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Informáticos trabajando en una empresa extremeña. :: hoy
Informáticos trabajando en una empresa extremeña. :: hoy

La culpa es del informático

  • El nuevo chivo expiatorio es el responsable de todos los males

Se les critica en Agricultura, en Hacienda y en Educación, en los hospitales, en los gimnasios y en los centros de empleo. Son los nuevos culpables, la causa de todos los males, la cabeza de turco y el pim pam pum de todas las desesperaciones. Son ellos, los más malos, los peores, los responsables de cualquier desaguisado. ¡Los informáticos!

Páginas en construcción, programas que no funcionan, la PAC que no entra, Rayuela que no carga, el editor que se bloquea. «¡Informático! ¿Dónde co. está el informático de los co..?».

Como nosotros nunca podemos ser responsables de nada, aprendemos desde niños a buscarnos un chivo expiatorio. Esa búsqueda del culpable es deporte nacional. Hasta ahora, las culpas se repartían con arbitrariedad y eso nos ponía en franco peligro: en cualquier momento nos podía tocar a nosotros. Desde hace un tiempo, respiramos tranquilos: pase lo que pase, la culpa es del 'joío' informático.

Ellos, los pobres, son como todos: más o menos eficaces, más o menos trabajadores, más o menos de todo. Pero eso da lo mismo. El software y el hardware se estropean y, faltaría más, nunca es culpa de nuestra impericia. Así que ya saben, ¡a por el informático!

Tampoco los defiendo a ciegas, no vayan a creer, ni pienso que no tengan a veces alguna culpa, pero de ahí a que quemaran Roma y mataran a Manolete pues como que no. Hay, de todos modos, algunos casos sangrantes. Por ejemplo, el caso de la PAC agrícola, cuyo programa este año es una locura y tiene a los técnicos que llevan la burocracia de los nervios y con la sensación de ser los conejillos de Indias del informático. Es como si hubieran hecho el programa de aquella manera y pretendieran que quienes rellenan los impresos de solicitud de la Política Agraria Comunitaria en bancos y organizaciones agrarias sufrieran los fallos y guiaran a los informáticos en la búsqueda de soluciones. Es decir, los informáticos diseñan un esbozo de programa para solicitar las ayudas agrícolas y los agricultores y sus asesores lo prueban y ayudan a mejorarlo. De tal manera que, cuando ya se acaba el plazo para solicitar la PAC, el programa empieza a funcionar perfectamente.

Visto así, la informática sería como la vida misma: solo llegas a ser sabio y a controlar los programas al final, cuando se acaba la existencia y se acaba la PAC, cuando llega la muerte y termina el plazo para la solicitud.

Otro caso que hace daño al gremio es un personaje más frecuente de lo deseable. Me refiero al informático 'sobrao'. Se trata de ese profesional que te explica los programas y los procedimientos dando por entendido que te lo sabes todo, obviando pasos y detalles y hablándote como si fueras ingeniero de sistemas, cuando resulta que si has recurrido a él es porque estás pez en el tema.

Por si algo faltara para que el informático se instalara definitivamente en el ojo del huracán, ha estallado la moda de las redes sociales y no hay institución, entidad ni tapería que no quiere tener su Facebook, su Twitter, su Periscope y su Telegram muy al día, muy activos, con muchos seguidores y «bien posicionados». De eso se encarga el informático. Pero claro, ese tema es muy líquido, muy poco lógico.

En las redes, el informático ha de hacer equilibrios muy complicados para no herir sensibilidades y equilibrar egos, para ser creativo sin transgredir protocolos, para conseguir me gustas, compartos y retuiteos sin molestar, pero sin ser ñoño. Es decir, la cuadratura del círculo, una tarea imposible que si no se lleva a cabo provocará que todos lo señalen con indignación y desprecio: «La culpa es del informático».