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«A los extremeños nos falta sentirnos orgullosos de serlo»

Reyes Abades, con las nueve estatuillas de los Goya ganadas, en su domicilio. :: hoy
Reyes Abades, con las nueve estatuillas de los Goya ganadas, en su domicilio. :: hoy
  • Salió a los 13 años de Castilblanco y a los 67, trabajando todavía, representa el éxito de un «privilegiado por cómo se me trata en mi región»

  • Reyes Abades Encargado del discurso ciudadano en el acto del Día de Extremadura

Coge el teléfono en su empresa, en Torrejón de Ardoz (Madrid), y enseguida habla a corazón abierto sobre Extremadura. De lo que vivió de niño y de lo que ve ahora. Gratitud y cariño hacia una tierra hacia la que se siente correspondido. La última distinción para Reyes Abades Tejedor (Valdecaballeros, 25 de julio de 1949), referente del cine español en los efectos especiales, es ser la voz del pueblo extremeño a través de un discurso en el acto de entrega de medallas de la región. Abades ha trabajado en más de 400 películas y es ganador de 9 premios Goya tras 38 nominaciones.

¿Cuándo se enteró que era el elegido para el discurso ciudadano en el Teatro Romano?

La semana pasada. Me llamaron, me lo comunicaron y acepté. Bien es cierto que hace un mes o así me llamó el presidente pero el pillo no me dijo nada. Solo me preguntó cómo estaba y poco más.

¿Le han explicado qué es eso del discurso ciudadano?

No. A ver... (segundos de silencio). Sé que es la segunda vez que se hace y que el año pasado lo pronunció una socióloga, María de los Ángeles Durán. He leído su discurso. Sé que puedo decir lo que considere, que tengo libertad para expresarme, que no hay un guion o mandato. Se trata de poner voz al pueblo extremeño. Si acierto es cosa mía; si meto la pata la meto yo.

¿De qué va a hablar?

Tengo 67 años y voy a hacer una reflexión de lo que fuimos y somos los extremeños. Tuve unos inicios, una infancia muy dura en Extremadura, como le pasó a un millón de extremeños que tuvieron que salir. Extremadura ha mejorado, claro, pero como lo ha hecho toda España y quizás sea la región que menos lo ha hecho. Hemos sido muy luchadores durante años y ahora hay unas generaciones que se han quedado un poco más estancadas, más acomodadas. No sé. Es muy complejo hacer una balance de lo que es Extremadura sin estar permanentemente en ella, aunque voy a mi pueblo bastante y tengo casa ahí. Evidentemente no conoces al detalle todo sobre la región como los que vivís en ella pero te da para una idea.

Su vida es la de muchos extremeños. Otra cosa es su final, el éxito empresarial que ha alcanzado.

Emigramos toda la familia, mis padres y mis hermanas, en 1962. Tenía 13 años. Con 15 años me fui a Francia. Me echaron de allí. Me fui a Luxemburgo. A los tres meses también me echaron de allí. Después a Bélgica. Y a los 16 me quedé solo en Madrid porque mis padres volvieron a Castilblanco. Mi historia es la de un típico emigrante extremeño.

En cuanto a infraestructura, la Extremadura de ahora es muy diferente a la que dejó pero el obstáculo principal ¿sigue siendo la falta de oportunidades laborales?

No sé por qué razón no hay casi industria. Así como todas las comunidades tienen algunas industrias grandes, Extremadura no las tiene. No hemos sabido vendernos, convencer a las grandes empresas..., no sé. Es verdad ese dicho de que Extremadura sigue siendo la gran desconocida, incluso por muchos extremeños. Y eso que tenemos potencial aquí. Veo también que nunca o casi nunca pregonamos de dónde somos. Tenemos una timidez que...

¿Nos falta ser orgullosos en el buen sentido de la palabra?

Sí. Nos falta ser muy orgullosos, sentirnos orgullosos. Nos falta decir ¡somos extremeños! Yo en el cine soy conocido como el extremeño. Voy a un rodaje, por ejemplo, a Colombia y me dicen que mi empresa es de Madrid pero digo que la empresa está afincada en Madrid pero soy extremeño. Hablas con gente y te dice, 'pues yo también soy de Extremadura', ¡Coño, pues dilo!, respondo yo. ¡Dilo con orgullo!.

Es Hijo Predilecto de su pueblo. Medalla de Extremadura, Extremeño de HOY, ¿se siente reconocido?

Desde luego. Soy un privilegiado por cómo se me trata. Lo he dicho otras veces. Hay mucha gente más importante que yo en Extremadura y a lo mejor no se le ha reconocido el trabajo como a mí. Soy un extremeño que nací aquí, que lo pasé muy mal, que tuve que emigrar y que me ha costado salir adelante y estoy en la brecha. Yo a Extremadura no tengo nada que reprocharle. He sido tratado en Extremadura como no podía imaginarme.

Ahora vuelve al Teatro Romano pero no a trabajar como otras veces. ¿Tiene miedo escénico?

Tengo un problema bastante serio. En Mérida tengo que hablar de mi familia, de gente muy querida. Y eso a mí me emociona, me embarga y me hace convertirme en un niño. Soy de una familia muy humilde, solo pisé el colegio entre los seis y los ocho años y llegar a esto y estar ahí arriba, considerando que hay muchas más personas preparadas que yo, te hace sentir pequeño. ¿Quién soy yo para representar al pueblo extremeño?, me pregunto.

Sigue trabajando a sus 67 años. ¿No piensa en la jubilación?

Me encuentro muy bien. Hago algo que me encanta. Disfruto con ello. Me siento vivo. Mis hijos están en la empresa (dos de los cuatro que tiene). Me necesitan. Y hago un trabajo que tampoco tiene un gran desgaste y en muchos días me toca hacer trabajos que no he hecho nunca. Estoy motivado para continuar.