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Páginas de sangre hurdana

Uno de los paneles de la muestra, que ocupa la sala de exposiciones del Centro de Documentación de Las Hurdes, en Pinofranqueado. :: a. s.
Uno de los paneles de la muestra, que ocupa la sala de exposiciones del Centro de Documentación de Las Hurdes, en Pinofranqueado. :: a. s.
  • La comarca rescata una parte esencial de su pasado al digitalizar los 52 números de la revista ilustrada que dio a conocer la miseria de la zona entre la élite del país

Año uno, número uno, página tres, párrafo primero. «Ya está trazado. Cultura y civilización para los cuarenta y dos caseríos hurdanos, sumidos en la soledad de la montaña y en la más triste soledad de la pobreza y la deshonra». En 1904, cuando salió a la calle el número inaugural de Las Hurdes, revista mensual ilustrada, faltaban nueve años para que Miguel de Unamuno visitara la comarca; 18 para que la recorriera el rey Alfonso XIII acompañado por el doctor Gregorio Marañón; 23 para que el hispanista francés Maurice Legendre la retratara en su obra 'Las Hurdes, geografía humana'; y 29 para que Luis Buñuel grabara su polémico documental 'Tierra sin pan'.

El lunes 22 de febrero de 1904, con una portada mucho más simple que la que sus ideólogos tenían en mente, salió de la imprenta de Calatrava (Salamanca) el primer ejemplar de una revista pionera. Tenía formato A5 doblado, contaba con entre 26 y 30 páginas incluidas las de publicidad, estaba encuadernada en rústica y sus hojas de papel barato iban unidas por una grapa sencilla. Solo se publicó un número en papel cuché: el ocho, dedicado al rey Alfonso XIII. La suscripción costaba 3,25 pesetas en España -excepto en Salamanca, donde se ahorraban los 25 céntimos del corresponsal- y cuatro francos en el extranjero. El número suelto salía por 25 céntimos. Se publicó cada mes hasta mayo de 1908, siempre bajo un mandamiento que su redactor jefe, José Polo Benito -clérigo y escritor, deán de las catedrales de Plasencia y Toledo- expresaba de forma cristalina en aquel primer número: «para que sean conocidas en la nación -escribió-, las perentorias necesidades de mis pobres hurdanos y sean atendidas».

Casi todos estos detalles se conocen ahora gracias al Centro de Documentación de Las Hurdes. Está en Pinofranqueado, y junto a su entrada, una placa de granito sobre la pared de pizarra recuerda que el 14 de abril de 1988 lo visitaron Sus Majestades Los Reyes -alguien con letra adolescente ha escrito con rotulador negro la palabra 'Magos'- Don Juan Carlos y Doña Sofía. A dos pasos está la puerta, y a cinco, la sala de exposiciones. Desde hace unos días la ocupan los paneles de 'Páginas de sangre', la muestra que ha mantenido ocupado durante más de un año a José Pedro Domínguez, el director del Centro.

Su espacio de trabajo desmiente que la asociación, en una misma frase, de las palabras director y despacho equivalga siempre a algo más o menos cercano al lujo. José Pedro Domínguez, licenciado en Documentación, se gira en su silla con ruedas y sujeta con las dos manos, casi acaricia, un ejemplar original de la revista que protagoniza la exposición. «La encontré -cuenta- por Internet, en una librería digital, en cuanto la vi le di al botón de comprar». Le quita el fino papel marrón que la protege y la maneja como si fuera un tesoro. De hecho, es un tesoro. Su tesoro, cuanto menos. «Esta exposición abre una nueva época para el Centro -resume el director-, supone subir un escalón».

No ha habido inauguración oficial, ni la habrá. No hace falta. Los paneles informativos, las reproducciones fotográficas, el vídeo, los folletos... Todo está ya en su sitio, a la espera de ojos curiosos que quieran acercarse a una publicación sorprendente por el hecho mismo de existir en esa época y en este lugar. Impropia y también histórica, porque quizás, sin ella no se explican algunas de las visitas famosas de las décadas siguientes.

Altos cargos

Las Hurdes revista mensual ilustrada dejó de llegar a las casas y los despachos de las élites españolas de la época un mes antes de que se celebrara el Congreso Nacional Hurdanófilo, en junio de 1908 en Plasencia. A la cita «acudieron altos cargos del gabinete que presidía entonces Antonio Maura, los obispos de Plasencia y Salamanca, además de seiscientos congresistas y destacados políticos», detalla en el folleto de la exposición Antonio Franco, director del Meiac (Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo) de Badajoz, donde la exposición estará a partir de febrero. El Congreso Hurdanófilo, añade Franco, «tuvo una amplia repercusión en la prensa de la época y sirvió para revelar a la opinión pública la intolerable realidad de una parte de la nación cuyos habitantes vivían ignorados por todos y golpeados por la miseria y el atraso».

Esa cita de eruditos fue rebautizada como 'El Congreso de la Caridad', y el hecho mismo de su organización, puso de manifiesto dos realidades: que Las Hurdes ya no era un problema cacereño o extremeño sino nacional, y que la publicación había cumplido su objetivo. La prueba es que tras aquel encuentro de expertos, «Las Hurdes -concluye Antonio Franco- pasó a discutirse con frecuencia (tanto en las Cortes como en los medios de comunicación) para identificar uno de esos asuntos que por su extrema gravedad acabaron poniendo en causa no sólo la capacidad operativa del régimen alfonsino, sino la propia legitimidad del sistema en los años críticos de la Restauración».

Todo este contexto lo conoce bien Luciano Fernández, que en 1979, nada más acabar la carrera de Historia en la Universidad de Extremadura, se integró en un equipo de recién licenciados dirigido por el antropólogo y sociólogo italiano Mauricio Catani (fallecido hace una década). «Empezamos a viajar por Las Hurdes, donde no había archivos», evoca Fernández. «Recuerdo -continúa- que en Pinofranqueado, en una casa de la calle Cantarranas que había sido cárcel, encontramos decenas y decenas de legajos totalmente desordenados».

Esa labor de recuperación de documentos que inició entonces le acabaría permitiendo hacerse con fotocopias de cada uno de los números de Las Hurdes revista mensual ilustrada. Una colección que él guarda en su casa y de la que también se han servido en el Centro de Documentación de la comarca. «La revista -resume el historiador- es una fuente de información impresionante, en ella escribían muchos eruditos, la mayoría eclesiásticos». Algo lógico teniendo en cuenta un detalle crucial: quien la concibió y la puso en marcha fue la Sociedad Protectora Esperanza de las Hurdes, colectivo nacido en el año 1903 por iniciativa de las diócesis de Plasencia, Coria y Salamanca. Entre sus impulsores figuran Francisco Jarrín y Moro (fue obispo de Plasencia), José Polo Benito, Tomás Gómez (secretario de Caminomorisco), Rafael Durán (diputado a Cortes por Hoyos, en Gata), Ángel Pulido (médico y profesor en la Universidad de Salamanca), Manuel Castillo (director del Instituto de Cáceres), Julián Mancebo (párroco de Las Mestas) y el poeta José María Gabriel y Galán.

Benefactor

Utilizaron su influencia para buscar un benefactor, alguien que pusiera sobre la mesa el dinero necesario para publicar la revista. Y lo encontraron en Jacinto Orelana, Marqués de Albaida. Su aportación permitió que la publicación naciera con una red de corresponsales que llega a 29 municipios. Nueva estaban en la provincia de Cáceres (la capital, Plasencia, Hervás, Hoyos, Valencia de Alcántara, Villanueva de la Sierra, Coria, Montánchez y Trujillo), otras nueve en Badajoz (la capital, Mérida, Almendralejo, Fuente de Cantos, Herrera del Duque, Jerez de los Caballeros, Olivenza, Villanueva de la Serena y Zafra), ocho salmantinas (Salamanca, La Alberca, Ciudad Rodrigo, Peñaranda de Bracamonte, Béjar, Alba de Tormes, Sequeros, Ledesma y Vitigudino), Zamora y Madrid.

Entre los fines que se marcó de inicio la Sociedad estuvo, según explica Antonio Franco en su texto para la exposición, «desmentir las fábulas y patrañas con las que a menudo se ofendía a la desdichada región y la prioritaria necesidad de dotar al territorio de iglesias escuelas y caminos que procurasen el mejoramiento moral y material de la mísera comarca». Iglesias, escuelas y caminos. Ese era el lema, el eslogan, el leitmotiv que aparece a lo largo de la historia de la revista.

«Hay que ponerse -plantea Luciano Fernández- en el contexto: que en esa época, en España, en Extremadura, una comarca diera nombre a una publicación periódica es todo un acontecimiento periodístico, antropológico, cultural, histórico...». Él menciona otra palabra clave para entender la existencia de la publicación y su finalidad: regeneracionismo. Y otro concepto crucial: la doctrina social de la Iglesia. Doce años antes del nacimiento de la Sociedad Esperanza, el Papa Juan XXIII había firmado la famosa encíclica Rerum Novarum, que pone el acento en la doctrina social de la Iglesia, que conmina a los eclesiásticos a fijar su mirada en quienes más padecen.

«La revista -incide Fernández- es un instrumento de la Sociedad Esperanza, una herramienta poderosa, con una motivación profundamente religiosa, que incluía textos de denuncia, concebidos para llamar la atención de los gobernantes de la época». Y no solo las palabras. También las imágenes. Cada número contenía entre cuatro y cinco grabados fotográficos. En total, más de 230, y todos están digitalizados. «El contenido iconográfico es fundamental en la exposición», aprecia José Pedro Domínguez, que profundiza en el asunto y precisa que las dos firmas más repetidas en los pies de foto son las de Roberto Braun (historiador e hispanófilo francés) y el salmantino Venancio Gombau. También hay imágenes tomadas por las hermanas Germaine y Anna Sée, que colaboraron con otras publicaciones, entre ellas la prestigiosa 'Le Monde Illustré'.

Todo ese material estará al alcance de cualquiera. «Crearemos una web en la que se podrán consultar todos los números de la revista», anticipa el director del Centro de Documentación de Las Hurdes, que en el proceso de recopilación de todo el material ha estado en trámites con algunas de las sedes culturales más prestigiosas de España, donde guardan los ejemplares originales de la publicación. Hay treinta en la hemeroteca municipal de Madrid, seis en la Biblioteca Nacional de España (en Alcalá de Henares), cuatro los tiene la Diputación Provincial de Cáceres, y los hay también en la Biblioteca Pública del Estado Rodríguez Moñino/María Brey (en Cáceres), en la Biblioteca Tomás Navarro Tomás (CSIC), en la casa de cultura Ignacio de Aldecoa de la Diputación Foral de Navarra...

«Faltan por localizar tres originales, los de los números 21, 31 y 42, de los que solo tenemos fotocopias», detalla Domínguez, que remarca el agradecimiento a Adic-Hurdes, el grupo de acción local que financia la exposición. También a la Fundación Caja Badajoz, que expondrá la muestra en sus salas, repartidas por toda la comunidad autónoma. Igualmente, la iniciativa llegará a las distintas casas de cultura de la mancomunidad de Las Hurdes, «una de las comarcas de mayor producción literaria de España», asegura Luciano Fernández, para quien la exposición es «muy valiosa».

Entre sus paneles, expuestos ahora en Pinofranqueado, uno muestra las tres portadas que la revista tuvo a lo largo de sus cuatro años de vida. La primera, con una orla de lo más sencillo, solo se publicó en el número uno. En aquel ejemplar inaugural del 22 de febrero de 1904, en ese artículo de la página tres que firmaba la redacción, se definía a la comarca como «una mancha que afea el mapa civilizado de nuestra patria». 112 años después, aquel contexto, aquellas Hurdes, son una exposición. O sea, algo concebido no para ser ocultado, sino para ser visto por cuanta más gente mejor. Y organizado por aquellos que cuidan de la memoria colectiva del lugar. Quizás ya ha pasado por ella algún turista.