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Página del HOY del 10 de septiembre de 1953. :: hoy
Página del HOY del 10 de septiembre de 1953. :: hoy

Una firma, un héroe

  • En tiempos de Franco, solidarizarse con un represaliado era jugársela

Con frecuencia, nos llegan peticiones de firmas a través de chanche.org. Firmamos o no sin esperar represalias por ello. Pero no siempre fue así. Les contaba la semana pasada el caso de un artículo, publicado en el diario HOY el 10 de septiembre de 1953, que tuvo mucha repercusión. En él, un periodista, que firmaba enigmáticamente como N, contaba cómo había llegado a Arroyo de la Luz en las fiestas de septiembre, cómo le había extrañado la preocupación en las caras de los vecinos y cómo había entrevistado a su alcalde, Manuel Montero, que le había descrito la lamentable situación social del pueblo, con 700 parados sin subsidio y 400 yunteros sin tierra.

El alcalde proponía un reforma agraria puntual en una finca cercana al pueblo llamada Araya de Arriba y construir 200 viviendas. Después, invitaba al redactor N a recorrer el pueblo hablando con sus gentes para constatar la realidad. Así lo hacía el reportero y los testimonios y fotografías que publicó eran un terrible certificado de miseria y hambre.

Las reacciones no se hicieron esperar. El gobernador civil pidió la destitución del alcalde, que fue cesado por el ministro de la Gobernación y encarcelado durante 24 horas hasta que el propio gobernador lo excarceló. Pero la historia dejaba varios flecos sueltos que quiero recomponer con la ayuda de los nietos del alcalde Montero y del cronista oficial de Arroyo, Francisco Javier García Carrero, que en su libro 'Arroyo, mi caro Arroyo. Juan Ramos Aparicio, un pueblo, un alcalde, un poeta' refiere esta historia y aporta interesantes datos.

Los nietos de Manuel Montero explican que su abuelo, antes de animar a N a redactar su artículo, escribió una carta al Ministro de Agricultura, Rafael Cavestany de Anduaga (1902-1958), pidiéndole que influyera para hacer una reforma agraria puntual en la finca Araya de Arriba, explotada por los vecinos de Arroyo hasta que en el año 1941 fue adquirida por nuevos propietarios, que expulsaron a los arroyanos y dedicaron la finca de 2.000 hectáreas a ganado y solo 20 hectáreas a regadío de las 800 posibles.

Lo particular del caso es que Cavestany era uno de los nuevos propietarios de la finca, dándose la curiosa contradicción de que fue él quien inició la concentración parcelaria y el Plan Badajoz, pero no tocó su finca. Aunque bien es verdad que la carta del alcalde Montero no llegó a manos del ministro porque el gobernador civil de Cáceres la guardó en un cajón para evitar problemas.

En vista de que su carta no provocaba ninguna reacción, el alcalde invitó al periodista N a visitar Arroyo. ¿Pero quién era N? El historiador García Carrero desvela en su libro que no era otro que el periodista, escritor y luego político Narciso Puig Mejías, nacido en 1913, que trabajaba en el HOY en Cáceres, pero que provenía de Mérida, donde su padre, Justo Puig, había dirigido el colegio San Juan de Dios y cuyo abuelo pudo ser, según Germán Sellers, el maestro de obras Narciso Puig, que en 1867 dirigió la construcción del ayuntamiento de Cáceres.

Narciso Puig Mejías ya estaba en el HOY en 1950, fue redactor de la hoja del lunes 'Cáceres' desde su fundación y dirigió la revista 'Fe Juvenil' del Frente de Juventudes. Y aunque tras el valiente reportaje tuvo algunos problemas, acabó congraciándose con el régimen, llegando a ser diputado provincial en los años 70.

En Arroyo, la situación no varió, pero no se resignaron los arroyanos a su suerte, sino que, como detalla García Carrero en su libro, se solidarizaron con su alcalde firmando un pliego de peticiones a Franco para que fuera repuesto. La iniciativa partió del notario Antonio Varona, que firmaba en el HOY una columna de apoyo al reportaje y que también tuvo problemas. Cuando llevaba mil firmas, el brigada de la Guardia Civil incautó el pliego, que fue archivado en el cuartel sine die. Ahí se acabó esta historia de un pueblo valiente, que se solidarizó firmando cuando una rúbrica podía acarrear graves consecuencias.