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La dehesa de San Atón

  • Los 43 cerdos se han convertido en pocas horas en los monumentos más fotografiados de la ciudad

Los porqueros más sabios y veteranos distinguen a sus guarros a kilómetros. Les cuesta encontrar dos iguales en una misma piara. El altivo, el lento, el que anda sin levantar las pezuñas del suelo... Con la Iberian ocurre algo parecido. Entre los 43 que se plantaron ayer en la céntrica plaza de San Atón no hay dos parecidos.

En esta particular dehesa de cemento pasta Spiderham, Ferrucerdo, Trotamundo Pig, Love Story o Cubicerdo. Cada uno con su propia personalidad, ahora falta por ver las preferencias de los visitantes y quién acabará protagonizando más 'selfiecerdos' a lo largo de este mes en el centro de Badajoz.

Aunque la inauguración oficial fue a las diez, desde primera hora de la mañana se podía ver a escolares fotografiando a las esculturas en su camino al colegio. Por lo visto en las primeras horas, la Iberian se va a convertir en lo más retratado de este mes.

A la particular piara le dio ayer la bienvenida el alcalde en funciones de Badajoz, Francisco Javier Fragoso. Pocas ciudades pueden presumir de ejercer como segunda del mundo con más dehesa en su término municipal y Fragoso reivindicó el papel de Badajoz como hábitat natural del ibérico. Pero la relación entre la Iberian y Badajoz no se limita sólo al entorno, la gastronomía y el comercio tejen los otros dos resortes que sustentan este vínculo. Junio es un mes importante para Badajoz. Con el Contempopránea de este fin de semana y la próxima feria de San Juan a la vista, la exposición añade un atractivo para que el comercio gane visitantes en la época prerebajas. «Tener esto aquí nos permite cumplir con estos tres objetivos, reivindicarnos como capital mundial de la dehesa, potenciar la oferta gastronómica y dar atractivo al comercio del centro», recordó el alcalde.

Fragoso agradeció también a las empresas patrocinadoras de cada cochino su participación y aclaró que uno de los dos que ha patrocinado el Ayuntamiento, el que ha pintado la cantante Bebe, se sorteará para ayudar con la recaudación a Cáritas. El coordinador artístico de la Iberian, José Manuel Gamero Gil, dio las gracias por el derroche de imaginación a los artistas y su implicación desinteresada en el proyecto. «El cerdo ibérico y el arte extremeño forman ya una seña de identidad que podemos exportar al resto de España».

Autores que ahora trabajan en Londres, Belfast, Barcelona o Palencia se sumaron, lo que evidencia la variedad artística que nutre la exposición. Gamero alabó la maestría del escultor Luis Martínez Giraldo para moldear la figura que ha servido de lienzo para el resto. «Todo el mundo ve reflejado nuestra tierra en este cerdo tan real».

La gran valía de la exposición para el coordinador artístico reside precisamente en la pluralidad de estilos y la capacidad para aglutinar a todas las artes plásticas. Desde fotógrafos, grafiteros o tatuadores a diseñadores o ilustradores. «Estamos rodeados de personas en nuestra región que están desarrollando un proyecto y un estilo de vida que necesitamos. Una empresa necesita a un creativo para que le diseñe su logo, un particular necesita igualmente revestir de belleza su casa con obras de arte».

Didáctico

La Iberian no se limita a plantar en una plaza los 43 cochinos de fibra de vidrio decorados, esconde también un discurso muy didáctico. Cada figura lleva incorporada una placa con un código bidi y basta con acercar el móvil para ver el vídeo del autor explicando el cómo y el por qué de su creación.

Ramón de Arcos, por ejemplo, habló de la explosión de colorido que aporta la Iberian al público. «Unir propuestas tan distintas y variadas le da envergadura al proyecto». Pero en ese abanico de propuestas, entiende De Arcos, se mantiene como hilo conductor la dignificación del ibérico.

El montaje de San Atón sirve también para unir al mundo rural y al urbano, cada vez más lejanos, a juicio del pintor. «La complicidad entre el arte urbano, la gastronomía y la producción agraria siempre aporta resultados muy interesantes».

Su propuesta, un cerdo con la dehesa reflejada, nació de tres ideas complementarias hasta decantar por la más sencilla. Quería que bastara un golpe de vista en la calle para llamar la atención. «Se trata de que se entienda a primera vista, sin necesidad de tener que plantarte delante para interpretar lo que quieres decir». La dehesa y la naturaleza estaban presente en las tres ideas. Barajó desechar las encinas y fijarse en las aves que pasan por el campo a modo de huella, pero finalmente retomó la opción de convertir la escultura comprada por la Diputación de Badajoz en un encinar porque ofrece un mensaje más directo. «El verde como mensaje natural tiene mucha fuerza».

Si Ramón de Arcos se ha fijado en el campo y en el ecosistema propio del cerdo, Jorge Juan Espino ha recorrido el camino contrario y ha puesto al suyo en un contexto tan ajeno como el de un desguace. Con un guiño a su patrocinador, Desguace Bru, ha metalizado su escultura desguazándola por piezas.

Espino ha plasmado toda su creatividad sobre la escultura de Luis Martínez Giraldo con tonos metálicos. Le dio un tratamiento de hierro y la revistió con pintura para que pareciera remachado en metal. Ayer, con Ferrucerdo -el nombre que le ha dado a su escultura- en la plaza, muchos visitantes le preguntaban por el metal con el que lo había forrado. Espino no se cansó de explicar que todo era pintura.

Uno de los grandes alicientes de ayer fue precisamente la interacción entre público, patrocinadores y artistas. «Me parece una iniciativa fantástica, llama la atención, identifica bastante con Extremadura y mucha gente pone de su parte. El empresario pone el dinero, nosotros ponemos la imaginación, que no suele valer para mucho y es una manera de que valga para algo. En tiempos de crisis hay que tener imaginación».

  • Jornada sectorial de Iberian Pork Parade

  • Montaje de la Iberian Pork Parade

  • La dehesa de San Atón

    «Somos los mejores, pero...»

La imaginación a la que apela Espino fue ayer la palabra más repetida por los que se pasaban por San Francisco.

Ricardo Virgilio y su mujer, Teresa Pons, les pilló de sorpresa. De ruta por Extremadura, se llevan a Tarragona una colección de fotos de cerdos pintados en Badajoz. Incluso tienen su preferido. El marido prefiere a Spiderham, el cerdo superhéroe de Fermín Solís, aunque la señora es más del amoroso de Raimundo Silva, el nombre bajo el que se esconde el diseñador gráfico Afrancesado.

En su caso ha cubierto el guarro que ha comprado Centrowagen Audi de emoticonos. En una época en la que casi todos los sentimientos viajan vía Whatsapp o por las redes sociales y cada uno tiene ya su propio icono, la mejor declaración de amor al animal, la más sencilla, era partir de esta forma de expresión. «Mi musa ha sido mi sobrina María, que tiene 12 años. La mejor manera de acercarme a ella era a través de un lenguaje que usa casi todos los días. Con la premisa de hacer algo sencillo, claro, directo y con mucho color, surgió la idea de usar emoticonos».

Alberto Vagace

Algo más abstracto plantea Alberto Vagace, un diseñador que huye del término artista. Su primer trabajo lo firmó decorando el Rincón Nazarí del Casco Antiguo y ahora la Iberian les vuelve unir. Nazarí compró un guarro y pidió a Vagace que se encargara de ponerle color. Para la Iberian ha creado a Geocerdo, una abstracción geométrica que representa el despiece del animal a través de distintos polígonos rosados.

Para la cacereña Abigail Narváez, el ibérico desprende una espiral de energía y lo ha intentado plasmar en la escultura patrocinada por Mazda Motor Zurbarán envolviendo al animal en trazas de colores que van desde el hocico a las patas.

Otros de los más fotografiados en las primeras horas ante el público fue el cubicerdo de Marifé Díaz. Patrocinado por Badacolor, buscaba algo colorido y apostó por el cubismo en homenaje a Picasso, unas de sus referencias pictóricas.

Lo primero que hizo fue darle una base de masilla para suavizar los contornos. Después incorporó los rostros a las protuberancias propias del cerdo. «Todo tiene su razón de ser, cada cara está integrada en su volumen y si vas buscando, vas viendo diferentes formas». Una vez que tenía la idea y el dibujo claro, lo último fue pintar. «Quería incorporarle rostros humanos y de animales, darle color y un poco de movimiento. Hacerlo fue un poco divertido, porque la iniciativa me parece una idea divertida como para hacer algo triste».

El mismo carácter festivo quiso emplear Jesús Pizarro al patrocinado por Vista Sánchez Trancón Oftalmólogos. Su Trotamundo Pig está forrado de imágenes que han pasado por muros y vallas. Descubrió una pared forrada de carteles en Miajadas -su pueblo-, los recortó en tiras y los fue pegando de forma transversal en la escultura.