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La Olivenza zamorana

Iglesia y casa de la aldea de Hermisende, el pueblo trasmontano que decidió ser zamorano. :: E.R.
Iglesia y casa de la aldea de Hermisende, el pueblo trasmontano que decidió ser zamorano. :: E.R.
  • Hermisende, un pueblo que era portugués y decidió ser español

Desde hace unos años dedico parte de mis vacaciones de agosto a recorrer zonas de la Raya que presentan una casuística fronteriza curiosa. Después, les cuento, en estas crónicas viajeras y gastronómicas de los sábados, lo que más me ha llamado la atención de estos enclaves singulares: los pueblos dobles como El Marco y A Rabaça, entre La Codosera y Portalegre, o Rio D'Onor, entre Zamora y Bragança, divididos por la línea fronteriza, que tienen una parte en España y otra en Portugal, o los casos de embriones de Andorra, que no fructificaron y acabaron despareciendo: Couto Mixto en Ourense o las Reyerta de Valencia de Mombuey y de Alconchel y las Contienda de Ouguela y de Barrancos.

El año pasado, subí hasta la frontera entre Verín (Ourense) y Chaves para escribir sobre los pueblos promiscuos de Soutelinho da Raia, Cambedo (hoy Vilarelho da Raia) y Lama d'Arcos, que fueron españoles hasta 1864 y desde entonces son portugueses al ser intercambiados por los tres pueblos, hoy ourensanos, del Couto Mixto. Promiscuos son también Olivenza o Campo Mayor porque han sido españoles y portugueses, y viceversa, a lo largo de la historia.

El caso que más conocemos los extremeños es el de Olivenza, que primero fue española, como certifica un documento de 1257 que se conserva en el archivo de la Catedral de Badajoz. Después será portuguesa y en 1801, cuando Carlos IV declara la guerra formalmente a Portugal, el gobernador de Olivenza entrega la plaza sin pegar un tiro. Pero el caso más curioso de pueblo promiscuo es el de Hermisende y lo he conocido este verano en Zamora.

En la autovía de las Rías Baixas, la que une Madrid con Vigo, entre las portillas del Padornelo y de la Canda, a la altura de Lubián, justo antes de salir de Zamora y entrar en Galicia, una carretera de montaña nos lleva por las faldas de la sierra hasta un pueblo al que podríamos llamar renegado porque ni es promiscuo ni doble, sino que, habiendo sido portugués y luego español, cuando Portugal recupera su independencia de España decide que se queda donde está, que prefiere seguir siendo de España y no volver al país donde le correspondía.

Les hablo, en fin, de Hermisende, un pueblecito zamorano de 273 habitantes (censo de 2015), cuyas aldeas de piedra y pizarra empiezan a verse a pocos kilómetros de la autovía. Estos montes perdidos e imponentes mantienen en la zona a una población de poco más de dos habitantes por kilómetro cuadrado.

El caso es que las aldeas portuguesas de São Cibrão, Ermesende y Teixeira, rechazaron en 1640 apoyar la sublevación de la Casa de Braganza contra el rey Felipe III de España y IV de Portugal y así, al acabar la guerra en 1668, el nuevo rey portugués, João IV, decidió transferir la soberanía de estas tres aldeas a España. Y aquí siguen Hermisende, San Ciprián, La Tejera, Castrelos y Castromil, impasibles al paso del tiempo, a un paso de Portugal, pero zamoranas por decisión propia y hablando un dialecto de transición con rasgos lingüísticos propios del gallego, del portugués y del leonés y con palabras que no existen en el diccionario o, si existen, es con diferentes acepciones.

En estas aldeas, un lugar escondido es un canicheiro, hacer barullo es estouçar, producir sonidos fuertes con un objeto es ferrungar, unos zapatos viejos para trabajos sucios son sarrapastos, el contrabando se llama trelo y una broma con engaños es una zambonada dicha por un zamboneiro.

Las cinco aldeas están diseminadas por el valle y las caracteriza su arquitectura popular, el silencio absoluto, la naturaleza imponiéndose y la gracia de ser españolas por autodeterminación.