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Michel Cerdan, en la iglesia de Santiago de Cáceres. :: Armando
Michel Cerdan, en la iglesia de Santiago de Cáceres. :: Armando

Michel, el peregrino cangrejo

  • Un ejecutivo de Le Monde y Marsella 2013 recorre la Vía de la Plata

Michel Cerdan (Orán, 1958) es un peregrino muy raro: hace el Camino de Santiago hacia atrás. Salió de Compostela y va descendiendo por la Vía de la Plata en busca de Andalucía. Aunque quienes lo deben de catalogar como loco de remate son los funcionarios de correos de los pueblos del Camino. Michel entra en las oficinas postales y envía paquetes de piedras a París.

Cuando conoces su curriculum vitae, te sientes aún más extrañado: es licenciado por la prestigiosa HEC parisina (Escuela de Altos Estudios de Comercio) y ha sido director de comunicación de los periódicos Libération y Le Monde, de la cadena TV5 Monde, ha trabajado en Canal Plus France y su último empleo, entre 2009 y 2013, ha sido el de director de comunicación de Marsella-Provenza, Capital Cultural Europea 2013.

A medida que Michel desciende desde Santiago, los peregrinos le preguntan sorprendidos lo mismo que le pregunté yo la semana pasada en Cáceres: ¿Por qué hace el Camino al revés, por qué envía piedras a París, por qué ha dejado su trabajo de alto ejecutivo por este peregrinaje de dos meses?

Para entenderlo todo, debemos remontarnos al año 1680, cuando dos hermanos franceses del pueblo de Albepierre, en el departamento de Cantal del Massif Central, vinieron a la sierra de Granada a vender burros. Llegaron al pueblo de Güejar Sierra, se casaron con dos nativas, se establecieron allí y sus descendientes permanecieron 200 años en la serranía granadina. Pero una hambruna los empujó a la emigración y acabaron yéndose a Orán (Argelia), donde acabaría naciendo Michel Cerdan.

«Mi familia y yo estamos marcados por la huida y la emigración: de Albepierre a Granada, de aquí a Orán y, en 1962, con la independencia argelina, fuimos los últimos 'pieds noirs', tuvimos que escapar con lo puesto para establecernos en Marsella, donde nos veían como explotadores, a pesar de que mis padres habían sido maestros implicados en la educación popular de los niños argelinos», relata.

Michel confiesa estar marcado por el éxodo. «Yo lo sufrí como lo sufrieron en España los judíos o los moriscos y en esa huida, nos íbamos dejando atrás tan solo piedras como únicos testigos de la historia», reflexiona.

Esas sensaciones se unieron al sugerente misterio del camino, que descubrió cuando dirigía la imagen de Marsella 2013. «Con un grupo de artistas caminantes, establecimos una red de senderos alrededor de Marsella. Con ellos, andando, empecé a reflexionar sobre el camino como proyecto artístico y cultural», cuenta.

Al acabar su trabajo en Marsella, empezó a dar forma a su proyecto. Se trataba de unir el arte, la memoria de las piedras, el camino y el éxodo y decidió hacer el Camino de Santiago al revés, siguiendo una de las posibles rutas que pudieron recorrer sus antepasados para venir con sus burros desde el centro de Francia hasta el sur de España.

«Caminar durante semanas, en soledad, te coloca en un estado mental de cansancio, de sensaciones primarias, casi animales, en contacto con la tierra y con las piedras», confiesa. Cada día, desde que salió de Compostela, Michel recoge piedras del Camino, las geolocaliza y fotografía, escribe un texto sobre algún encuentro, reflexión o mirada histórica relacionados con esas piedras y las envía a Le Motif, una editorial de París donde se exponen con sus textos.

«Están creando una biblioteca de piedras. Ya he enviado más de cien. Dentro de 25 etapas, tras pasar por Mérida y tomar allí el Camino Mozárabe hacia Córdoba y Granada, llegaré a Güejar Sierra. Llevo una piedra volcánica de Albepierre para entregársela al alcalde y hermanar ambas localidades», detalla su propósito.

Después, regresará a París, con su esposa y sus dos hijos. Allí completará el proyecto con la realización de un mapa del camino en un espacio cultural. Definitivamente, Michel Cerdan es un tipo muy raro: ha conseguido dar un sentido a su vida.