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El himno oficial de Extremadura y sus parodias

LA proximidad del día de Extremadura me trae el recuerdo imborrable de aquel día, 21 de mayo de 1985, en el que el Pleno de la Asamblea de Extremadura aprobó la Ley de del Escudo, el Himno y el Día de Extremadura. Por la tarde se celebró, en el Teatro Romano de Mérida, un solemne acto de presentación de nuestros símbolos. Fue un acto memorable del que se hizo eco toda la prensa regional cuyos grandes titulares -«El himno hizo vibrar a todos», «Aclamación del Himno de Extremadura»- narraban la incontenible e intensa emoción que, bajo mi dirección, provocó la interpretación del Himno con la participación de las corales de Villanueva de la Serena, de Don Benito, de Jaraíz de la Vera y de Montijo a cuyas voces se unieron las de los miles de asistentes al acto que abarrotaban las gradas del Teatro Romano.

En los últimos años, al final del acto institucional del día 7 de septiembre, la interpretación del himno se ha venido encomendando a un/a solista acompañado/a de un instrumentista o un grupo de instrumentistas, de cuya profesionalidad en el estilo que les son propio, nadie duda, pero que, en algunos casos, nos han ofrecido versiones muy poco respetuosas, cuando no espurias, en las que la integridad del Himno y su carga de simbolismo han quedado, tanto en lo que afecta a la melodía como a la armonía o acompañamiento, muy lejos de reflejar «el sentido de la letra» al que hace referencia el párrafo séptimo de la exposición de motivos de la citada Ley. En la mayoría de estas versiones se hace caso omiso del artículo 11 del Título II de la Ley del Escudo, Himno y Día de Extremadura que dice taxativamente: «Queda prohibida la utilización del Himno en actos, formas o versiones que menoscaben su alta significación».

Esta «alta significación» ha sido menoscabada con creces, y permitidas o propiciadas, a veces, por los que, al margen de las normas que rigen la utilización del himno, tenían la estricta obligación de proteger su integridad. Todavía no está suficientemente aclarado el intento de propiciar un nuevo himno de Extremadura claramente transgresor de lo que significó el acuerdo institucional que lo originó y que, para mayor gravedad, conllevaba el pago de una altísima cantidad económica a costa de todos los extremeños.

¿Cabe imaginar que alguien cambiara o borrara algunos de los cuarteles del escudo o los colores de la bandera? Pues esto es, más o menos, lo que se ha venido haciendo, en algunos casos, con la música del himno.

Junto a algunas versiones del himno de indudable interés por su originalidad, por su creatividad y por la calidad de los intérpretes (todas ellas, sin duda, fuera del contexto y del momento en el que se interpretaron), hubo otras cuyas interpretaciones fueron meras parodia.

Es lógico y plausible que, en base a alguno de los motivos del himno, o a su totalidad, se hagan versiones, variaciones o glosas siempre y cuando se respete la verdadera identidad del mismo. En la historia de la música, clásica o no, es frecuente realizar versiones libres basándose en motivos populares o de otros compositores (son famosas y de excelente factura las variaciones para piano u orquesta de J. Brahms sobre un tema de Haydn, o las de Rajmáninov sobre un tema de Paganini), pero considero un despropósito que, bajo el título de Himno Oficial de Extremadura, se realicen versiones que desfiguren en su totalidad su melodía hasta el punto de hacerla totalmente irreconocible.

El himno de Extremadura no fue escrito para el lucimiento personal de un cantante o de un minúsculo grupo de cantantes acompañados de uno o varios instrumentos, sino para ser cantado al unísono por el pueblo dándole así a este la oportunidad de participar activamente en uno de los actos más solemnes y emblemáticos de cuantos se celebran, a lo largo del año, en nuestra Comunidad Autónoma.

El himno cantado por el pueblo tiene la virtud de despertar un mayor sentimiento de unidad y de identidad colectiva por encima de diferencias ideológicas y, con toda su carga emocional, contribuye a la solidaridad de todos los extremeños. Cantar es, a menudo, la expresión de una voluntad colectiva y, en el caso que nos ocupa, de la voluntad del pueblo extremeño unido para la construcción de esa tan ansiada sociedad libre, justa y solidaria por la que todos luchamos.

A la vista de todo lo dicho queda claro que en los últimos años ha habido un lamentable quebrantamiento, en lo que al himno se refiere, del Título II de la Ley del Escudo, Himno y Día de Extremadura, en el que se declara la obligación de protegerlo «de idéntica forma que los demás símbolos del Estado».

La composición de la música del himno me fue encomendada, en el año 1985, por la Comisión creada 'ad hoc' por la Asamblea de Extremadura y contó, desde el primer momento, con la unanimidad de todos los grupos políticos. Y fue esa unanimidad la que determinó mi decisión de componer la música de nuestro himno. Sin esa unanimidad jamás la hubiera escrito por considerar que el himno solo representaría a una parte de nuestro pueblo y no a la totalidad del mismo. Cuando la mesa de la Asamblea de Extremadura me convocó para conocer mis honorarios por la composición de la música, mi respuesta fue inmediata: «los honores no se cobran, se agradecen». Consideré entonces, y lo sigo considerando ahora, que el hecho de haberme sido encomendada la comprometida misión de componer la música del Himno Oficial de muestra Comunidad Autónoma, era ya en sí suficiente recompensa.

Espero y deseo que el solemne acto institucional del día 7 de septiembre recupere el empaque y la solemnidad perdidos en los últimos años y que el Himno Oficial, nuestro himno, vuelva a ser interpretado, en su versión original, por el pueblo para el que fue creado y con el que se ha venido sintiendo plenamente identificado.