Hoy

Ser feliz en Plasencia

Café bar Plaza 30, situado donde antes estaba el Casino de Plasencia. :: andy solé
Café bar Plaza 30, situado donde antes estaba el Casino de Plasencia. :: andy solé
  • La nueva hostelería de la ciudad ayuda a escapar del agobio

Hace un par de sábados, fui a hacer un reportaje a Plasencia y encontré un rincón para añadir a la antología de mis lugares favoritos de Extremadura. Se trata de la plaza de Ansano, situada a un paso de la plaza Mayor. Allí están la panadería más interesante de Extremadura, La Tahona del Ambroz, con un surtido de panes tentador y delicioso, y la mejor librería café de la región, La Puerta de Tannhäuser, donde entras y parece que se detiene el tiempo y el espacio se diluye.

A ver, me explico, hay lugares a los que me gusta ir porque me evado y de inmediato se relativizan los problemas. Pueden ser el mar, un casco histórico, la dehesa o La Puerta de Tannhäuser, donde los libros están tan bien escogidos y tan bien colocados que te envuelven, te abducen y, sin leerlos, solo con verlos, tocarlos y hojearlos te calman y te invitan a sentarte, a abstraerte, a perderte y encontrarte.

Y a partir de ahí, en armonía, salgo de nuevo a la plaza y reparo en el encanto del hotel Palacio Carvajal Girón, con su atrio, su patio y su azotea... Plasencia tiene este verano el encanto de los bares con azotea: esta del hotel o la de El Ático, en Picos de Europa, 1, con unas vistas inesperadas desde su terraza en lo alto.

Pero volvamos a la plaza de Ansano porque dan a ella algunas de las mejores tiendas de vinos y productos extremeños que hay en la región. Y ya que estamos, aprovechemos para seguir paseando por Plasencia, sorprendiéndonos con las terrazas tranquilas de San Martín, San Esteban y San Nicolás, descubriendo que en la plaza Mayor han recuperado el antiguo Casino de Plasencia, inaugurado en 1906, cerrado al tiempo que llegaba la democracia y convertido hoy en Plaza 30, un café bar donde se puede comer o picar al tiempo que vuelves a perder la sensación del tiempo y el espacio, envuelto por el espíritu clásico del Círculo Placentino, respetado en la redecoración del local, que tras ser casino, había sido sede de oficinas y franquicias hasta volver a convertirse en centro de citas, cafés y aperitivos, eso que antes se llamaba alternar y que en la plaza Mayor de Plasencia se mantiene en espíritu y esencia. A tanto llega el atractivo de la nueva hostelería placentina que han conseguido convertir en punto de encuentro con encanto un espacio que en otras ciudades tiene su no sé qué de sordidez y repelús. Me refiero a su estación de autobuses, que debe de ser una de las pocas de España, para mí, la única con la de Pamplona, donde ir a tomar la caña, la copa o el desayuno resulta cosmopolita, sofisticado, moderno, chic, in, cool, glamuroso y todos esos adjetivos un poco tontos, es verdad, pero que suelen señalar los locales donde uno se siente bien y se divierte.

El caso es que todos los días del año y desde las siete de la mañana hasta la medianoche o la madrugada, la cafetería de la estación de autobuses ha conseguido quebrar los tópicos: donde antes todo era fealdad, angustia y gasóleo, ahora hay mojitos, palmeras y música.

Combinen estos lugares para olvidar el agobio con un paseo matutino y con la fresca hasta el Mirador de Sorolla, donde se pueden recuperar en vivo los apuntes que el ilustre pintor desarrolló en su cuadro El Mercado para la Hispanic Society de Nueva York. Déjense caer, al anochecer, por la plaza Mayor las noches del 3 de agosto, para escuchar a Dulce Pontes, Kepa Junquera, Ana Jiménez o Manantial Folk, y del 20 al 22 de agosto (plaza Mayor y Torre Lucía) para bailar con Mansaborá, La Musgaña, Noa, Aulaga o El Efecto Verdolaga y verán cómo colocan Plasencia en su antología particular de sitios donde es más fácil intentar ser feliz.