Hoy

'Jolivú' con bollería

Esquina de La Cruz de los Caídos, donde se instalará la franquicia Granier. :: LORENZO CORDERO
Esquina de La Cruz de los Caídos, donde se instalará la franquicia Granier. :: LORENZO CORDERO
  • La ABC, la HBO, Atresmedia y Granier revolucionan la ciudad

Al irte de vacaciones, estás harto de todo y Cáceres te parece un lugar inhóspito, una ciudad cargante. Pero al volver, descansado y despejado, te sientes el protagonista de Regreso al Paraíso y vas entrando en Cáceres desde el norte y el estadio te parece el Olímpico de Munich, la rotonda del Club Cabezarrubia tiene aire de jardín botánico, el Eroski lo comparas con Les Halles, el Akí no lo cambias por el mejor Ikea y como la temperatura es dos grados menor que en los riberos del Almonte, crees que vas a vivir en un cielo con microclima.

Y al despertar el día uno y marchar al trabajo, das gracias al destino porque vas a trabajar en pleno 'Jolivú'. Luego resulta que en tu despacho no funciona el aire acondicionado y llevas una semana trabajando a 36 grados, temperatura que es delito para los departamentos de prevención de riesgos laborales, pero a ti te da lo mismo porque acabas de llegar y todo es agradable. Al fin y al cabo, las vacaciones no son para pasártelo bien, sino para certificar que fuera de tu entorno también cuecen habas, que la felicidad no está lejos de casa, sino dentro de ti y para que acabes echando de menos tu entorno, tu oficina, tu ciudad. Y donde escribo Cáceres, escriban ustedes Mérida, Badajoz, Plasencia o Albacete.

Pero es que este año, en Cáceres y en mi trabajo, todo invita a salir de ese despacho a 36 grados y a viajar en un instante por Europa. Porque resulta que la plaza donde ejerzo es, desde que empezó septiembre, una plaza de Verona, con sus estandartes, sus templetes y sus tiendas de época. Y al lado, la plaza siguiente, se ha convertido en Barcelona, con su Catedral del Mar y solo le falta el monumento a Casanovas, contiguo a esta iglesia barcelonesa, para que en unos días celebremos allí una Diada de juguete y de mentira, pero fiesta al fin y al cabo, que es de lo que se trata, de volver de vacaciones y que siga la fiesta aunque el sudor nos deshaga y el calor nos aplane.

Benditas vacaciones, que te vas del infierno y vuelves al paraíso sin cambiar de lugar ni de temperatura. Todo es cuestión de perspectiva y de hastío. Y lo que un 31 de julio te parecía repetido y sin gracia, el uno de septiembre es lo mejor de lo mejor, o sea, 'Jolivú', que con los aplazamientos de los rodajes se van a solapar unos con otros y van a coincidir la ABC, la HBO y Atresmedia, las tres a la vez, con cientos de figurantes y actores y técnicos, que Cáceres se convierte en la Meca de las series y ya no vivo en un sitio, vivo en un plató, donde la semana que viene habrá ejecuciones, peticiones de mano, explosiones, obreros levantando una catedral medieval y preparativos para rodar batallas navales y escenas brutales. Y encima, van a abrir Granier.

Lo de Granier nos tenía malo. En Badajoz, ya abre en Menacho desde hace un tiempo y este verano lo hemos visto en cualquier ciudad de veraneo. Es un dislate, lo sé, pero en España uno distinguía ya dos tipos de ciudades: las que tenían Granier y las que no. Esta franquicia del pan y de los cruasanes con café con leche es como el McDonald's de las napolitanas de crema: si te lo ponen cerca es que vives en una ciudad 'cool', que recuerdo hace años cuando llegaban los turistas a Cáceres y exclamaban asombrados: «Caramba, pero si hasta tenéis McDonald's». Sí, pero Zamora tenía Granier y Cáceres, no. Un desdoro, la verdad.

Pero se ha acabado, septiembre llega cargado de taperías nuevas, peluquerías flamantes y discotecas con otro aire. Hasta ahí, nada sobresaliente. Pero el Granier en la Cruz de los Caídos sí es el certificado definitivo de que septiembre es un mes milagroso, cuando Cáceres se convierte en 'Jolivú' con bollería.