Hoy

La patronal del BOE

Hay dos cosas que hacen los políticos que pocas veces se recuerdan pero tienen una incidencia mayúscula en el desempeño de sus responsabilidades públicas. Una es que son quienes proporcionan recursos a la Justicia. Los jueces pueden tener mayor o menor independencia, me refiero a que dependen más o menos de órganos nombrados por los grupos políticos, pero su potencia real conecta directamente –como casi todo en esta vida– con el número de gente y fondos económicos de que dispongan. Por eso suele decirse que la causa del secular atasco judicial de nuestro país es que son precisamente los jueces quienes pueden meter a un político en la cárcel. Ellos que pueden, tampoco se lo van a poner fácil, ¿no? Al margen de la ironía, chirría mucho que estén hablando todo el día del dinero de las pensiones, de la sanidad, de la educación o la dependencia y no del que, puesto en manos del poder judicial, también garantiza, a veces como ninguna otra instancia, el acceso real y equitativo de los ciudadanos a sus derechos sociales y a unas prestaciones eficaces y de calidad. Si se nos llena la boca diciendo que vivimos en un estado de derecho, lo coherente es engrasar todo lo posible la maquinaria que principalmente garantiza ese estado de derecho y nuestras libertades.

La segunda cosa que pocas veces recordamos, más importante aún, es que son patrones de miles y miles de empleados. De hecho, los partidos políticos son la auténtica patronal de este país, la del BOE. Son los que, en conjunto, tienen la mayor plantilla. Con muchísima diferencia. En Extremadura, una de cada tres nóminas por cuenta ajena la paga un político con cargo a los presupuestos de un ayuntamiento, diputación, la comunidad autónoma o el Estado. Unas 90.000. Es verdad que hay diferencias. Los políticos no pueden despedir a muchísimos de sus empleados, todos aquellos que disfrutan de una plaza en propiedad. Resulta cuanto menos paradójico que sea en el ámbito de lo público donde un trabajador puede ser propietario de un empleo, casi como lo es de su coche o su casa. Los políticos pagan las nóminas tirando de recursos que les son ajenos, dinero público. Del BOE. Los políticos llegan y se van, pero los funcionarios permanecen. Mandan más de lo que parece. Y pueden complicarles el día a día de lo lindo. Es raro, pues, que se prolonguen los conflictos laborales en las administraciones. El político tiende a ceder porque no se juega su patrimonio y porque, de lo contrario, lo que acaba arriesgando es una derrota electoral. Los empleados públicos votan a sus patrones.

La decisión del PP y Ciudadanos en el Ayuntamiento de Cáceres de subir los salarios de seis altos funcionarios entre un 15% y un 20% y aplicar una subida acordada en 2008 al colectivo de técnicos más cualificados, del grupo A, tiene algo que ver con todo esto. Pero también con la facilidad con que en las administraciones se dan por superados los tiempos de sacrificios derivados de la crisis económica. El PSOE y Cáceres Tú querrían incluso que las subidas se extendieran a todos los empleados municipales. Total, como lo pagamos usted y yo. Fuera de las administraciones, el ecosistema laboral se ha deteriorado de tal manera los últimos años que nuestros dirigentes cacereños deberían mirar más y mejor a su alrededor. Comprobarían que miles de sus vecinos les observan estupefactos, extrañados de que estén dispuestos a gastar, por razonada y justa que sea la motivación, decenas de miles de euros en mejorar el nivel de vida de quienes ya disfrutan de un bien preciosísimo: la propiedad de su puesto de trabajo para siempre.