga al secretario general, verás Pedro, todo ha terminado. Sabes que tu historia no va a salir bien. Liberad a los rehenes, soltad las armas y entregaros pacíficamente. Así evitaremos que nadie más salga herido... Esta semana volvió a evidenciarse lo que desde el día 21 de diciembre de 2015 quedó claro, cristalino más bien: que el PSOE tenía que decidir cómo pegarse un tiro. Ya veríamos a ver si se lo pegaba en el pie, la rodilla, otro sitio algo más arriba o en la nuca, directamente. La actualidad política del partido encara los días a golpe de rupturas, frustración, encerronas y revanchas. El presidente Vara, a quien nadie le negará que está dotando a la expresión 'verso suelto' de un nuevo significado, más que suelto 'desparramado', hizo público un detalle muy grave. No hay comunicación. Ferraz se ha atrincherado. O ha quedado sitiado, depende de cómo se mire. Por si fuera poco, el miércoles Rubalcaba, Chacón, Díaz, Madina y otros se pusieron del lado del político extremeño. Sonó como un crujido de rodilla.

El tiempo del líder socialista se acaba. Pongámonos en situación. Posibilidad uno. Si Pedro Sánchez consiguiese, en un alarde de inteligencia, pericia y fortuna, sumar como síes a su favor los 180 noes que recibió Rajoy, o al menos 176, el partido se rompería por la mitad. Nadie se cree que ERC, PNV y CDC -necesitaría a los tres- se fuesen a volver después hacia sus electores para decirles que han dejado que salga presidente Pedro Sánchez gratis, sin comprometer un referéndum, como desean por encima de cualquier otra cosa. ERC y CDC especialmente. Andalucía, Extremadura, Asturias y Castilla-La Mancha se refugiarían en el regionalismo. O en la esquizofrenia. Posibilidad dos. Si Pedro Sánchez, que no acaba de entender que Ciudadanos no formará parte de ningún acuerdo que roce siquiera la mínima aspiración independentista -tampoco la que no oculta Podemos-, cede una abstención que habilite la permanencia de Rajoy en Moncloa, habrá triunfado la tesis posibilista defendida sobre todo desde las federaciones que mencioné en el párrafo anterior. Sin embargo, sumando todo lo que Sánchez ha dicho por esa boquita, le costaría mucho razonar el cambio de rumbo después de un año de 'no es requeteno'. Así que, en buena lógica, su siguiente movimiento sería la dimisión. A otra cosa. ¿O acaso Sánchez aguantaría de secretario tras semejante humillación y desgaste? No lo descartemos, pero lo más normal sería que se hiciese cargo una gestora comandada por los barones. El partido también acabaría roto en tal supuesto. Posibilidad tres. Si hay terceras elecciones, vendrán después de unos más que probables malos resultados en Galicia y País Vasco. ¿Alguien, incluido el propio Sánchez, confía de veras en que una tercera cita con las urnas arreglaría algo? Lo que sí mostraría es un irrespirable clima de conflicto y encabronamiento internos. Lo dije hace unos días y lo repito: ¿mítines de o por Pedro Sánchez en Extremadura? ¿De qué? Pero es que si -cuarta posibilidad- el PSOE fuese a las terceras con otra cabeza de lista, la duda sería si conviene quemar un respuesto gratuitamente, en plan candidatura clínex abocada a un descalabro asegurado. Entonces tronarían voces clamando que, para ese viaje, mejor siga Pedro Sánchez. Que él termine lo que empezó