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El camarero de La Plaza muestra un cochinillo asado. :: E.R.
El camarero de La Plaza muestra un cochinillo asado. :: E.R.

Cochinillo en Torrequemada

  • A los extremeños nos gusta comer de vez en cuando a la antigua

Hay pueblos en Extremadura donde uno tiene la sensación de comer de verdad, es decir, de zamparte un animal entero, en plan pantagruélico y medieval, un banquete de reyes, sin disimulos ni minimalismos. Será el recuerdo genético de la hambruna de la posguerra o el peso cultural de los chistes del hambriento Carpanta, pero lo cierto es que a los extremeños, de vez en cuando, nos ataca un ansia de hiperrealismo gastronómico, una necesidad de contundencia, de ver lo que comemos y que en el manjar no haya trampa ni cartón.

Una buena manera de compensar la cocina contenida de la gastronomía moderna es recurrir a la desmesura de los asados evidentes que sirven en restaurantes tan populares como el Donoso de La Haba o La Plaza de Torrequemada, unidos ambos por la ceremonia estimulante e irreplicable de que el camarero venga de la cocina con una bandeja en la que repose, asado y abierto, un cochinillo entero. «Ahora se va a comer usted este asado», es el mensaje y el comensal tiene la sensación de que allí no hay engaño posible: lo que comes es lo que ves.

Visitamos hoy el restaurante La Plaza de Torrequemada, situado a 15 minutos de Cáceres por la carretera de Miajadas. El pueblo es pequeño y el restaurante, haciendo honor a su nombre, está en una plaza, la de José Antonio, aunque es muy posible que se pierdan por el clásico laberinto de los pueblos extremeños. Pregunten y les indicarán. No hay pérdida.

El primer aviso es que conviene reservar en el 927205004. Si no lo hacen, corren dos peligros: que no haya sitio, sobre todo los fines de semana, o que no haya cochinillo pues asan más o menos los que les encargan. ¡Ah!, otro aviso: cierran en julio. El local es amplio y bien refrigerado, con mesas cómodas y espacio suficiente para comer sin agobios.

Antonio Morgado, el propietario, emigró de Torrequemada a Mallorca, donde aprendió el oficio en hoteles de categoría. Al regresar a la tierra, regentó bares en Cáceres antes de abrir, hace 18 años, este restaurante en la planta baja de una casona de Torrequemada. Acertó de pleno especializándose en cochinillo asado y cuatro años después acondicionó otro comedor en el primer piso de la casona.

Durante años, quien visitaba Torrequemada a la hora de comer se podía quedar de piedra al reparar en una imagen increíble: por las calles del pueblo pasaban de vez en cuando jóvenes cargando con una gran bandeja en la que relucía, dorado y crujiente, un cochinillo ibérico bien asado. Venían del horno de la panadería del pueblo, donde Antonio asó los cochinillos durante años hasta que montó dos hornos propios en una casa contigua a su restaurante. Hoy, los cochinillos asados no «vuelan» por las calles de Torrequemada, pero siguen reluciendo apetitosos en las bandejas.

Además de cochinillo (17.50 euros la ración), se puede encargar cabrito asado (16.50) o cordero asado (16). En la carta, ofrecen buenos entrantes de ibéricos (16-20), queso de oveja (15), sepia (14), calamares (12) o langostinos (16). Si no apetece un asado, se puede pedir solomillo (17), entrecot (16) o chuletón de ternera (19), chuletillas de cordero (14) o solomillo o secreto de cerdo (14).

Pero la estrella del restaurante es el cochinillo al horno, que llega a la mesa acompañado por una bandeja de rica ensalada y por otra bandeja de patatas panaderas en su punto. La piel de la peladilla, crujiente y sabrosa, es una delicia, la carne se deshace en la boca y las raciones son abundantes.

De postre suelen poner un surtido de flan, tarta de helado del tipo Comtessa, tarta de queso y tarta de manzana con montoncitos de nata. Invitan a un chupito de aguardiente de hierbas o blanco (dejan la botella sobre la mesa por si apetece repetir). Con la bebida, calculen 25 euros por persona. El camarero, hijo de Antonio, es muy profesional, lo explica todo y está siempre atento por si falta algo. Así que cuando acabas sientes que esta vez, sí, esta vez has comido de verdad.