Hoy

La región gasta 24 millones al año en prevenir incendios y 14 en apagarlos

El 'bombardero' con base en Plasencia, en plena acción:: HOY
El 'bombardero' con base en Plasencia, en plena acción:: HOY
  • El gobierno regional mantuvo las inversiones para luchar contra el fuego en el monte en los años de la crisis

Extremadura gasta una media de 24 millones de euros cada año en prevenir incendios y 14 en apagarlos, según el estudio realizado por la Fundación Civio, a partir de los datos suministrados por los gobiernos autonómicos y el Ministerio.

más noticias

Esas cifras son la media del periodo 2005-2014, en el que las aportaciones anuales fueron variando en los dos capítulos a estudio. De toda la década analizada, el ejercicio con mayor presupuesto para prevención fue el de 2013, cuando se destinaron 30,4 millones de euros, según la investigación de Civio, que es una organización sin ánimo de lucro que desarrolla varios proyectos para aumentar la transparencia de las administraciones públicas. Uno de ellos es el portal web ‘España en llamas’, donde está el informe en el que Extremadura destaca, en primer lugar, por el hecho de aparecer, ya que solo cuatro comunidades autónomas facilitaron los datos que se les solicitaron. Las otras tres fueron Andalucía, Asturias y Murcia.

Esos 30,4 millones gastados en 2013 en intentar que el monte no arda contrastan con los 18,2 del ejercicio de 2005, el importe más bajo de la última década.

En el capítulo de la extinción, el arco en el que se mueven las partidas de cada ejercicio en la región es más pequeño, y en grandes líneas, se mueve entre los trece y los quince millones de euros por ejercicio. Los extremos los representan los 13,2 millones del año 2005 y los 15,4 de 2009.

En este sentido, hay que tener en cuenta que los gastos de extinción varían en función de cómo se ha desarrollado la campaña de riesgo alto de incendios forestales, que en la región se desarrolla habitualmente del 1 de junio al 15 de octubre. El número de salidas de los retenes o las horas de vuelo de los helicópteros son factores que varían cada verano y que influyen en la factura final. Para hacerse una idea, una hora de vuelo del Kamov –el helicóptero con mayor helibalde, o sea, el que más agua descarga en cada pasada por encima de las llamas– cuesta unos 3.000 euros, y la salida de una cuadrilla con un vehículo ligero durante una hora se acerca a los trescientos. Además, hay iniciativas que favorecen la prevención pero no aparecen en los presupuestos así tipificadas, como ocurre con los proyectos para fomentar el pastoreo.

La comparativa

Los datos que el trabajo de la Fundación Civio adjudican a Extremadura la sitúan en una escala similar a la de Aragón o Asturias, que en el año 2014 gastaron 11,4 y 12,7 millones de euros en extinción, respectivamente, frente a los 14,1 de la comunidad autónoma, que está muy por encima de las otras dos en presupuesto para prevención: 26,5 en el último ejercicio frente a 9,4 de Aragón y 8,5 de Asturias. Un factor a considerar es la extensión del territorio, que condiciona de manera considerable el gasto. Esto ayuda a explicar que Andalucía destinara el año pasado casi 101 millones a prevención y más de 77 a extinción.

El estudio de ‘España en llamas’ incluye también otra variable: el gasto medido en euros por hectárea de terreno forestal. En Extremadura fueron el año pasado 5,2, la cifra más baja de las cuatro regiones para las que hay datos. En Murcia fueron en el último ejercicio 6,7, en Asturias 16,2 y 17,3 en Andalucía.

El informe también permite advertir que la cantidad destinada a incendios forestales se mantuvo más o menos estable durante los años de la crisis. En materia de prevención, la comunidad autónoma se movió en el periodo que va del año 2007 al 2014 entre los 23 y los 27 millones de euros. Estos datos contrastan con los de otras regiones, donde las diferencias entre las partidas de 2008 y las de 2013 o 2014 son marcadas. Y contrastan también con la queja expresada por algunos sindicatos de que en los últimos años ha bajado casi a la mitad el número de bomberos forestales contratados para la campaña de riesgo alto.